Entrevistas

Hablan los educadores. Espacio para compartir vivencias y opiniones

Edición N°29: El Acompañamiento Espiritual, desde la experiencia con los jóvenes

cesaracompaña2Entrevista con el P. César Muziotti, SJ
Coordinador Nacional de Vocaciones Jesuitas de Venezuela

El acompañamiento busca compartir los procesos de vida de las personas, los cuales van pasando por el “tamiz” de Dios. Es una invitación a descubrir la voz del espíritu y su invitación. Es en definitiva una experiencia de amor con Dios. En este espacio, se espera del acompañado platear una reelaboración de su vida: rehacer, reestructurar, sanar, liberar desde la luz de Dios

Es importante aclarar que San Ignacio no habla del acompañamiento ni del director de Ejercicios Espirituales EE.EE. Sólo habla del “que da los EE.EE. y el que los recibe” sólo hay dos personas: el creador y su criatura. Sin embargo, estos son términos que vienen mucho tiempo después como necesidad frente a la metodología de los EE.EE., a partir del aporte de las ciencias como la psicología y la pedagogía han aportado a la humanidad. En este sentido, el acompañamiento no es una dirección espiritual. El acompañamiento tampoco es una consulta psicológica o terapéutica. Sin duda pudiese ser necesaria para algunos momentos de vida. Importante tenerlo presente y remitirlos si es necesario.

El acompañamiento espiritual, según mi experiencia, se entiende:

Como un momento donde es importante dejar hablar. Dejar que la persona cuente, exprese su vida, sus situaciones. Y de parte del acompañante el saber escuchar. Saber ayudarle a interpretar lo hablado, desde Dios. Y confiar. Esperar a la toma de conciencia, por parte del acompañado, darle su tiempo. Se debe evitar abrir heridas; no categorizar a la persona; no minusvalorarla; evitar dar órdenes: “usted debería”; no interpretar la situación del otro.

El acompañamiento no es una relación de amistad. En este sentido es importante evitar la transferencia (relacionar la experiencia del acompañado con mi vida) o contratransferenia que se da desde el acompañado al acompañante. Como diría un buen amigo: “el acompañamiento es como el buen médico, busca sanar heridas profundas y hacer buenas cicatrices. Aunque duela el proceso” No es un trabajo de “bombero” o de colocar pañitos calientes.

El acompañamiento se vive desde la relación de Jesús con sus discípulos:

Jesús escucha (sabe escuchar) y no tiene todas las respuestas: es un acompañante.cesaracompañando

Jesús es personal. Es radial. Se dirige a cada uno, no es de masas. Tiene una relación distinta con cada uno: Pedro, Discípulos de Emaús, con cada situación fue particular.

Jesús también es comunitario. Relación con mis papás, con mis compañeros de trabajo, amigos…

Jesús es pedagogo.  Utiliza parábolas, acompañados de imágenes, símbolos que son familiares a las personas, a su contexto.

A través del acompañamiento, Jesús se quiere encontrar conmigo.

Desde lo ignaciano el acompañamiento espiritual, se interpreta desde:

Mociones del Mal Espíritu (ME) son afectos desordenados y se van guardando: miedos, relaciones fracturadas, accidentes… y se van dejando, no se van trabajando, hasta que es imposible contenerlos.

Mociones del Buen Espíritu (BE) Conscientes porque me hacen feliz recordarlos, cosas buenas.

Libertad: mi respuesta al descubrir la libertad.

Importante ayudar al acompañado a descubrir estas mociones en su vida. Todos las tenemos. Percibir de donde vienen y hacia donde me llevan. Y poder percibir la invitación que le hace Dios, buscando el amor mayor.

Para la entrevista de Acompañamiento

Se recomienda conversar la vida, sus situaciones. No confundir acompañamiento de EE.EE. con el acompañamiento espiritual personal.

Invitar al acompañado: ¿Qué se ve?, ¿qué ve la persona? ¿Cómo me siento con lo que veo?, ¿Qué nombre le pongo? ¿Hay otro modo de ver esa situación? Si no se ve, esperar a la toma de conciencia. ¿Qué hago con eso?

Pudiese ser una hora de encuentro, dependiendo de la conversa. Sistemático (por lo menos una vez al mes)

Frente a crisis transferir a especialistas.

Ser honesto frente a transferencias y contratransferencias

Fin del acompañamiento: cuando la persona comienza a sentir afectos ordenados y libertad con el amor mayor. Ordena la vida. Va pasando los grandes temores, miedos y ansiedades. Sentir consolación auténtica. Comienza a sentir el fin que tiene Dios en su vida: ser feliz

Es importante que el acompañante se forme, maneje herramientas y tenga la experiencia de dejarse acompañar. La actitud de acompañante es buscar que el acompañado se reapropie de la relación con Dios.

Edición N°28: El Papa Francisco y la Educación

HOMILÍA DEL CARDENAL BERGOGLIO EN LA MISA POR LA EDUCACIÓN

La primera lectura nos describía como era la vida de los primeros cristianos, y la pincelada del apóstol es muy sencilla: “la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma”, es decir, vivían en armonía. Las primeras comunidades cristianas habían comprendido que el mensaje de Jesús, vivido maduramente, los llevaba a una vida de armonía; y aunque había conflictos, los superaban para salvaguardar esta armonía. Cuando vi el texto antes de la misa me quedé pensando en este modo de vivir de aquellas primeras comunidades cristianas y la misa de hoy… Y pensé si nuestro trabajo educativo no tendría que ir por este camino de lograr la armonía: la armonía en todos los chicos y chicas que nos han confiado, la armonía interior, la de su personalidad. Es trabajando artesanalmente, imitando a Dios, `alfarereando´ la vida de esos chicos, como podremos  lograr la armonía. Y rescatarlos de las disonancias que son siempre oscuras; en cambio, la armonía es luminosa, clara, es la luz. La armonía de un corazón que crece y que nosotros acompañamos en este camino educativo es el que hay que lograr.

Una armonía que tiene dos puntos referenciales clave: se forma en la conjugación entre el límite y el horizonte; una educación solamente enfocada en un límite anula las personalidades, quita la libertad, apoca a la persona, no se puede educar a puro límite, a puro “no.. no se puede”, “no se puede”, “no se puede” o “hacelo así!”… No! Esto no deja crecer y, si crece, lo hace mal. Tampoco con una armonía que sea puro horizonte, puro disparo al futuro sin ningún punto de apoyo, eso no es armonía sino que es una educación que termina en la desorientación total del vale todo, en el relativismo existencial que es uno de los flagelos más grandes que están recibiendo los chicos como oferta. Muchas veces pienso, cuando veo este existencialismo tan relativo que se le propone a los chicos en todos lados y que no tiene punto de referencia, en nuestro profeta porteño:”Dale que va… todo es igual… total en el horno se vamo a encontrar” Entonces estos chicos, que no tienen una contención de límites y están disparados al futuro, están en el horno! Ahora! Y nos vamos a encontrar en el horno! Y en el futuro tendremos hombres y mujeres en el horno!

Las dos cosas: saber conducir a la armonía, saber alfarerear el corazón joven entre los límites y los horizontes… Un educador que sabe moverse entre estas dos puntas hace crecer, un educador que se mueve en la tensión entre estos dos puntos es un educador que hace madurar. Mas aún, moverse entre estas dos puntas es confiar en los chicos, saber que hay material humano grande! Solamente hay que incentivarlos! Y de esos somos testigos acá: ahí está el olivo plantado hace diez años después de una Carpa dela Paz, eso lo hicieron los chicos porque se los incentivó a trabajar por la paz! En el 2007 los mismos chicos trabajaron en el proyecto Ciudad Educativa que fue llevado ala Legislaturay fue aprobado… lo hicieron ellos! Son capaces de eso! Y ahora, en este trabajo de Escuela de Vecinos, con chicos de escuelas de gestión estatal y de gestión privada, todos juntos y de diferentes credos, todos juntos están mostrando la capacidad creativa que tienen nuestros chicos; y Buenos Aires está creando conciencia, nos están pidiendo el trabajo dela Escuelade Vecinos en otras localidades del país. Y menciono tres cosas nomás que hicieron nuestros chicos pero podría mencionar más! Y las hicieron porque fueron conducidos entre el límite y el horizonte. Este es nuestro desafío hoy: crear armonía entre el límite y el horizonte.

Estos chicos son los que van a recibir a nuestra generación. Y nos queda la pregunta sobre como van a estar cuando nos reciban a nosotros…Tendrán la suficiente armonía interior? Tendrán el suficiente basamento interior del límite y la suficiente esperanza en el horizonte para recibirnos como aquellos que los precedieron en la vida, que hicieron el camino de la sabiduría? O estarán en la pavada y nos dejarán en un geriátrico maloliente, más parecido a un volquete que a una casa de personas? Sabremos rescatar a esta juventud de la cultura del volquete que se está instalando? Y ahora que estamos tan sensibles, y está bien que así sea, de todo lo que sea colonización de nuestra soberanía, ¿Somos sensibles también de cualquier colonización exacerbada que aliena a nuestros de chicos de cualquier armonía y que después de usarlos los dejan tirados al borde del camino? ¿Somos sensibles a esta colonización conducida por las drogas, el alcohol, la falta de límites?

Estos chicos son los que nos recibirán a nosotros. Les vamos entregar la bandera: una pregunta, como la llevamos nosotros… ¿Bien alta? ¿Y ellos como serán capaces de recibirla? Serán hombres y mujeres que solamente tendrán mística de bandera a media asta y de ahí no suben? O serán hombres y mujeres preparados en armonía y con el horizonte certero que llevarán la bandera hasta lo más alto del mástil? Eso es lo que vamos a pedir hoy: La gracia de saber educar en la armonía. De saber amasar estos corazones jóvenes para que vivan en libertad, lejos de toda opción esclavizante, colonizante y que quita la libertad.

Cardenal Jorge M. Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Miércoles 18 de abril de 2012

 

Edición Nº27: Educación de calidad para todos

“Quien no tiene educación está condenado al fracaso”

Por: Yenny García Logaldo / Semanario Quinto Día: Edición 912 – 07/17/2014

Padre Luis Ugalde

 La reforma educativa abre nuevamente el debate. Mientras algunos académicos y ONG critican la metodología utilizada en la convocatoria de consulta hecha por el Ministro Héctor Rodríguez, el sector oficial defiende a capa y espada la adecuación de la enseñanza al modelo socialista

Al menos ocho propuestas en los últimos 15 años ha presentado el Gobierno bajo el argumento de mejorar el sistema educativo. Todas han generado polémica porque -dicen los detractores- se trata de establecer un proceso de ideologización que no lograría integrar a la sociedad y desvirtuaría el espíritu pedagógico.

La Resolución 259, el Decreto Presidencial 1.011, la llamada educación bolivariana, la consecuente Comunidad Educativa Bolivariana, el Currículo Nacional Bolivariano, la misma Ley Orgánica de Educación, además de la Colección Bicentenario y la Resolución 058, han sido objeto de desacuerdo entre quienes manifiestan abiertamente su temor porque la política partidista entre en los colegios y quienes defienden las reformas, bajo la premisa de mejorar la calidad de nuestra enseñanza.

Aunque muchas de las propuestas nunca se llegaron a concretar, otras sí se pusieron en práctica. Hoy se ha retomado la discusión y el Ministerio de Educación con Héctor Rodríguez a la cabeza, convocó una gran consulta nacional en abril de este año. Esta vez los dedos apuntan, sobre todo, al alcance de la Resolución 058 -que crea la figura de consejos educativos y regula la relación de la escuela con la comunidad- y hacia los libros de la llamada Colección Bicentenario.

Juntos pero no revueltos…

En la búsqueda de un punto de encuentro para diseñar un nuevo modelo de escuela que no se identifique con ningún color, sino enfocado en la calidad de lo que se imparte en los colegios, liceos y universidades, se organizaron recientemente dos eventos que se dieron cita en Caracas: el “Congreso Pedagógico Nacional realizado en Parque Central y liderado por La viceministra de Comunidades Educativas del Ministerio de Educación, Soraya El Achkar y el Encuentro Nacional por una Educación de Calidad, efectuado en la UCAB y organizado por la Conferencia Episcopal y esa casa de estudios. Quinto día asistió a los dos eventos para escuchar las diferentes voces y plasmar ambos puntos de vista. Por parte del Gobierno la discusión se basa en los lineamientos que lograrían adaptar la educación al modelo socialista, mientras que los críticos (reunidos en la Ucab) advirerten sobre los peligros de amoldar la enseñanza a lo establecido en el Plan de la Patria…

Según, la Constitución

Durante su ponencia titulada “Dignidad Humana y Educación: los sí y los no según la constitución”, El padre Luis Ugalde ex Rector de la UCAB asegura que para mejorar la calidad de la educación hay que erradicar el centralismo y dejar que sean los propios recintos de educación los que administren. “Urge una movilización nacional para llevar a la práctica el consenso fundamental ya establecido en la carta magna, sólo aplicando sus principios”, apunta el filósofo, explicando que hablar de calidad en la educación es muy fácil, es un tema de moda, pero -explica- si esto se convierte en retórica no habrán resultados.

¿En que se basa el fundamento de una educación de calidad?

Se trata de una verdadera revolución de la conciencia nacional sobre una educación de calidad y un acuerdo nacional base. Que la gente diga: yo para mis hijos quiero esta educación, independientemente de si está o no con el Gobierno. Hablar de un consenso nacional sería imposible sin acudir a la Constitución, ese es el fundamento. El acuerdo educativo está en la carta magna.

¿Cómo se lograría ese consenso?

Teniendo un abecedario donde podamos coincidir en un lenguaje común. Dando cumplimiento a lo establecido en los artículos referentes al derecho de los niños y jóvenes a una educación de calidad. Con un contenido curricular exigente, actualizado y abierto con la diversidad propia de una democracia. Una educación para la formación continua de por vida.

El padre Ugalde argumenta además que “la ciudadanía no llueve del cielo sino que se forma y se impulsa desde la familia y desde la escuela.” Al ser consultado sobre la fórmula para hacer esto realidad, el ex rector de la Ucab manifestó con ahínco que lo que hay que sembrar es gente productiva y esto no puede hacerse dictando en las escuelas y universidades un currículo cerrado para producir “fichas”… Deja claro que no está hablando del Gobierno, ni de la oposición, sino de la clave para formar desde la escuela los valores de un individuo. “Quien no tiene educación está condenado al fracaso, al desempleo y a la pobreza”, sentencia.

Ugalde hizo un llamado para que todos los sectores se incorporen al debate sin distingo de ideología. “Si los niños y jóvenes tienen derecho a una educación de calidad, alguien tiene la obligación de responder y esto debe hacerlo la familia, la sociedad y el Estado en alianza solidaria”, asegura.

Educación sin color…

Por su parte Nancy Hernández delegada de Fenasopadres, quien también participó en el Foro efectuado en la UCAB, denunció que desde hace más de ocho meses dirigieron una comunicación al Ministerio solicitando un gran debate sobre la reforma educativa. “En ese momento propusimos la creación de una comisión de altísimo nivel, con la participación de todos los sectores, gremios, padres y representantes y medios de comunicación públicos y privados, para definir un modelo de consulta confiable, hasta el momento no hemos recibido respuesta oportuna”, añadió.

¿En el marco de la consulta no se han reunido con el Ministro?

Sí, le preguntamos cuáles son los parámetros de la consulta, de dónde salen los recursos para hacerla y cómo se van a medir los resultados. La convocatoria del Gobierno sólo pretende validar una propuesta política que excluye a más de la mitad del país. En días pasados nos reunimos con Héctor Rodríguez durante un foro realizado en un diario de circulación nacional y allí señaló que como él era militante de un proceso revolucionario, el modelo que propone el Estado es socialista. En dos platos nos dijo que si nosotros queríamos un modelo distinto a ese, pues teníamos que ganar unas elecciones. Por lo tanto rechazamos estos parámetros porque simplemente los resultados están pre establecidos.

Leonardo Carvajal forma parte del Consejo

Quinto día también consultó a Leonardo Carvajal miembro de la ONG Asamblea de Educación. Reconoce que él participa en el Consejo Nacional por la Calidad de la Educación organizado por el Ministerio. Explica que atendió un llamado que le hicieron para dar su aporte. Sin embargo, aplaude que más allá de la planificación del Gobierno se organicen eventos para que todos los sectores expresen sus opiniones. “Es una forma de ponerse de acuerdo y luego entregar las conclusiones a quienes desde el Ministerio promueven el debate”, dice. Carvajal

¿Cómo está Venezuela en calidad educativa respecto a otras naciones de América Latina?

En la última evaluación comparativa en la que participamos que hizo el laboratorio Latinoamericano de evaluación de la calidad educativa con sede en chile, en 1997, quedamos en el puesto 11 entre 12 países. Fue la última vez que nos medimos porque desde que está este Gobierno no se hace. Con el argumento de la soberanía entonces Venezuela no se compara. Es un pretexto muy barato porque países como Cuba siguen incluyéndose en el estudio. Luego, el Ministerio de Educación hizo lo que se llamó el Sistema Nacional de Evaluación de los aprendizajes, en el 98, con una muestra de 100 mil estudiantes y publicó los resultados. Estábamos francamente mal. Tocaba hacerlo cada tres años, pero no volvieron a medirlo sino en 2003 y todavía estamos esperando que difundan la conclusión. Parece que para el Estado la información de cómo está la calidad de nuestra educación es un secreto militar.

 “En educación no se dicen mentiritas”…

Afirmó la Viceministra Soraya El Achkar durante su participación en el foro, donde además recibió las propuestas de los participantes. Manifestó su satisfacción porque más de 700 personas expresaran su opinión en torno a todos los temas. “Las conclusiones serán incorporadas a la discusión y a la mesa técnica del Ministerio. La discusión ha sido transparente. En materia de educación no pueden decirse mentiritas”, aseguró, al tiempo que informó la participación de más de 7 millones de personas en el debate.

¿Cuándo estarán listos los resultados de esta consulta?

Ahora empezará un ejercicio de canalización de toda la información con todos los equipos a nivel nacional, procesando la data, organizándola para ofrecerle al país el próximo 15 de septiembre los resultados de la consulta.

Pago de la matrícula

Sobre la publicación en Gaceta de la norma que incorpora a los padres en la elaboración del presupuesto y pago de matrícula en las escuelas, El Achkar dijo que quienes tienen a sus hijos en escuelas privadas acudirán masivamente a las asambleas para ejercer este derecho.

Son 10 los ejes temáticos de la consulta por la calidad de la educación convocada por el Gobierno: los objetivos y características de la educación básica, el perfil de los egresados, la integración y las áreas de aprendizaje, la organización y cultura escolar, así como las buenas prácticas educativas, el desempeño institucional, la supervisión y su vinculación con la comunidad y la familia. Según el ministro de educación Héctor Rodríguez estos puntos se desarrollan en 29 mil instituciones de del país.

Durante el Congreso Pedagógico Nacional realizado la semana pasada en Parque central, en Caracas, fueron expuestas más de 100 ponencias sobre la calidad de la educación. Profesores y académicos revolucionarios, así como alcaldes y algunos gobernadores discutieron temas históricos de Simón Bolívar y Simón Rodríguez y cómo se puede rescatar el discurso a partir del pensamiento de nuestros libertadores.

Soraya El Achkar aplaudió la participación masiva en los congresos municipales y estadales donde se le ha dado un sentido de amplitud al tema, recogiendo opiniones de profesionales de toda la geografía nacional. Cuantificó más de 335 debates locales que han presentado alrededor de 6 mil ponencias.

El tema central del Congreso Pedagógico realizado en la capital, fue la educación y el trabajo. El Achkar informó que autoridades de cada estado, dieron a conocer el plan de desarrollo local: “Sobre la base de esto los profesores y maestros discutieron de un tema tan importante como la relación existente entre todo el sistema educativo y el desarrollo regional”, aseveró la Viceministra.

 “Protesta de padres para fijar matricula es un logro de la comunidad”

Para la representante de la Red de Madres Padres y representantes Lila Vega es un logro importante la medida publicada esta semana en la Gaceta Oficial Nro. 40.452 que restituye a las comunidades educativas la posibilidad de participar en el establecimiento de la matrícula y cuotas de los planteles privados. Deja claro que fue gracias a la constancia de las organizaciones civiles la aprobación de la medida. La resolución prohíbe el pago de cuotas extras, fija el procedimiento para establecer el monto de la inscripción del nuevo año escolar en los colegios privados y restringe el cobro de cuotas, aportes, bonos, contribuciones. Esto es un derecho restituido después de nueve años de lucha.

¿Qué pasa con los padres que ya han cancelado 20 y hasta 30 mil Bs por la inscripción?

No había otra cosa que hacer, las escuelas ante el vacío administrativo, tenían que tomar una decisión, pero no pasa nada. Si se analiza el presupuesto con esta nueva estructura de costos, se elige a la comisión de la asamblea escolar para que la revise y si la reunión no se da hasta septiembre no hay problema. Lo que se haya pagado por encima de esta asamblea se descontará o servirá como un abono y si está por debajo, pues se completará. Lo importante es que ya es una norma, que los tiempos están abiertos y que se comenzará a trabajar en lo que hay que hacer.

¿Cómo está la calidad de la educación en el país?

Esa pregunta no tiene respuesta técnica porque el ministerio de educación no ha dado información. No ha hecho pruebas que permitan conocer cómo van las cosas en la calidad educativa. Ya no hay auditorías. Pero por lo que podemos ver con las cifras de deserción escolar, con el índice de embarazo en adolescentes y el alto grado de delincuencia e inseguridad es obvio que estamos mal y eso tiene que cambiar.

¿Qué queda por hacer ahora, el próximo objetivo?

Primero entender la norma y conocerla. Convocar reuniones de trabajo para discutirla y tratar de llegar en armonía a un acuerdo con la escuela sobre esta materia. Ahora tenemos que lograr que madres y padres de escuelas públicas tengan los mismos derechos y participen. Esa potestad la arrebató el Presidente Chávez en 1999 cuando prohibió terminantemente los aportes al sector oficial. Vamos hacia este objetivo y a la definitiva modificación de la resolución 058.

Cronología de una discordia educativa…

Resolución 259: Ciencias Sociales, año 2000. Planteó la modificación de los contenidos en los programas de Ciencias Sociales desde cuarto a sexto grado. Varias organizaciones rechazaron los cambios por considerar que alteraba hechos históricos y exaltaba en demasía la Figura del Presidente Hugo Chávez. Gracias a la presión ejercida por los ciudadanos hacia el entonces Ministro Héctor Navarro se derogó y la culpa recayó en funcionarios “fanáticos”.

Decreto 1.011: sobre los supervisores, año 2000. Proponía la puesta en marcha de los llamados “supervisores itinerantes nacionales”, que serían nombrados por el propio Ministerio de Educación. Nuevamente la sociedad civil alzó su voz de protesta fustigando la supuesta imposición en el nombramiento “a dedo” de las personas que cumplirían esta función. En aquel entonces se popularizó la consigna: “con mis hijos no te metas”. El proyecto de reforma quedó en el olvido y nunca se materializó.

Educación Bolivariana, año 2004: un proyecto educativo que estableció un nuevo modelo de escuela. Este programa impulsó los llamados Simoncitos y las escuelas y liceos Bolivarianos. Según un informe publicado por el Observatorio Educativo de Venezuela el modelo fracasó porque no existía una propuesta programática de estudio concreta.

Comunidad Bolivariana, año 2005. Proponía la incorporación de líderes comunitarios a la gestión de gerencia de la escuela. El debate duró años y nunca se aprobó como norma. En la actualidad existe una división dedicada al tema en el organigrama del Ministerio de Educación. El planteamiento de fondo es vincular directamente a la familia y a la comunidad, con los planteles

Currículo Bolivariano, año 2008. El texto definía a la educación bolivariana como un “proceso político y socializador”. Inmediatamente se armó la alharaca y las protestas y el descontento se hicieron escuchar en todo el país. Su rechazo fue oficializado en referendo consultivo y el Presidente Chávez dijo que no había apuro… La discusión del documento fue postergada.

Ley Orgánica de Educación, año 2009. En su momento, los críticos del instrumento jurídico aseguraban que favorecía el adoctrinamiento de estudiantes a favor de la filosofía del Gobierno. En aquella época también hubo protestas y hasta la iglesia católica cuestionó la prohibición de la educación religiosa en horario escolar. Sin embargo fue sancionada por mayoría en la Asamblea Nacional, el 14 de agosto de ese año.

Colección Bicentenario, año 2011. Son libros elaborados para las asignaturas de las diferentes etapas de educación inicial, primaria y media. Sus adversarios argumentan que los textos conforman un culto a la personalidad del Presidente Hugo Chávez, que están llenos de propaganda política y que alteran la historia. El Ministerio de Educación reconoció- sin extenderse en explicaciones- que efectivamente hay errores y que están en revisión.

Resolución 058: Consejos Educativos, año 2012. Replantea los preceptos del decreto 1011 y de la Comunidad Educativa Bolivariana. Algunos críticos señalan a la Ex Ministra Marian Hanson como la madre de estos instrumentos. Se Insiste en la inserción de la comunidad en la escuela. Crea la figura de los Consejos Educativos que incluye a los voceros de la comunidad. A pesar de la resistencia y de las críticas fue aprobada el 16 de octubre de ese año.

Edición Nº26: Desafíos de la Educación Católica

Entrevista al Prof. José Luis Andrade, AVEC

Hace ya un par de años del 50 aniversario del Concilio Vaticano II, y se nos da una ocasión muy interesante para reflexionar, en el contexto venezolano, sobre la enorme actualidad de la propuesta educativa de la Iglesia inspirada, por supuesto, en la Misión de Jesús, rostro misericordioso y verdadero del Padre.Jose luis Andrade

¿Se puede decir que la escuela y las universidades católicas están preocupadas por la evangelización y no sólo por dar un servicio de cualidad, superior al que ofrece otras instituciones?, ¿en qué modo la pastoral local o nacional integra orgánicamente el mundo escolar y universitario?

En general, ninguna escuela ni universidad católica se encuentra desvinculada de este ideal, que debería ser el motor de nuestra acción educativa; más aun cuando el Papa Benedicto XVI dijera que nos encontramos en una emergencia educativa, entendiéndola como el desafío que tenemos de acompañar a la generación que guiará los destinos del país dentro de 20 años y ofrecerles las herramientas necesarias para la navegación en el turbulento mundo actual.

La actual generación en preparación, junto con el enorme potencial que tiene con el desarrollo de los medios tecnológicos, se va enfrentando a una dificultad grande, por ejemplo, a la hora de percibirse a sí mismos como un proyecto a largo plazo, capaces de comprometerse a fondo con valores que impliquen de alguna manera la vida. Es en el corazón de esta realidad, que los niños y jóvenes podrán encontrar mucho de lo que necesitan, en el testimonio sereno y la palabra de sus educadores y padres.

La escuela sigue siendo el lugar donde niños y jóvenes pueden y deben encontrar elementos fundamentales de y para la vida, y junto con la familia, se convierten en las instituciones con mayor vinculación para ellos. De allí que nuestra propuesta de pastoral deberá superar esquemas y ofrecer un sentido y una orientación capaz de evitar los peligros de una generación que algunos han llamado de post modernidad líquida.

En la Venezuela de hoy es evidente que la Educación Católica con su oferta dirigida a todos los ciudadanos, ofrece enormes posibilidades desde donde puede comprometerse la gran Misión de la Iglesia. En efecto, está presente en espacios tan diversos que van desde los pueblos indígenas, pasando por lo rural y lo popular, hasta lo residencial, y todo ello con una oferta, que adaptándose a cada uno de los que participan, les brinda la necesaria preparación, intentado siempre la calidad y la formación en valores cristianos para la vida corriente que les tocará enfrentar.

Sin embargo, los esfuerzos de todos los organismos de Pastoral, nacional e internacionales, tendrán que redoblar esfuerzos para integrar de modo más fuerte a la escuela, mirándola tal como ha dicho Aparecida, como un espacio para la formación de los discípulos misioneros de Jesús.

¿Cómo se promueve la misión compartida de las personas consagradas y de los fieles laicos en las escuelas y en las universidades católicas?

En este sentido creo que el camino se ha iniciado con buen pie, en cuanto que después del Concilio Vaticano II, la vocación y misión de los laicos en el apostolado educativo es más clara. Hoy un buen grupo de Congregaciones Religiosas contiene en su seno programas muy serios de formación de laicos en un sentido amplio pero también en la llamada transmisión carismática del ideario fundacional. Algo que en educación es fundamental si se quiere que la riqueza de los diferentes dones siga siendo aportada de manera renovada al mundo de hoy.

La centralidad de la persona humana, y sobre todo de la persona que sufre, hace que hoy la educación en general, y la católica en particular, contengan en sí mismas un fuerte contenido terapéutico en el sentido de una educación verdaderamente sanadora de las heridas y dificultades de los niños y los jóvenes que asisten y hacen vida en nuestras instituciones. Este contenido forma parte de la Identidad y Misión de las diversas instituciones, y uno ve con alegría, que esto se está transmitiendo a los laicos, y que de allí probablemente surgirá una novedad estupenda para el bien de los que asisten a nuestros centros.

Es por lo tanto muy oportuno que estos programas, tanto los de las congregaciones como los de la Iglesia, sigan apostando por la ministerialidad de los laicos en educación como un verdadero llamado: envío en Misión. No se trata por tanto de una sustitución de unos por otros, sino de un verdadero compartir fraterno para atender la Misión educativa.

El documento que nos ocupa pone de manifiesto la necesidad de atender el contexto en el cual la escuela y la educación católica se desarrollan, así como la pluralidad y la diversidad de las personas, elementos fundamentales para poder crear a futuro sociedades mas pacificadas. Y hace énfasis también en la necesaria formación del cuerpo de enseñantes, tarea a la cual tenemos que dedicar esfuerzos y recursos si queremos garantizar verdaderamente la identidad y la pertinencia de un centro educativo católico.

Entrevista a la Hna. Mariana Guinand (Concepcionista Misionera de la Enseñanza)

Parafraseando al Papa Pablo VI, podríamos decir que el mundo de hoy necesita “escuelas católicas cuyas comunidades educativas sean más testigos que maestras”.

SiMarianan duda que una de las misiones fundamentales de la escuela, tal como lo expresa el documento “Educar hoy y mañana: una pasión que se renueva”, es enseñar, hacer de la enseñanza un instrumento de educación, iniciar a la investigación. Pero más importante aún, considero que es, en este momento, recuperar el sentido más profundo de nuestra identidad: “ser testigos del evangelio”, ser comunidades educativas que hacen presente, en el mundo, los criterios y las actitudes del Maestro.

Esta llamada nos urge a volver la mirada a Jesús de Nazaret, a dejarnos enseñar por Él, por su palabra, por sus gestos, por su vida.

Es significativo que Jesús, a lo largo de toda su vida, nunca vivió ensimismado. Fue descubriendo que su identidad más honda era en referencia al Otro y a los otros. Su identidad fue ser hijo del Padre, ser el Ungido, el Enviado, el Hijo del hombre. Fue entendiendo que su vida era hacer la voluntad de Aquel que lo había enviado, “mi alimento es hacer la voluntad del que me envió” (Jn 4 34), cumplir la misión de quien lo había ungido: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres, me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19) . Nunca vivió centrado en sí mismo.

El mundo de hoy, tan roto como el de Jesús, por las injusticias, las desigualdades, las esclavitudes, las indiferencias de unos con otros, la violencia, nos llama a las comunidades educativas católicas a recuperar nuestra identidad de reconocernos como instrumentos de Otro y para los otros. Comunidades educativas, que al igual que Jesús de Nazaret, reconocemos que el origen de nuestra misión está en el envío del Padre y la razón de ese envío es hacer presente el Reino de Dios en medio de este mundo. Comunidades educativas que son, en definitiva, instrumentos de comunión, de fraternidad, de encuentro, de solidaridad, no centradas en sí mismas sino para los demás.

Corremos el riesgo, como los apóstoles de encerrarnos por el miedo o de comparar nuestras comunidades con el entorno y decirle a Jesús: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vayamos a armar tres chozas.” (Lc 9,33) Es en esos momentos cuando el Padre nos dice una y otra vez: “Este es mi Hijo querido. Escúchenlo” (Lc 9,34). Y los apóstoles al escuchar a Jesús fueron invitados a cambiar sus criterios, a no quedarse en su comodidad, en su seguridad sino a salir de sí mismos y bajar de la montaña para seguir encontrándose con la realidad humana, el dolor de los pobres, de los enfermos, de los excluidos para, junto a Jesús, darles una respuesta sanadora, liberadora, a devolverles la vida, la dignidad perdida muchas veces por la exclusión.

Por tanto, estamos llamados a ser comunidades educativas que acompañan, como Jesús, a cada miembro para que descubra que su vida es un don de Dios, para que reconozca sus cualidades, para que experimente que es imagen de Dios y no solo aprenda a repetirlo, para que se sienta amado por Dios y de esta experiencia brote el compromiso de cultivar todo ese potencial y se sienta llamado a ser constructor de un mundo más justo y más humano. Comunidades educativas que fomentan el diálogo, la escucha, el discernimiento, la apertura al entorno, que no ven en las dificultades y las contrariedades de nuestro mundo una amenaza sino una llamada a seguir buscando, como el Maestro, respuestas liberadoras y constructivas. Comunidades educativas que forman personas competentes para el compromiso, la solidaridad y la entrega en lugar de competitivas que siguen abultando el grupo de los que ensimismados se han olvidado de su razón de ser.

Ciertamente, tenemos que dedicar mucho tiempo a la reflexión para dar respuesta a un sin número de desafíos que se nos plantean como escuelas católicas: determinar los contenidos de nuestras propuestas curriculares, caminos de innovación en nuestras prácticas pedagógicas, búsqueda de recursos para la continuidad de la misión, creatividad para salvaguardar la escuela católica en momentos en los que puede verse amenazada, entre otros. Sin embargo, pienso que es urgente no perder el referente de nuestra identidad y ésta no se basa en un nombre “católica” sino en una PERSONA: Jesús de Nazaret y una persona con un estilo muy particular: la fraternidad, la comunión, la solidaridad, el “ser para los demás” especialmente para los más pobres.

Así como inicié parafraseando al Papa Pablo VI, quiero terminar este comentario haciéndome eco de las palabras del Papa Francisco: “Nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos. Ésta es una excusa frecuente en ambientes académicos…, nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social: La conversión espiritual, la intensidad del amor a Dios y al prójimo, el celo por la justicia y la paz, el sentido evangélico de los pobres y de la pobreza, son requeridos a todos. Temo que también estas palabras sólo sean objeto de algunos comentarios sin una verdadera incidencia práctica. No obstante, confío en la apertura y las buenas disposiciones de los cristianos, y les pido que busquen comunitariamente nuevos caminos para acoger esta renovada propuesta” (E.G 201).

Edición Nº25: Formar para el compromiso

Entrevista al P. Jesús Orbegozo, SJP. Orbegozo
Rector del Colegio San Ignacio

1. ¿Qué actitudes son importantes cultivar en los educadores para “formar para el compromiso”?

Quiero resaltar la importancia del compromiso que tienen que tener los educadores para ser formadores para el compromiso. Las palabras de nosotros educadores pasan al olvido, sin dejar huella, a no ser que las mismas estén refrendadas por una vivencia y práctica personal del mismo educador. En una reflexión que hace el P. Adolfo Nicolás sobre Pedro Arrupe dice: “Vivía lo que creía, irradiaba lo que predicaba. Estaba convencido de que evangelizar, antes que hablar, es ser”.

Esto nos lleva a examinarnos cómo es nuestro compromiso en la cotidianidad de nuestras vidas. Igualmente, nos debe poner a buscar las vías más eficaces para alimentarlo y mantenerlo vigente. La formación de los educadores debe de incorporar todos los elementos espirituales, cognitivos, emotivos, éticos de las teorías y de la práctica que ahonde el sentido de sus vidas y les llene de felicidad, en medio de la ardua tarea educativa en que se encuentran.

2. ¿Cómo debe ser asumido el compromiso que queremos formar en nuestros alumnos?

El compromiso del que estamos hablando, en un momento de la propuesta de las 4 Cs[1], estaba ligado a la compasión: compromiso compasivo. No se trata de un compromiso ideológico, sino que está estrechamente ligado a la compasión por el otro en necesidad. Posteriormente, se le separó conformando la cuarta “C”. Sin embargo, para una comprensión plena de lo que entendemos por compromiso, éste debe estar referido a la compasión por el otro. Dicho esto, creo que también, de igual manera, el compromiso debe ser asumido como consciente y como competente. Es decir, debe de haber una circularidad en las cuatro “Cs”. ¿Qué podemos decir si no, de un compromiso que no sea consciente o que no sea competente para resolver con eficacia los problemas que inciden en la vida de nuestra gente?

Me detengo en el elemento de la competencia con que debe de dotarse al compromiso. Nosotros tenemos el deber y compromiso de darles la oportunidad de adquirir competencias académicas y profesionales a nuestros alumnos. Buscamos la excelencia académica y para ello dedicamos nuestros buenos esfuerzos e importantes recursos en instalaciones y dotación. Y esta búsqueda constante está en nuestra agenda diaria y está claramente establecida en la formulación de nuestra Misión institucional. Las otras 3Cs no nos deben de desviar de un esfuerzo sistemático y responsable por lograr esta excelencia académica que debe ser uno de los sellos que definen toda institución educativa de la Compañía.

Además, no basta con compadecerse, comprender, y ni siquiera con meramente actuar. El compromiso le añade a la compasión la visión de la realidad, la comprensión de las causas de los males, el empeño por la construcción de instituciones y estructuras sociales en los que los menos favorecidos, tengan oportunidad de una vida digna, abriendo así nuevas posibilidades de realizarse como personas humanas. Compartiendo vida es, también, cómo recibimos vida.

Simultáneamente, tenemos el reto de cómo vamos sembrando en profundidad la consciencia y compasión que lleve a un compromiso de vida. Uno de los objetivos de nuestras instituciones educativas es que los jóvenes se planteen qué van a hacer con su vida, más allá de lo que vayan a hacer en su vida, es decir, cuál va a ser el compromiso de vida. El compromiso que buscamos debe estar movido por el amor, que busca la justicia y estar dotado de una competencia eficaz para el bien de todos, especialmente para los pobres de nuestro enredado mundo. Este reto es especialmente central en las instituciones de educación media y, también en la medida que se pueda, de las instituciones de educación superior.

3. ¿Cuál es la pedagogía para generar este compromiso en nuestros alumnos? ¿Cuáles son los pasos y las estrategias? ¿Qué debemos incorporar en nuestros planes institucionales para hacerlo posible?

Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio son un camino para definir y avanzar en el compromiso cristiano, con la transformación de su mundo interior. Desde nuestra identidad es la propuesta más consistente que tenemos para que la persona se incorpore en la construcción de un mundo más humano, en respuesta al llamamiento personal de Jesucristo.

Los hitos de los Ejercicios Espirituales nos puede ayudar a encontrar luces para construir una pedagogía del compromiso, especialmente, para mantenerlo vigorosamente vigente. Veamos sus líneas maestras:

  1. El plan de Dios, principio y fundamento de nuestras vidas, que se centra en la persona de Jesús y que busca la felicidad de todos, en libertad.
  2. El sentirse buscado, perdonado y cargado, con la imagen del Pastor que carga a la oveja “perdida”, suscitando las tres preguntas: ¿Qué he hecho por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué voy a hacer por Cristo?
  3. El llamamiento de Jesús, persona a persona, a su seguimiento y a trabajar con él por el Reino, codo a codo.
  4. La experiencia de un Dios siempre fiel hasta la muerte, que no nos abandona. La importancia, no tanto de nuestra fidelidad sino de la suya.
  5. La experiencia del Resucitado en nuestras vidas, que revierte los signos de muerte que nos rodean amenazantes, y nos busca para “consolarnos”.
  6. El agradecimiento que debe de llenar nuestras vidas por todo lo que hemos recibido y, sobre todo, porque el mismo Dios se nos entrega.

Cada institución educativa debe de sentarse a pensar cuáles son las estrategias propias para dar respuestas a las preguntas planteadas, teniendo siempre en cuenta que el compromiso que buscamos debe de estar fundado en una experiencia de amor, lejos del resentimiento y revanchismo.

La pedagogía para el compromiso es procesual, nos pone siempre en búsqueda y en nunca estar satisfechos. Dispuestos a renovarnos, a abrirnos al amor primero que nos puso en camino; en constante discernimiento para hacernos conscientes del paso de Dios por nuestras vidas; en reconocimiento humilde de los traspiés que acompañan a nuestro caminar; en reflejar la alegría de haber sido llamados a la construcción del Reino.

Todas las instituciones educativas debemos de asumir este reto de generar una pedagogía del día a día para el compromiso como parte integrante de nuestra Misión.

[1] Las 4Cs se refieren a los 4 elementos clave que definen la calidad de las propuestas educativas de las obras de la Compañía de Jesús en lo referente a la formación del estudiantado: formación de personas conscientes, competentes, compasivas y comprometidas.

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“Pasar de Comunidades Educativas a Comunidades Apostólicas:
el salto cualitativo que hace viable la propuesta educativa ignaciana”.

P. Gustavo Albarrán SJ (Director del CEP)

La reciente visita a Venezuela del Padre General de la Compañía de Jesús, Adolfo Nicolás, nos ha dejado un gran reto en el área educativa: lograr que las instituciones educativas de inspiración ignaciana se conviertan en auténticas Comunidades Apostólicas.

La acción educativa es, sin duda, un modo especial de “Colaboración en la Misión de Cristo”, la cual plantea ya una nueva y desafiante renovación de nuestro modo de gestionar las obras educativas. Por ello necesitamos preguntarnos:

a) ¿Qué hace que una obra sea jesuita, y cómo puede ser sostenida por un liderazgo no jesuita? b) ¿Cuáles son los elementos de formación necesarios para jesuitas y otros a fin de asegurar el crecimiento en el espíritu y en la práctica de nuestra misión? c) ¿Qué vínculos pueden unirnos como colaboradores en la misión que buscan servir juntos, con afecto profundo, a la misión encomendada a la Compañía? (Decreto 6: Colaboración en el corazón de la Misión, nº 8)

Según el Padre Nicolás, este tránsito de Comunidades Educativas a Comunidades Apostólicas es un asunto prioritario para la Educación Ignaciana:

La Identidad de nuestras instituciones es ahora un tema prioritario… para mantener la Identidad, yo creo que lo mejor es crear comunidades apostólicas dentro de nuestras instituciones. Que no trabajemos cada uno por su cuenta, sino que formemos verdaderamente un equipo con una visión clara, una visión apostólica, una visión de entrega, una visión de crecimiento y de transformación; que tiene efectos sociales evidentemente y por eso muchos programas que existen hoy son de contacto con un barrio o con otro. Esto va creando una conciencia nueva y eso es lo que queremos que sea el producto de esa comunidad apostólica que se va formando. Y para que sea una comunidad apostólica profunda, tiene que haber programas de formación serios. (Adolfo Nicolás, párrafo 3, p. 3)

Para lograr el paso de una Comunidad Educativa a una Comunidad Educativa Apostólica, se requiere, como lo plantea el P. Nicolás, atreverse a construir una estructura de funcionamiento donde se articule identidad, comunidad y formación de modo armónico:

Lo importante es encontrar una armonía bien estructurada de comunidad, visión y formación: visión para la Identidad, comunidad para el trabajo en equipo y formación para dar profundidad a todo el proceso. La creación de “comunidad” es condición para que esto funcione… Si no formamos comunidad, ¿cómo vamos a inspirar a un mundo multicultural donde hay tanta mezcla de visiones, de culturas, de posiciones? La única manera de inspirar es que nosotros seamos capaces de ir más allá de nuestro propio querer e interés, como decía San Ignacio, para participar con los demás en la creación de un mundo nuevo. (Adolfo Nicolás, párrafo 5, p. 3)

El mejor aporte de la Educación Ignaciana a Venezuela, es decir, su contribución a la transformación de las relaciones sociales, políticas, económicas, culturales y religiosas, pasa hoy por inventar un modelo y un estilo de vida firmemente arraigado en la convivencia, la libertad, la participación y el trabajo productivo, que sólo puede lograrse, en el caso de la Educación Ignaciana, si nos atrevemos a transformar el modelo de gestión educativa unipersonal para dar lugar a una gestión centrada en la corresponsabilidad de mujeres y hombres conscientes, competentes, compasivos y comprometidos, animados con una vivencia y sentido cristiano de la vida, que se inspiran en una misión compartida.

Reflexiones sobre la exposición del P. General

María Elena González (Directora del Colegio San Ignacio)

Al referirse a la obra desarrollada en los Colegios y si realmente son prioridadOLYMPUS DIGITAL CAMERA

Por qué nosotros estamos en Educación…   los centros educativos deben contribuir a la formación y transformación interior de jóvenes en base al legado de espiritualidad que nos dejó San Ignacio. Las propuestas educativas deben estar impregnadas de Fe y Justicia, para lograr el ciudadano “con y para los demás”. El sentido de la educación tiene que inspirarse en la espiritualidad.

Laicos en los Colegios. Los laicos, mayoría en los colegios, son agentes comprometidos con la Misión. Colaboradores que cada día deben tomar más fuerza en su compromiso y dedicación para dar respuestas creativas y asertivas a los retos actuales. Deben formar equipos de trabajo, comunidades apostólicas, con una visión clara que genere efectos sociales y pastorales, creando en los educandos conciencia social.

Se resalta la importancia de los planes de formación donde se debe ofrecer al personal laico la oportunidad de combinar Identidad, Misión y Formación.

Retos. Recuperar el sentido religioso y de trascendencia en lo que hacemos, valorando lo humano y profundo en todas las personas. Descubrir y comprender como los medios de comunicación ayudan y afectan a nuestros jóvenes, sus relaciones y cosmovisión.

Ma de los Ángeles Añez (Coordinadora del Colegio Gonzaga)

Mi reflexión sobre las palabras del Padre General

El planteamiento con el cual inició el Padre general, me recuerda el inicio de mi carrera como docente. ¿Por qué educación? En esos momentos el camino que se me planteaba como joven estudiante de un colegio de la Compañía de Jesús, era la educación como un apostolado, era la manera de acercarnos a la construcción del reino de Dios, pues a través de ésta era que se podía transformar, evangelizar y acercarnos a ese proyecto de Jesús para los hombres.

Es de allí donde nace el reto, ¿Cómo contribuir a que un niño o niña se transforme en el proceso educativo?, que nos plantea el Padre General. Como educadores no podemos conformarnos con ser transmisores de contenido, es necesario llegar hasta el lugar de los sentimientos de los niños y niñas, porque es solo desde allí que podremos desarrollar esas actitudes de superación, de transformación, de amor a los semejantes, de compromiso. No podemos quedarnos en el” frio” de los contenidos, de la rutina, de las exigencias cumplidas, de los desánimos, tenemos que tratar de “mudarnos” al  corazón de nuestros niños y niñas  para acompañarles en ese proceso de crecimiento (en el cual nosotros también crecemos). Tenemos que agradecer la espiritualidad ignaciana que nos acerca a este camino que busca la transformación.

Otro de los aspectos que me interpeló del encuentro con el padre General, fue su actitud  ecuménica valorando los aspectos de cada religión y cultura, incluso cuando dice que en sus colegios de Japón, un 80% de sus profesores no son cristianos. Eso me impactó porque unas de las dificultades que existen al momento de contratar docentes es no saber abordar la disyuntiva  de cómo educar en la fe, si tenemos concepciones diferentes.

Sobre lo que nos pediría a los docentes ignacianos. Se nos está pidiendo convicción, corazón… “captación de lo ignaciano en nuestra vida”. Pienso que es lo más fuerte y lo que más nos cuestionamos. El cómo le damos vidas a nuestras palabras, cómo educamos con el ejemplo, la coherencia entre lo que decimos y hacemos, es allí donde tenemos las mas largas reflexiones en nuestro colegio y tenemos el reto de seguirnos formando porque solo desde el conocimiento y las vivencias de fe nos podremos ir acercarnos a ese educador que demanda nuestra realidad.

Otro de los aspectos que nos toca de cerca es  hacernos corresponsables de la educación del país con las instituciones públicas. Tenemos que  aportar desde nuestra institución nuestras experiencias de crecimiento. Llegar a conocer las dinámicas y procesos de otras escuelas y poder desarrollar proyectos en común  que nos permitan acercarnos a los fines de nuestra educación.

 

Sandilly Echeto

Educadora salesiana. Equipo Pastoral Juvenil de los Salesianos

584168713828Espiritualidad salesiana:
El semblante de la familia salesiana

Lo que hoy se conoce como espiritualidad no es ciertamente lo que significó en la época de Don Bosco. Sin embargo, hay algo que nunca cambia ni en su tiempo ni en el nuestro: El Espíritu.

Una persona espiritual es alguien que está en la “onda del Espíritu”, que tiene sus mismos impulsos, sus mismos anhelos; que busca generar el orden, lo bueno y la belleza del mundo, se preocupa por la justicia y el derecho de las personas necesitadas, encuentra en la actualidad más presente a Jesús en el mundo y lo defiende allí donde sufre más.

En el evangelio de San Juan encontramos que hay dos tipos de personas: las carnales y las espirituales, o sea, las personas que se dejan guiar por criterios meramente humanos y las que se dejan guiar por el Espíritu Santo. Para estas últimas, tener una vida espiritual significa:

  •       Un modo de concebir y expresar las relaciones con el mundo, con las demás personas y con Dios.
  •       Una actitud interna de disponibilidad a Dios y a los hombres, inspirada por el Espíritu Santo en el corazón del creyente.
  •       Un conjunto de actitudes y comportamientos de un cristiano, bajo la inspiración del Espíritu Santo.
  •       Una conciencia solidaria comprometida con la transformación de la sociedad para hacer posible el reino de Dios.

En tal sentido, la Espiritualidad Salesiana la entendemos como el conjunto de principios, ideas, sentimientos y modelos de comportamientos que caracterizan a los discípulos de Don Bosco en su deseo de ser fieles al Espíritu Santo.

Cuando decimos “Espiritualidad Salesiana” nos referimos a la espiritualidad propia de todas aquellas personas que, dentro de un grupo reconocido, comparten verdadero parentesco espiritual y una consanguinidad apostólica como herederos y portadores del espíritu y la misión   que el Espíritu Santo confió a Don Bosco para la vida de la Iglesia. Nos hace pensar en una especie de “Rostro Salesiano” definido por una serie de aspectos que lo componen.

Rasgos de la espiritualidad Salesiana:

a)  La caridad pastoral. Un impulso apostólico que mueve a buscar a Dios y a llevar su mensaje a las personas, especialmente a los jóvenes, la caridad pastoral es el centro y la síntesis de la espiritualidad salesiana.

b)  La gracia de unidad. Es la interioridad apostólica, la dimensión contemplativa de la vida, síntesis vital, único movimiento de amor a Dios y a los jóvenes, liturgia de la vida.

c)  El estilo de oración. En su inspiración, está motivada por el deseo de llevar el evangelio a la vida de los jóvenes. En su estilo, es juvenil, popular, gozosa, creativa, sencilla, unida a la vida. En las formas, va a lo esencial: Palabra de Dios, eucaristía, penitencia, presencia de María Auxiliadora.

d)  La misión juvenil y popular. Amor de predilección por los jóvenes: los jóvenes no son simples beneficiarios de una actividad; son la vocación del salesiano. Decía Don Bosco “Me basta que sean jóvenes para quererlos”. El pueblo es el ambiente natural y ordinario donde se hace la opción juvenil, el lugar social y humano donde se busca y se encuentra a la juventud.

e)  El optimismo y el gozo de la esperanza. Decía Domingo Savio: “Nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres”. Partiendo del Resucitado, este optimismo se traduce en tener fe en la victoria del bien, conectando con la cuerda sensible del corazón, estar abierto a los valores humanos; el salesiano capta los valores del mundo y trata de darles cauce de cara a la educación de la fe. Educar en las alegrías cotidianas, saborear con sencillez las múltiples alegrías humanas que Dios ha puesto en nuestro camino.  

f)  La ascesis de la bondad. El amor, en la educación, es pedagogía; pero no sólo: el amor  es… ¡TODO! Cuando esto se da, el joven es amado y se da cuenta de ello. Esto exige del educador salesiano una ascesis continua y profunda para dar cabida, en la propia existencia, al joven y su anhelo de Dios.

g)  El trabajo y la templanza. Ser salesiano lleva consigo el ser un gran trabajador… como lo fue Don Bosco. Al mismo tiempo, la tarea de la educación impone una actitud de libertad “de” y “para”. Este proceso de liberación exige que el educador esté siempre ¡templado!, afinado.

h)  El espíritu de iniciativa. Es una labor de discernimiento espiritual que propicia el lanzamiento generoso, desde la confianza en el Señor; la misión evangélica dentro de las múltiples posibilidades que ofrece la vida concreta.

i)  El arraigo en el misterio de Cristo y la vida en manos de María. El “hombre nuevo” al que tiende la educación promovida por Don Bosco y por sus hijos, es el hombre nuevo proclamado por Jesucristo. Estar arraigado en Cristo es la alegría más íntima que puede tener un miembro de la Familia Salesiana. En el misterio cristiano aparece María, Ella, nos enseña el camino que conduce hacia Él; es Educadora, Inmaculada y Auxiliadora.

j)  El sentido de Iglesia: Del amor a Cristo nace inseparablemente el amor a su Iglesia.

Los miembros de la Familia Salesiana se ven a sí mismos como parte viva de la Iglesia.

El Espíritu Salesiano, vivido por la Familia Salesiana, se caracteriza por ser:

  • El alma de la vida interior y exterior del salesiano y salesiana.
  • El fundamento de unidad y de nuestra renovación, y de los grupos de la familia salesiana.
  • Es el rasgo fundamental de nuestra identidad.

P. Gustavo Albarrán, SJ

IMG_20140317_094040Director de Centro de Espiritualidad y Pastoral. Colaborador de Cerpe.

Reflexión a partir de la entrevista al P. Alejandro Moreno

La entrevista al P. Alejandro Moreno (SDB), titulada “En el país hay una subcultura de malandros para quienes matar da prestigio y poder”, publicada el domingo 19 de enero de 2014 en el periódico El Correo del Orinoco, pp. 15-17, es una buena radiografía del “ambiente de muerte” que azota a nuestro país.

La delincuencia y el crimen en Venezuela son asuntos muy graves y de sumo interés que afectan y comprometen a toda la sociedad venezolana, pero compete fundamental y prioritariamente al Estado erradicar cuanto antes y de modo perdurable esta problemática.

El potencial transgresor de las normas más básicas de convivencia, incluso el potencial de delincuencia y criminalidad, está hoy presente en todos los estratos sociales, aunque claramente se desarrolla de modo más rápido en los contextos de marginalidad y exclusión social por la vulnerabilidad a la que están expuestas las personas más indefensas como son los niños/as y adolescentes.

La persona que comienza a convertir la transgresión o la violencia “en su forma de vida” se expone a niveles destructivos donde pudiera no haber punto de retorno. “Cuando un acontecimiento social como este se deja a su libre desarrollo, se desarrolla y se amplía… y va captando a otros. Por eso es peligrosísimo”.

En la mayoría de los casos, los altos niveles de violencia, agresividad, trasgresión  personal y, cuánto más la grupal, no están relacionados con “la pobreza de origen”. De lo contrario, todos los pobres serían transgresores, violentes, etc. “Más que la pobreza personal”, lo que está afectando es “la pobreza ambiental”.

Esta situación no es ajena a los diversos tipos de instituciones educativas, disparándose las alarmas en ellos por la proliferación de situaciones de transgresión y violencia que se escapan de las manos.

En cuanto a la transformación de la violencia y transgresión en los ambientes escolares, situación por la que nos interesa la reflexión del P. Alejandro Moreno, pareciera que muchos de los esfuerzos tienden a enfocarse hoy día en el diseño de estrategias preventivas de carácter disciplinar. Sin embargo, según Cerpe[1], uno de los aspectos que más pudiera aportar soluciones concretas a los conflictos de convivencia es la formación o educación para la paz, con todo lo que ello implica de inventiva, promoción de la participación activa de los actores (especialmente los estudiantes) y la reorganización de la dinámica escolar.

En orden a una formación o educación para la paz y la convivencia ciudadana conviene retomar aquí un aspecto decisivo, poco atendido por prejuicios y mitos, como es la dimensión espiritual de la persona. Entendemos la formación[2] como un hecho real y efectivo de la vida individual y social de la persona, que se realiza de múltiples formas según las épocas y las culturas. Es un proceso gradual de enriquecimiento de la persona. La formación es un despliegue libre de la propia espiritualidad que se va forjando desde el interior de la persona en el cultivo de la inteligencia y de la sensibilidad en permanente relación con la cultura propia y la universal, con las ciencias y el arte, con los lenguajes y el mundo.

Desde la perspectiva planteada por Torralba[3], la educación debe hacer viable cuatro aprendizajes fundamentales: Uno, el aprendizaje para un mundo habitable, dos, el aprendizaje de un comportamiento maduro para asumir las libertades y las responsabilidades personales según los derechos humanos; tres, el aprendizaje de un estilo de vida con sentido; y cuatro, el aprendizaje para una convivencia solidaria en familias, comunidades, horizontes regionales e internacionales.

Ahora bien, los cuatro aprendizajes ya mencionados no constituyen solamente acciones formativas del aula, sino que deben permear la organización escolar completa donde se privilegie cinco ámbitos básicos: 1) La atención a la realización personal en su dimensión íntima y en su dimensión social, que cultive una sensibilidad que trascienda cualquier egoísmo y le permita abrirse al otro y a la solidaridad con aquéllos que más lo necesitan. 2) El cuidado de los diversos espacios y niveles de encuentro que incidan en una convivencia donde se vivencien la alteridad y la tolerancia, la inclusión y valoración recíproca, la calidad y calidez humana. 3) El fortalecimiento de tejido de redes primarias e institucionales, que sean de pertenencias plurales, de comunidades más flexibles y abiertas, donde se valore el desempeño, la colaboración gratuita y el aporte personal y de equipo. 4) La defensa y cuidado de lo ecológico y ambiental como modo de cuidar la vida, donde se evidencie la comunión con toda la creación. Y 5) la atención a una espiritualidad centrada en la fraternidad como camino para iniciar y profundizar procesos de formación personalizadores.

Con demasiada frecuencia, aunque lamentable, la rutina de los centros educativos tiende a convertirlos en lugares sin interés tanto para los mismos estudiantes como para las personas del entorno social, llegando incluso a convertirse en lugares aburridos intelectualmente. De ahí que el reto sea transformar esta realidad, logrando centros educativos de calidad, útiles y flexibles para la formación alternativa donde los estudiantes se conviertan en protagonistas de su formación, porque la persona se forma no por un moldeamiento exterior sino como un enriquecimiento que se produce desde el interior mismo del sujeto.

Para una mayor comprensión sobre la formación como proceso interior del mismo sujeto, habría que colocar al lado del concepto de pedagogía, el concepto de mistagogía. La pedagogía es el «cómo» de la formación, el arte-ciencia para lograr la formación, que se desarrolla a través de un dinamismo que va desde fuera hacia dentro de la persona. La mistagogía, es también el «cómo» de la formación, el arte-ciencia para lograrla, pero se desarrolla a través de un dinamismo que va desde dentro hacia fuera de la persona. La pedagogía modela (da forma a) la sensibilidad y la inteligencia de la persona, mientras que la mistagogía modula (da fondo a) esta sensibilidad e inteligencia.

La formación que atiende la interioridad del sujeto, según Marina[4], trabaja el mundo de las motivaciones, para ayudar realmente a que la persona llegue a desear las metas mejores, a comprometerse con ellas. Y aquí entran de lleno dos aspectos muy relacionados que hay que reforzar  en los estudiantes: uno, el deseo de excelencia compartida, y otro, el entrenamiento, hábitos y virtudes. En otras palabras, la educación de los sistemas motivacionales, cognitivos y ejecutivos, necesita unos elementos que sustenten tal proceso formativo para que sea eficaz. Y esto no se logra sólo con modelaje de la sensibilidad y la inteligencia sino con su modulación, lo cual compete al mismo sujeto de la formación, apoyado y animado por los adultos que tiene cerca (padres, maestros, referentes de su comunidad, etc.).

Para finalizar, conviene señalar que si la educación se dispone a hacer un aporte significativo que revierta la violencia, esto implicaría:

  • Que el diseño pedagógico y organizacional de los centros educativos vaya más allá de la educación formal, creando un abanico de ofertas que amplíen las posibilidades para que los estudiantes logren el acceso, la permanencia y la culminación de la formación.
  • Adecuación de los contenidos y metodologías a las características de edad, carácter y sexo del propio educando y que tenga una referencia explícita a su contexto social, histórico y cultural.
  • Que el currículo y la didáctica se enfoque en la formación de ciudadanos responsables, productivos y comprometidos en participar activamente en la construcción de una nueva sociedad con destrezas y capacidades democráticas.
  • Una innovación pedagógico-educativa centrada en el logro de competencias que permitan a los jóvenes, especialmente a los más desfavorecidos, insertarse positivamente en el mundo del trabajo, la productividad y participar activamente en la construcción de una sociedad democrática.
  • Que las acciones educativas no se limiten a las paredes de la institución sino que alcance al entorno social estableciendo unas interacciones que produzcan transformaciones recíprocas.

[1]     Cerpe, (2010). Convivencia y paz en el Colegio. Plan de Formación Integral. Módulo 13. Octubre-Noviembre.
[2]     Cerpe, (2012). La Mistagogía. Plan de Formación Integral. Módulo 23. Marzo-Abril. 
[3]     Torralba Francesc, (2012). Inteligencia espiritual en los niños. Págs. 95-96. Barcelona: Plataforma.
[4]     Marina José Antonio. (2011). Los Secretos de la Motivación. Biblioteca UP. Barcelona

edgarcerpe1Edgar Contreras

Rector del Instituto Técnico Jesús Obrero. Profesor de la Upel.

A 20 años de la publicación del documento Pedagogía Ignaciana

El 31 de julio de 2013 se cumplieron 20 años de la publicación del documento titulado Pedagogía Ignaciana: Un Planteamiento Práctico; y en estos momentos, resulta oportuno hacer una relectura de dicho documento para tomar conciencia del camino andado y de los aportes que la misma ha supuesto para el apostolado educativo.

Un primer aspecto a destacar en la Pedagogía Ignaciana es su carácter práctico, en cuanto la misma presupone el conocimiento e identificación de los educadores con las Características de la Educación de la Compañía de Jesús (1996); los principios y orientaciones educativas derivadas de la Espiritualidad Ignaciana y la tradición educativa que la Compañía de Jesús ha cultivado en más de cuatro siglos y medio. Desde este presupuesto se puede afirmar, que hoy en día, los directivos, docentes, estudiantes, padres y representantes conocen mucho más sobre la razón de ser de la educación de la Compañía de Jesús y de su compromiso de formar “hombres y mujeres para los demás”, conscientes, competentes, compasivos y comprometidos con la promoción de la fe y la búsqueda de la justicia.

Un segundo aspecto a destacar sobre la Pedagogía Ignaciana es su deseo de iluminar, orientar o guiar la acción docente, ya que desde allí se entiende la osadía que supone el plantear un “Paradigma Pedagógico”, es decir, un modelo explicativo universal de cómo ha de ser la relación educador – educando, en cualquiera de los escenarios en que esta relación se pudiese establecer (formales e informales). Además, afirmar que este paradigma pedagógico es “Ignaciano”, es sin duda alguna, un hecho polémico, pero no podía ser de otra manera si el mensaje que se quería transmitir era el de profundo apego y fidelidad a la experiencia espiritual de Ignacio, plasmada en los Ejercicios Espirituales; en la cuarta parte de las Constituciones de la Compañía de Jesús y que había servido de inspiración para la elaboración del primer currículum formal, como se le conoce a la Ratio Studiorum (1599).

Desde lo planteado, se entiende que la Pedagogía Ignaciana invita a los directivos, docentes, alumnos, padres y demás colaboradores a vivir en profundidad la experiencia de los Ejercicios Espirituales. Ello permite explicar el creciente empeño que se ha tenido en los últimos tiempos por lograr que los miembros de la comunidad educativa realicen los Ejercicios Espirituales y conozcan más sobre la vida de Ignacio de Loyola y la historia de la Compañía de Jesús.

Un tercer aporte de la Pedagogía Ignaciana, de gran vigencia en el contexto actual, lo constituyen los momentos del Paradigma Pedagógico Ignaciano y la relación que se establece entre los mismos, ya que ellos en su conjunto suponen un “modo de proceder” que parte de una contextualización (situar al sujeto en su realidad y en ella el tema a tratar), que ayuda al docente a pensar y seleccionar las posibles experiencias (entendidas como momentos de toma de contacto con la realidad que generan un sentir interno) que se ofrecerán a los estudiantes y que luego serán objeto de su reflexión, en procura de hallar el sentido o el significado que las mismas adquieren para cada participante y que la animará a emprender una acción, entendida como la expresión de la libertad que posee cada persona para orientar su vida y actuar sobre la realidad, conforme a los principios y valores asumidos. Y a lo largo de todo este proceso siempre ha de estar la evaluación (del proceso y del producto), como expresión del deseo personal de verificar en qué medida se avanza por el camino asumido y de identificar los obstáculos y las potencialidades que se presentan en el proceso de crecer como persona y de seguir a Jesús de Nazaret al modo de Ignacio. Las bondades de este modo de proceder y su vinculación con enfoques y propuestas educativas contemporáneas fueron destacadas en la obra del jesuita Ralph Metts (1997,) titulada “Ignacio lo sabía: la pedagogía jesuita y las corrientes educativas actuales.”

Otro de los aportes de la Pedagogía Ignaciana es su contribución a la formación y fortalecimiento de los Equipos Directivos de cada centro educativo, así como el empuje que la difusión de la misma supuso para la conformación de las asociaciones de colegios de cada país y la articulación entre las diversas obras educativas existentes en cada Provincia y región. En el caso venezolano, es innegable el empeño puesto en los últimos 20 años por formar a docentes y directivos, y lograr la articulación entre los colegios de la Compañía de Jesús (Loyola-Gumilla, Gonzaga, San Ignacio y el Instituto Técnico Jesús Obrero). De allí surgió la Asociación de Colegios Jesuitas de Venezuela (ACSI) y se han ido estrechando los lazos con otras instituciones (Fe y Alegría, Hogar Virgen de Los Dolores, OSCASI, Centro de Formación Jesús Obrero, UCAB, IUJO) y redes a nivel de la Provincia, de la región y del mundo. Por ello es común entre nosotros hablar de la Federación Latinoamericana de Colegios de la Compañía de Jesús (FLACSI), del Proyecto Educativo Común para América Latina, de la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL) y más recientemente, de iniciativas globales como: “Ignacianos por Haití” (campaña promovida por FLACSI y apoyada por un centenar de instituciones educativas de la región para apoyar la construcción y dotación de escuelas de Fe y Alegría en Haití) y la Campaña a favor del “Derecho a la educación de calidad para todas las personas” promovida a nivel internacional por una red de redes denominada Global Ignatian Advocacy Network (GIAN).

A partir de lo señalado anteriormente, puedo afirmar que la Pedagogía Ignaciana ha contribuido a que la educación de la Compañía de Jesús haya avanzado en su empeño de responder a las demandas de los nuevos tiempos, fortaleciendo su vinculación con los laicos y las religiosas que han asumido el apostolado educativo.

28190_1453246845723_1069856903_1322203_4098340_nBeatriz García

Es miembro del equipo del Centro de Formación e  Investigación “Padre Joaquín” de Fe y Alegría. Coordinadora del Plan Nacional de Formación para el personal de Fe y Alegría-Venezuela. Ha coordinado la línea de Educación en Valores. Miembro del equipo editorial de las producciones de Fe y Alegría. Ella nos presenta interesantes perspectivas y modos de acometer el trabajo escolar y de construcción de ciudadanía para educar en la fraternidad.

1.-  El papa nos dice en su mensaje que “la fraternidad tiene necesidad de ser descubierta, amada, experimentada, anunciada y testimoniada” ¿cómo educar para la fraternidad en las escuelas?

En primer lugar viviendo la fraternidad en el centro educativo. Los niños y niñas aprenden lo que viven fundamentalmente, por ello NO se trata de “hablar” de fraternidad como un contenido o tema que deben aprender, se trata de que VIVAN en un ambiente donde el afecto, la solidaridad, el amor, el diálogo, el perdón, los acuerdos, el respeto, las normas, la ayuda al otro… se experimentan, se descubren en la vivencia diaria; por tanto, el educador y, en general, el centro  impregnan su práctica de los valores de la fraternidad. Y en esa práctica, dado que somos imperfectos(as)  y podemos cometer errores, es necesario mantener la actitud de revisión permanente de lo que hacemos: ¿cómo lo hacemos?, ¿qué percepción y resultados está generando?, ¿en qué medida ayuda o no a que la fraternidad sea descubierta y amada por todos en el centro educativo? Esta reflexión no es accesoria, muchas veces creemos que hacemos las cosas bien y no nos damos cuenta que el estilo de nuestro hacer no abre caminos para que la fraternidad crezca. Por ello, la reflexión permanente de la práctica es una actitud necesaria.

En la base de la fraternidad está el descubrimiento del otro como hermano(a), que tiene el mismo derecho que yo a ser feliz. Somos hermanos porque somos seres humanos, hermanos(as) también de toda la naturaleza, con un Dios Padre-Madre que nos ama y acompaña. Por ello, vivir en fraternidad va más allá de realizar acciones puntuales de bien a los demás. Se trata de vivir con el corazón lleno de paz, abierto y al servicio, en actitud permanente de cuidado con el otro y con el ambiente. Para que la fraternidad sea descubierta y amada el educador debe proponer situaciones de aprendizaje significativas en la que el estudiante se sienta amado, sienta amor por el espacio que le rodea, sienta que sus compañeros son sus hermanos(as) y aunque tengan diferencias o sean distintos, son iguales en derechos y deberes; situaciones en las que descubra que hacer el bien te hace sentir feliz y en las que al propio tiempo aprende habilidades para la convivencia.

2. –  ¿Puede darnos ejemplos concretos de situaciones de aprendizaje que promuevan la valoración de la fraternidad?  

El “sentirse amado para poder amar” y “el gusto por el bien” se aborda desde la afectividad, los sentimientos y emociones. Hemos subrayado mucho el aspecto cognitivo de la enseñanza, pero el  mundo de los afectos, que marcan de manera determinante nuestras actuaciones, lo solemos dejar de lado. Necesitamos realizar actividades en las que nuestros estudiantes aprendan a autovalorarse, a reconocer sus sentimientos y estado de ánimo, a autorregularse y llenarse de paz interior, a querer su entorno socioambiental. Para ello son positivos los ejercicios de respiración, identificación y expresión de emociones, de autoevaluación y meditación; las experiencias de trabajo y organización en equipo para realizar tareas relevantes y la coevaluación de las mismas, los ejercicios autobiográficos, el reconocimiento de dones o talentos y de actitudes insanas, el contacto directo con la naturaleza… Todo ello ayuda mucho a este mirar interior para el crecimiento espiritual, fuente creadora de fortaleza para una fraternidad permanente.
Pero es necesario el aprendizaje de habilidades propias para la convivencia fraterna: dialogar, resolver conflictos, comprender a los demás, cuidar la naturaleza, entre otras, no se aprenden de la nada; es necesario hacer ejercicio de ello en las diversas actividades que se pongan en desarrollo en el proceso educativo.
He visto colegios que promueven experiencias de vida y organización infantil y juvenil donde los estudiantes aprenden a compartir en comunidades de fe, aprenden la solidaridad en acciones de ayuda al necesitado, a experimentar el sacrificio, el trabajo, el conflicto… todas ellas son absolutamente formativas del espíritu fraterno. Experiencias como las convivencias, retiros, jueces de paz, asambleas de centro, asambleas de clase, clubes, entre otras ayudan sin duda a una educación para aprender a vivir reconociendo a los otros y la naturaleza como hermanos.

3.- ¿Qué podemos hacer, desde nuestros espacios educativos, para crear conciencia en la ciudadanía sobre la necesidad de superar el interés propio y buscar caminos de diálogo, paz y fraternidad?

Lo primero: abordemos las familias. Ellas son las más cercanas DSC01045 (1)a nuestros centros y constituyen el espacio de socialización vital de nuestros estudiantes. Por tanto, el acercamiento a padres, madres y representantes, las visitas, las reuniones donde abordemos diálogos sobre la educación de los hijos, la paz y fraternidad en el hogar, entre otros temas, son esenciales si queremos ir de la mano escuela y familias.
Por otra parte, considerar la realidad que viven nuestros estudiantes y centros educativos para, a partir de allí dar respuesta a las necesidades y situaciones o problemas que viven, es una ruta pedagógica obligada si queremos incidir en la transformación positiva de las personas y sus entornos. Una educación de espaldas, por ejemplo, a los problemas de violencia  que viven los estudiantes y las comunidades donde está inserto el centro educativo, sería una educación vacía, ajena a la realidad y sin ninguna trascendencia. Para poder “decir algo” a la ciudadanía, primero tenemos que saber “leer” la realidad que nos toca vivir y asumir nosotros nuestro papel como ciudadanos.
Además, creo que los centros educativos debemos fortalecer la vinculación con nuestras comunidades y con otros lugares sociales. Formamos parte de la comunidad, educamos a los hijos de las familias que viven allí, por tanto podemos crear vínculos para pensar y aportar en los problemas que se viven desde nuestro ejercicio educativo. Recuerdo un centro comunitario de aprendizaje (CCA) de uno de nuestros programas en Fe y Alegría, que en el marco de la construcción de sencillos proyectos comunitarios, planteó junto a la comunidad promover actividades recreativas con niños y niñas en una comunidad muy pobre en Tucupita, montones de niños y niñas han tenido tardes diferentes… cambiarían el mundo con eso, seguramente NO, pero hicieron algo para crear un espacio de paz y convivencia fraterna junto a personas concretas que lo necesitaban.

4. ¿Y en la acción pública, como ciudadanos y como educadores católicos, qué hacer para contribuir a crear un clima más fraterno, que sea verdadero camino para la paz?

Los educadores debemos participar en las discusiones y acciones sobre educación y otros temas que nos toca de cerca en nuestra labor y que pueden contribuir para una mejor convivencia en nuestra sociedad. Debemos ser denuncia y anuncio ante medios de comunicación, la iglesia, las redes sociales… porque son muchos los problemas que nos alejan de una vida fraterna en nuestro país y el mundo. ESO SÍ, colocando el acento, el subrayado en el encuentro, el diálogo, la reconciliación posible en medio de tanto desencuentro y polarización. Seamos testimonio de paz, donde haya odio pongamos amor, donde haya duda fe… sin ser inocentes, pero sí con la certeza que la fraternidad se construye con amor, no con odio.

P. Alfredo Infante, SJ
Superior del Filosofado Jesuita. Miembro del consejo editorial de SIC.

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Para este mes, les ofrecemos una entrevista orignal. El P. Alfredo nos deleita con una carta figurada dirigida a los educadores escrita por San Ignacio de Loyola que llamó “sórbos ignacianos”. 

Deseamos que la disfruten:

“Sorbos ignacianos”. Carta de Ignacio a un educador de hoy.

Querida María,

¿Cómo estás? Espero que tu misión como educadora siga dando sentido a tu vida. Sé que en este mundo globalizado los desafíos son grandes y requieren mucha fe,  vocación y convicción. Por eso, quisiera compartir contigo unos sorbitos de mi experiencia espiritual, es decir,  pequeñas señales del modo como he vivido  mi fe en Dios. La comparto porque tengo la certeza de que una experiencia de amor  ilumina, suscita y valida otras experiencias de amor. Es como un fuego que enciende otro fuego.

A mí me ayudó mucho haber conocido la vida de San Francisco de Asís y de Santo Domingo de Guzmán, aunque no los conocí personalmente fueron mis maestros, ellos con su ejemplo me animaron a encontrarme con Jesús de Nazaret, y este encuentro con Jesús  transfiguró mi vida.  Si revisas tu vida, encontrarás personas significativas que han sido emblemáticas para ti y que te han servido como ojos de gatos en el camino de la vida. Así habla Dios. Por eso, me he animado este día a compartir contigo este sorbito de mi experiencia.

Te cuento que después de haber caminado mucho por la vida y con el corazón lleno de aprendizajes y sabiduría, mis amigos me animaron a que sistematizara mi itinerario espiritual, les obedecí, y así nacieron los Ejercicios Espirituales que son un camino para el encuentro personal con nuestro Señor Jesucristo, centro y fin de mi vida. Se, que este camino ha ayudado  y sigue ayudando a muchas personas a liberarse personalmente y a entregarse  a la voluntad de Dios revelada en nuestro Señor Jesucristo. Tengo la certeza de que los regalos de Dios son para compartirlos con los demás.

Recuerdo que una vez un amigo se me acercó y me preguntó sobre cómo era mi relación con Dios, aquella pregunta enterneció lo más hondo de mi ser, temblé, balbucee, hice memoria y al final dije: “Dios me fue llevando de la mano, como un buen maestro de escuela lleva a un niño”. Esa es una certeza profunda en mi vida: Dios se comunica personalmente con cada persona, de manera directa nos habla al corazón, tiene con cada uno su pedagogía, y cuando le escuchamos y nos dejamos llevar somos buena noticia para los demás. Es como una cadena de amor.

Esto significa que cada corazón humano, cada biografía, es lugar de encuentro y revelación de Dios. Por eso, cada vez que acompañaba espiritualmente a alguien procuraba no dirigir sino facilitar el encuentro con Dios, porque Dios tiene una palabra para cada ser humano, así como la tuvo  conmigo. Ese es el mayor tesoro: descubrir qué quiere Dios de mí, de ti, de nosotros. Es un arte que llamamos discernimiento. En otro sorbito si lo deseas puedo hablarte de este arte.

Bueno, volvamos por donde veníamos. Si Dios se comunica con cada una de sus criaturas y con cada uno de sus hijos, significa que podemos cantar: “hallarte a ti Señor en todas las cosas y a todas en ti, en todo amar y servir”.  Las personas, la naturaleza, las cosas son un lugar privilegiado para el encuentro con Dios. Así que la relación con los demás y con la naturaleza es una relación fraternal, fundada en el respeto, la reciprocidad y la reverencia porque Dios las fundamenta y las sostiene. Son el verdadero templo de Dios, no son Dios, pero están en Dios.

¿Y qué significa todo esto para tu misión como educadora? Te animo a contemplar a los niños, adolescentes y jóvenes con los que te encuentras a diario como un don de Dios, como el lugar desde donde el Señor Jesús quiere encontrarse contigo. Significa también que tus compañeros de trabajo tienen mucho que ofrecerte y tú a ellos, que si están allí, compartiendo la misma misión es porque Dios con su pedagogía los ha convocado para soñar y trabajar juntos. Esto le dará un giro a tu día a día.  Encontrarás un tesoro que transformará tu corazón. ¡Haz la prueba y verás que bueno es el Señor!

Bueno, María, hoy sólo he querido tocar este punto de mi experiencia de Dios, tengo muchos sorbitos  más que compartir. Tú me dirás si deseas que te sigas contando. Estoy a tu disposición.

Tu amigo y hermano en Cristo

San Ignacio de Loyola.

Magda Hernández

Coordinadora Pedagógica de la U.E. Instituto Técnico Jesús Obrero, en los Flores de Catia

Según tu experiencia acompañando a docentes, ¿cuáles son los aspectos a tomar en cuenta para fortalecer el vínculo entre directivos y docentes?

fotomagda1Creo, en principio, que impera lograr un clima institucional donde reine la comunicación empática. A mi parecer, esto es lo que conlleva a un vínculo entre directivos y docentes. Las dos partes deben encontrarse para dialogar bajo un clima de confianza donde ambos puedan expresarse y escucharse asertivamente, pues al ser empáticos, los prejuicios de unos y otros tienden a minimizarse.

Otro aspecto a considerar y que pudiese permitir el fortalecimiento del necesario vínculo entre directivos y docentes es imaginar e idealizar la institución escolar como un espacio común para el desarrollo de diversas metas educativas que vienen dadas en función del Proyecto Educativo del centro. Es importante la apertura de espacios de diálogo para establecer qué deseamos hacer como propuesta educativa y cómo nos direccionamos en ese sentido.

Asimismo, es importante poner a disposición del otro lo que hacemos: para que lo conozca, para que le aporte elementos que quizás no se han percibido, nutriendo de esa manera el trabajo del otro. Lo dicho en estas líneas implica considerar lo que ambos actores conciben como autoridad y poder y de qué manera lo manejan.

Finalmente, todo lo anterior supone la apertura constante a lo que hemos llamado -al menos en Jesús Obrero- una cultura evaluativa, la cual nos invita a una renovación en algunos modos de proceder ortodoxos que si no se revisan se vuelven anacrónicos e inoperantes, limitando la capacidad de las instituciones para mejorar su calidad institucional.

¿Qué estrategias y/o aspectos se deben cuidar/promover para que el vínculo entre directivos y docentes sea más pedagógico que administrativo en estos momentos, en nuestro país?

Crear y/o fortalecer espacios de encuentro permanentes entre ambos actores.

Tales espacios deben adecuarse a las demandas del contexto, de allí que directores y docentes en conjunto tienen que dialogar permanentemente en función de los aportes y propuestas educativas que están dispuestos a ofrecer de acuerdo a las necesidades y expectativas de los tiempos y las dinámicas sociales.

Los institutos educativos, junto a su personal directivo y cuerpo docente, requieren ser referentes que ofrezcan respuestas oportunas, de acuerdo a las necesidades y expectativas del contexto. Las instituciones educativas y quienes laboran en ellas, deben estar consustanciados con las realidades que les toca afrontar e impera que trabajen y respondan en consecuencia. Ha de ser entonces una institución que busque en su actuar la mejora de la calidad de vida de cada individuo. Creo que es uno de los principales desafíos que deben tener, pedagógicamente hablando, los directivos y docentes, lo cual supone diálogo permanente y la necesaria “cultura evaluativa y renovación” de todas las acciones que se emprendan en las instituciones escolares.

Any Guinand

Entrevista a Any Guinand, Subdirectora de CERPE, sobre la autoridad pedagógica.

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El tema de las relaciones de autoridad en las escuelas es uno de esos temas donde, para muchos de los involucrados, existe lo que los antropólogos denominan una “representación nativa” [1]; es decir, donde se ha construido una comparación nostálgica y retrospectiva con unas escuelas del pasado donde aparentemente la autoridad tenía otra compresión (la escuela no es lo que era, antes en las escuelas,…), sin dar el paso a la adaptación de la comprensión de la autoridad hoy frente a las nuevas culturas juveniles y a los modos de relación que allí se generan.

Favilli plantea en su texto algunos rasgos de la época que condicionan el ejercicio de la autoridad, como por ejemplo, el cambio de percepción del valor de las instituciones frente al valor de los medios, del valor del saber frente al valor de la opinión, la desintegración de la trama social a favor del individualismo, el cuestionamiento de los valores de la verdad, la modificación de las relaciones de equilibrio de poder entre las generaciones, la horizontalización de ciertos niveles de información, la presencia de otros agentes de socialización, entre otros. Y se refiere al “desacople”, como la diferencia de la comprensión de estos aspectos entre el agente que interpela y el agente que responde, incluyendo aquí las relaciones docentes-alumnos, padres-hijos, familias-escuelas.

Hoy en día existe incomodidad ante los vínculos jerárquicos; no se conciben mecanismos de regulación del conflicto o de disciplina que no sean conciliadores, acordados y constructivos, y con frecuencia, no hay coherencia entre lo que piensan y desean las familias con los que sucede en el colegio, evidenciándose una falta de respaldo a docentes y directivos.

Estas transformaciones originan que la autoridad tradicional, institucional, asociada a un rol dentro de una estructura, haya perdido vigencia frente a una autoridad “carismática” (Noel, 2009), asociada a las personas. Entonces, ya el docente no tiene autoridad per se, sino que tiene que trabajar para ganársela frente a sus estudiantes. Esta autoridad asociada a la persona, a su liderazgo, a la forma en que se conduce en un salón de clase y se relaciona con sus alumnos, es una autoridad que no se comparte ni se transfiere, y que adicionalmente, se puede perder. Esto hace, que en cierto modo, sea una debilidad para la escuela, y que los docentes, en esta necesidad de buscar autoridad dentro del aula, puedan desvirtuar la relación docente-alumno, convirtiéndose en “amigos de los estudiantes” o en personas autoritarias, que terminan siendo generadoras de violencia.

Frente a este escenario, se hace imprescindible buscar nuevas formas de repensar la autoridad hacia una basada en las relaciones de enseñanza-aprendizaje, en el vínculo educativo que se debe generar entre los actores de la comunidad escolar. Esta es la que Favilli denomina la “autoridad pedagógica”.

2. ¿Qué acciones consideras importante que pudieran ayudar a mejorar las relaciones de autoridad que se dan en una institución educativa: directivos y docentes; docentes-alumnos; docentes-familias…?

Algunos factores que pueden ayudar son la formación de los docentes en el ejercicio de una autoridad asertiva, sana y constructiva; la consistencia y claridad en las normas y su aplicación; la no utilización de caminos ambiguos o indirectos ante las faltas de conducta (por ejemplo, utilizar las notas como sanción); el acuerdo entre los actores de la comunidad educativa (docentes, directivos, PPMMRR) en cuanto a la existencia, el contenido y la aplicación de las normas; las respuestas oportunas y pertinentes a las faltas de los alumnos; la relevancia de las normas desde el punto de vista de los alumnos; la existencia de relaciones cordiales entre docentes y directivos; la no sustitución de la autoridad por amenazas o coacción, entre otros.

Adicionalmente, Favilli señala que para seguir construyendo relaciones de autoridad en las escuelas, es necesario pensar y comprender los actuales contextos, sin negarlos, aunque por momentos se conviertan en contraculturales con relación a los alumnos.

Se requiere convertir las escuelas en instituciones más flexibles en sus formatos, tiempos y propuestas, que acompañen y faciliten la construcción de un proyecto de vida para los niños y adolescentes; que tengan una autoridad visible, explícita y que pueda dar cuenta de las decisiones que toma, de los criterios que la fundamentan y se responsabilice de sus consecuencias.

Escuelas donde se creen espacios de seguridad en los que los actores de la comunidad educativa (sean alumnos, docentes,…) puedan atreverse a hacer cosas que no saben para aprender a hacerlas; y principalmente, volver a situar la enseñanza como centro en el vínculo educativo entre el docente y el estudiante, donde éstos puedan construir su identidad, se confíe confianza y se crea en los niños y adolescentes y se les dé “una plataforma que les permita saltar y hacer algo nuevo con aquello que, [como docentes], tenemos para brindarles”.


[1] Violencia en las escuelas desde una perspectiva cualitativa / Gabriel Noel … [et.al.]. –  1a ed. – Buenos Aires: Ministerio de Educación de la Nación, 2009. Disponible en: http://www.me.gov.ar/construccion/pdf_observatorio/violencia_en_las_escuelas_2.pdf

Noelbis Aguilar

Noelbis

Entrevista a Noelbis Aguilar, Directora de la Zona Caracas de Fe y Alegría, sobre el tema de la Calidad Educativa en Fe y Alegría y el rol de los equipos directivos en su mejora.

1. ¿Cómo se entiende la calidad de la educación en Fe y Alegría?

Desde el trabajo que viene desarrollando Fe y Alegría a lo largo de estos 58 años, se ha entendido la calidad de la educación por aquella que logra el desarrollo integral de todas las personas buscando mejorar la calidad de vida y de la comunidad donde están y, así como también de la transformación social, para que no sólo se queden en ellos sino que busquen la transformación de la sociedad, minimizando la desigualdad y exclusión.

Esta calidad educativa se traduce en una práctica educativa y de promoción social entendida como proceso concientizador, transformador, participativo, solidario, reflexivo, relevante, creativo, equitativo, eficiente y eficaz, elaborado desde y con las personas excluidas, que promueve un liderazgo grupal sin exclusión, donde cada uno tiene un lugar en el quehacer de la comunidad.

Además aborda la formación de la persona de manera integral, buscando atenderla en sus diversas dimensiones.

2. ¿Cuáles son los factores que, en la experiencia de Fe y Alegría y en la suya en particular, influyen más en la calidad?

Entre los factores que han incidido, puedo mencionar:

La gestión directiva. Equipos Directivos empoderados y que han entendido que lo central de su gestión es lo pedagógico, la administración equitativa y justa de los recursos, la formación y estimulo al desempeño docente.
La planificación. El centro cuenta con un proyecto educativo-comunitario claro, que integra y articula todos los programas, actividades y grupos, construido con la participación de todos los miembros de la comunidad educativa, que responde a la realidad específica de sus educandos, con objetivos y metas concretas, en permanente revisión, evaluación y reconstrucción. Padres, alumnos y docentes participan en la planificación, ejecución y evaluación del proyecto.
La organización. Que genere sinergias internas de la Comunidad Educativa, centrada en su misión, compartida por todos los actores, flexible, enmarcada en un ambiente de confianza y respeto y donde se establezcan compromisos y responsabilidades.
La formación. El procesos de formación de los educadores para que enseñen y promuevan los aprendizajes desde todas las dimensiones del educando.
El acompañamiento y seguimiento. El acompañamiento pedagógico sistemático a los docentes y seguimiento a los procesos del modelo: gestión directiva, enseñanza-aprendizaje, interacción escuela-comunidad, convivencia y construcción ciudadana y su incidencia en los aprendizajes.
La socialización. Espacios de socialización de equipos docentes con directivos, donde se genera un diálogo desde los procesos de enseñanza entre pares sobre experiencias, dificultades durante el proceso de enseñanza- aprendizaje, se identifican y promueven las buenas prácticas a partir del trabajo en equipo.
El ambiente de confianza pero exigente en su misión. El personal docente está centrado en lo que tiene que hacer y no en lo que le gusta hacer, para ello debe tener claro su misión educadora desde el marco del modelo Educativo de Fe y Alegría, Escuela Necesaria y su sistema de mejora.
La evaluación. Proceso de revisión, reflexión y análisis de toma de decisiones, asumido como oportunidad de mejora y de aprender de la propia práctica.
El acompañamiento zonal. Se orienta a los equipos directivos y docentes, forma y se reflexiona con ellos para ayudar a mejorar la calidad de la educación que brindan. Se trata de ofrecerles una forma de hacer las cosas, pero son los propios centros los que se hacen protagonistas de todo el proceso y los que han de saber adaptar a su realidad y a su contexto lo que nosotros les ofrecemos.

3. ¿Cuáles son los principales aprendizajes que han logrado a partir de la implementación del Sistema de Calidad?

Después de seis (6) años de aplicación del Sistema de Mejora de la Calidad (SMC), fueron muchos los aprendizajes:

  • Que todos los actores de los centros conocieran y se apropiaran del SMC, partiendo de la concepción de Calidad que se maneja en Fe y Alegría y articulado con el Modelo de Escuela Necesaria de Calidad.
  • La importancia de conocer y empoderarse de las fases de los sistemas y de las condiciones para garantizar su implementación, desde los procesos de formación, reflexión, análisis y evaluación de la gestión que iban desarrollando para mejorar la gestión, y por ende, incidir en el logro de los aprendizajes de los educandos.
  • Reconocer que la incidencia en los procesos del SMC progresivamente va a impactar en los aprendizajes.
  • Que el Equipo Directivo es el principal líder, animador y promotor del SMC.
  • Que el trabajo en equipo, la participación y el compromiso son clave para generar procesos de calidad.
  • Para incidir en la calidad educativa es importante partir del análisis del contexto, para responder a las necesidades de esa comunidad y poder dar respuestas educativas de calidad. La escuela no puede permanecer aislada de la sociedad, la educación debe añadir a su misión unos planteamientos críticos ineludibles. Tiene como compromiso brindar herramientas para analizar lo que está sucediendo y además proponer prácticas para mejorarlo.
  • Que la calidad educativa es un proceso, y para obtener los resultados esperados, se requiere de sistematicidad, organización, compromiso, co-responsabilidad de todos los involucrados para poder identificar las dificultades, enfrentarlas con respuestas asertivas y concretarlo a través de unos planes de mejora donde los actores del hecho educativo se comprometan y compartan el trabajo en equipo bajo una misma visión.

Además, la implementación del Sistema de Mejora de la Calidad nos ha llevado a pasar de:

“De lo rutinario y estático a lo dinámico”.
“Del individualismo a la colegialidad”.
“Del aislamiento a la apertura”.
“Del voluntarismo a la intencionalidad”.

4. ¿Cuál es el rol de los equipos directivos y cuáles de sus estrategias considera que inciden positivamente en la mejora calidad educativa?

Dentro del proceso de mejora de la Calidad Educativa de los centros educativos de Fe y Alegría, los Equipos directivos tiene un rol muy importante. En primer lugar deben ser genuinamente gestores de la acción pedagógica, es decir, con un fuerte componente gerencial y liderazgo en los procesos de enseñanza-aprendizaje, con vocación pedagógica y verdadero liderazgo, expertos en humanidad y en educación, capaces de promover el crecimiento y la formación continua de su personal, orientados a promover la motivación, la innovación y la participación responsables, que garantizan la coherencia pedagógica y pastoral y la continuidad y evaluación de las propuestas educativas.

Además, el Equipo Directivo como principal responsable de la gestión educativa, se responsabiliza por la marcha del proyecto educativo, por la calidad de las relaciones y de los aprendizajes, y debe ser capaz de confrontar con firmeza aquellas situaciones que pueden atentar contra la misión educadora de la escuela. Cuida que el tiempo escolar sea un tiempo productivo, de aprendizaje, que sólo suspende clases cuando está seguro de que las actividades formativas o los consejos docentes están tan bien preparados y coordinados, y que van a redundar en avances en la mejora educativa.

Dentro de las estrategias que se han puesto en marcha, y que inciden en la mejora de la Calidad Educativa desde la gestión, tenemos:

  • Organización y constitución de espacios permanentes de comunicación e información, donde lo que va sucediendo en el centro educativo es conocido por todos los miembros de la comunidad educativa. Establece una serie de estrategias comunicacionales que permiten que la información fluya, dar cuenta de las decisiones tomadas, de las acciones a implementar, de los equipos de trabajo, de los avances y retrocesos del plan de mejora, del eslogan del año, de las líneas de acción implementadas, entre otros.
  • Organización de espacios de participación y equipos de docentes, estudiantes, familias y comunidad que permitan a todos los miembros de la comunidad educativa hacer y ser parte de diferentes acciones que se desarrollen en el centro educativo.
  • Organización de equipos formados que inciden en la toman decisiones, intervienen en la vida del centro educativo desde la argumentación y la proposición. Son equipos que no solamente contribuyen en la implementación de acciones si no que toman decisiones activamente, proponen momentos, espacios y acciones, reflexionan y evalúan.
  • Desarrollo de acciones sistemáticas para el análisis de contexto lo que ha permitido ir ajustando el proyecto educativo a las necesidades detectadas y creando en los docentes, estudiantes y familias el compromiso por la implementación de acciones de transformación en el entorno social en el que se encuentra el centro educativo.
  • Búsqueda del compromiso de docentes, estudiantes, familias y comunidad para lograr el desarrollo de proyectos de innovación y transformación, tanto en la escuela como en la comunidad local.
  • Institucionalización de los espacios de formación, discusión y reflexión sobre prácticas pedagógicas y el estímulo a los equipos de sistematización que se forman en el centro educativo, promoviendo y posibilitando el ejercicio de la sistematización de las prácticas innovadoras.

Mayor información del Sistema de Mejora de la Calidad de Fe y Algría se puede ver en: http://www.feyalegria.org/es/biblioteca/el-sistema-de

Pastoralistas de los Colegios de la Compañía de Jesús en Venezuela

Foto entrevistaOfrecemos, primero, los pareceres de algunos formadores consultados de los Colegios Jesuitas de Venezuela; y luego, un extracto del mensaje del Papa Francisco dirigido a los niños y jóvenes estudiantes de las escuelas jesuíticas de Italia y Albania, en la reciente audiencia del 7 de junio en Roma.

1. ¿Qué significa la Formación de la Fe, en cuanto a los objetivos y aportes que se ofrecen a los estudiantes del centro educativo, de cara a los retos de la realidad actual?

Formarse en la fe es aprender a creer. Formarse en la fe, es fortalecer la propia fe, por diferentes motivaciones: por sentido de pertenencia e interés personal, porque fundamenta las propias creencias, fortalece el sentido, el por qué y el para qué de la propia vida, ilumina y hace iluminar a otros. Los estudiantes durante los encuentros de formación de la fe, no sólo se expresan y aprenden sobre temas religiosos, sino que logran tener una opción más para su vida, saber qué y por qué hacer en determinadas situaciones, compartir experiencias, tristezas y alegrías; la formación de la fe puede ser un espacio para ser uno mismo, quererse, sentirse querido, y ayudar a descansar de la rutina que asfixia.

Formar en la fe implica enseñar a conocerse, a valorar y aprender a creer, desde la vivencia de experiencias propias. Ayuda a consolidar las fortalezas espirituales para poder enfrentar las debilidades que pueden hacer flaquear la fe.

Sus objetivos están especialmente dirigidos a formar personas con sentido de vida y respeto por la diversidad. De cara a los retos de la sociedad actual, busca desarrollar en el individuo la capacidad de mantener su convicción en un contexto de coherencia y constancia, abierto al diálogo y al cambio con asertividad.

2. La Formación de la Fe en la educación escolar es el cultivo de la dimensión espiritual o religiosa de la persona,  ¿En qué deberían acentuarse la atención o los esfuerzos?

La formación de la fe en la educación escolar debería prestar más atención al acompañamiento familiar y dar el apoyo necesario para el desarrollo y crecimiento de cada estudiante, niño, joven y adulto, en su entorno familiar. Existen muchas situaciones diferentes, poco o nada sanas en las que crecen nuestros niños y jóvenes, que minan la construcción del reino y que hacen mucho más complicada su formación religiosa, haciéndolos cada vez menos creyentes y cerrados a la propuesta de Jesús.

En principio, debería enfocarse en el ser de la persona, su razón existencial, su aporte a la vida, la formación de una conciencia crítica y coherente, lo valioso del encuentro con el otro por encima de la simbología y la teoría. Animar, motivar, enamorar a los estudiantes en la necesidad de alimentar su fe y su espiritualidad.

3. ¿Qué hace la institución educativa donde usted participa para presentar e impulsar la Formación de la Fe en sus estudiantes?

Promueve y apoya las actividades y la formación de los grupos juveniles, anima a la participación de los jóvenes en actividades pastorales, de manera que se incluyan y conozcan la fe desde el compromiso, ofrece acompañamiento personal y grupales para los estudiantes, organiza encuentros formativos para docentes, promueve jornadas de oración, eucaristías y otras celebraciones religiosas que involucran a los estudiantes, desde la planificación, organización y preparación hasta la ejecución y evaluación.

Reflexiona constantemente a la luz de la realidad del contexto, orientando sus planes en clave pastoral, y camina curricularmente valorando lo cognitivo y lo emocional. Propone nuevas estrategias para mejorar sistemáticamente la formación humano-cristiana.

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Encuentro del Papa Francisco con los niños y jóvenes estudiantes de las escuelas jesuíticas

7 de junio, 2013

Cardenal Jorge BergoglioAl mediodía, el Papa Francisco recibió a una ingente y alegre representación de estudiantes de las escuelas que dirigen los jesuitas en Italia y Albania. Más de 8 mil personas: jóvenes con sus familias, profesores y amigos, han llenado el Aula Pablo VI del Vaticano. Fue una especie de feliz fiesta de final de curso que vino precedida, antes de la llegada del Papa, por momentos de animación y testimonio. Pero llegado el momento del discurso, el Santo Padre les ha dicho que cinco páginas eran demasiado, que resultaría muy aburrido. Y ha propuesto entregarles el discurso por escrito, resumiendo en pocas palabras el sentido del mismo, para pasar luego a un vivo diálogo, en directo, de preguntas y respuestas entre los alumnos y el Santo Padre. Siguiendo el camino de san Ignacio de Loyola, que entendió que “Jesús enseña a vivir bien, a dar un sentido profundo a nuestra existencia”, el Santo Padre en su discurso escribe a los muchachos que sigan con “entusiasmo, alegría y esperanza a éste gran Maestro de vida que no sólo enseña, sino que invita a seguirle”. [Traducción de Eduardo Rubió (RV)]

¡Queridos chicos, queridos jóvenes! estoy encantado de recibirles con sus familias, los educadores y los amigos de la gran familia de las Escuelas de los Jesuitas italianos y de Albania. A todos ustedes, dirijo mi afectuoso saludo: ¡bienvenidos! Con todos ustedes me siento verdaderamente “en familia”. Y es una alegría especial la coincidencia de nuestro encuentro con la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

Déjenme decirles una cosa en primer lugar que se refiere a San Ignacio de Loyola, nuestro fundador. En el otoño de 1537, yendo a Roma con un grupo de sus primeros compañeros se preguntaron: ¿si nos piden quiénes somos, que responderemos? La respuesta fue espontánea: “Diremos que somos la “Compañía de Jesús” (Fontes Narrativa Societatis Iesu, vol 1, p 320-322). Un nombre comprometido, que quería indicar una relación muy estrecha de amistad, de total afecto por Jesús, al que querían seguir sus pasos. ¿Por qué les menciono este hecho? Porque San Ignacio y sus compañeros habían comprendido que Jesús les enseñó cómo vivir bien, cómo dar un sentido profundo a nuestra existencia, que dé entusiasmo, que dé alegría y esperanza; habían entendido que Jesús es un gran maestro de vida y un modelo de vida, y que no sólo les enseñaba, sino que les invitaba a seguirlo por este camino.

Queridos chicos, si ahora les hiciera la pregunta: ¿por qué van a la escuela, qué me contestarían? Probablemente habría muchas respuestas dependiendo de la sensibilidad de cada uno. Pero creo que se podría resumir todo diciendo que la escuela es uno de los ambientes educativos en los que crecemos para aprender a vivir, para ser hombres y mujeres adultos y maduros, capaces de caminar, de recorrer el camino de la vida. ¿Cómo les ayuda a crecer su escuela? Les ayuda no sólo desarrollar su inteligencia, sino a tener una formación integral de todos los componentes de su personalidad.

Siguiendo lo que nos enseña San Ignacio, en la escuela el elemento principal es aprender a ser magnánimo. La magnanimidad: esta virtud del grande y del pequeño (no coerceri maximo contineri mínimo Divinum este), que nos hace siempre mirar hacia el horizonte. ¿Qué quiere decir ser magnánimo? Significa tener un gran corazón, tener un alma grande, quiere decir tener grandes ideales, el deseo de lograr grandes cosas en respuesta a lo que Dios pide de nosotros, y para ello hacer las cosas bien todos los días, todas las acciones cotidianas, los compromisos, los encuentros con la gente; hacer las pequeñas cosas de todos los días con un gran corazón abierto a Dios y a los demás. Es importante pues cuidar la formación humana destinada a la magnanimidad.

La escuela no sólo les amplía su dimensión intelectual, sino también humana. Y creo que, en especial, los colegios de los Jesuitas cuidan con esmero las virtudes humanas: la lealtad, el respeto, la fidelidad, el compromiso. Me gustaría hacer hincapié en dos valores fundamentales: la libertad y el servicio. Sobre todo: ¡sean personas libres! ¿Qué quiero decir con ello? Tal vez piensan que la libertad es hacer todo lo que se desea, o aventurarse en experiencias-límite para experimentar la emoción y vencer el aburrimiento. Esto no es libertad. Libertad significa saber reflexionar sobre lo que hacemos, saber valorar lo que es bueno y lo que es malo, cuáles son los comportamientos que hacen crecer, significa elegir siempre el bien. Nosotros somos libres para el bien. ¡Y en eso, no tengan miedo de ir contracorriente, aunque no sea fácil! Ser libres de escoger siempre el bien es un reto, pero les hará personas rectas, que saben enfrentar la vida, personas con valentía y paciencia (parresía e ypomoné). La segunda palabra es el servicio. En sus escuelas ustedes participan en diversas actividades que les llevan a no encerrarse en uno mismo o en su pequeño mundo, sino a abrirse a los demás, especialmente a los pobres y necesitados, a trabajar para mejorar el mundo en que vivimos. Sean hombres y mujeres con los demás y para los demás, verdaderos campeones en el servicio a los demás.

Para ser magnánimos con libertad interior y espíritu de servicio se requiere la formación espiritual. ¡Queridos chicos, queridos jóvenes, amen cada vez más a Jesucristo! Nuestra vida es una respuesta a su llamada y ustedes serán felices y construirán bien su vida si saben responder a esa llamada. Sientan la presencia del Señor en su vida. Él está cerca de cada uno de ustedes como compañero, como amigo, que les ayuda comprender, que les alienta en los momentos difíciles y nunca les abandona. En la oración, en el diálogo con Él, en la lectura de la Biblia, descubrirán que Él está realmente cerca. Y aprendan también a leer los signos de Dios en su vida. Él siempre nos habla, incluso a través de los hechos de nuestro tiempo y de nuestra existencia cotidiana: a nosotros nos corresponde escucharlo.

No quiero ser demasiado prolijo, pero una palabra específica quisiera dirigirla también a los educadores: los jesuitas, los maestros, los padres. ¡No se desanimen ante las dificultades que presenta el desafío educativo! Educar no es una profesión, sino una actitud, una forma de ser; para educar es necesario salir de sí mismos y estar entre los jóvenes, para acompañarlos en las etapas de crecimiento, estando a su lado. “Denles a los jóvenes esperanza, optimismo para afrontar su camino en el mundo. Enséñenles a ver la belleza y la bondad de la creación y del hombre, que siempre conserva la huella del Creador. Pero sobre todo den testimonio de lo que les comunican con su vida. Un educador – Jesuita, profesor, operador, padre – transmite conocimientos, valores con sus palabras, pero va a ser determinante con los niños si acompaña sus palabras con su testimonio, con su vida coherente. ¡Sin coherencia no es posible educar! Todos ustedes son educadores, no pueden delegar competencias en esta materia. La colaboración en un espíritu de unidad y comunidad entre los diferentes componentes educativos es, pues, esencial y debe ser alentada y alimentada. La escuela puede y debe actuar como catalizador, para ser un lugar de encuentro y de convergencia de toda la comunidad educativa con el único objetivo de formar, ayudar a crecer como personas maduras, simples, honestas y competentes, que sepan amar con lealtad, que sepan vivir la vida como una respuesta a la vocación de Dios, y la futura profesión como un servicio a la sociedad.

A los Jesuitas quisiera añadirles que es importante fomentar su participación en el campo educativo. Las escuelas son una herramienta valiosa para dar una contribución al camino de la Iglesia y de toda la sociedad. El campo de la educación no se limita a la escuela convencional. Anímense a buscar nuevas formas de educación no convencionales, según “las necesidades del lugar, tiempo y de las personas.”

Por último, un saludo a todos los ex-alumnos presentes, a los representantes de las escuelas italianas de la Red de Fe y Alegría, que conozco bien por el gran trabajo que hace en América del Sur, sobre todo entre las clases más pobres.

Y un saludo particular va a la delegación del Colegio albanés de Scutari, que después de largos años de represión de las instituciones religiosas, a partir de 1994 reanudó sus actividades, acogiendo y educando a jóvenes católicos, ortodoxos, musulmanes, e incluso algunos alumnos nacidos en contextos familiares agnósticos. Así la escuela se convierte en un lugar de diálogo y de confrontación pacífica, para promover actitudes de respeto, escucha, amistad y espíritu de cooperación”.

Queridos amigos, gracias a todos por este encuentro. Los encomiendo a la intercesión maternal de María y los acompaño con mi bendición: El Señor siempre está cerca de ustedes, les levanta de las caídas y les empuja a crecer y a tomar decisiones cada vez más altas “con gran ánimo y liberalidad” con magnanimidad. Ad Maiorem Dei Gloriam. (Para mayor gloria de Dios).

Hna. Elena Azofra

Hermana ElenaEntrevista a la Hna. Elena María Azofra Villa, Religiosa de la Pureza de María, Coordinadora de Pastoral de la U.E. Fe y Alegría “Roca Viva” en Petare, sobre el tema de la Inteligencia Espiritual.

1. ¿Desde cuándo se viene estudiando el ámbito de la Inteligencia Espiritual (IE) relacionado con la formación escolar?

- En la última década del siglo anterior surge la idea de inteligencia transcendente (Gadner 1999), y como toda inteligencia, potencialmente educable.

- Desde el ámbito educativo y pedagógico se venía profundizando bastante tras el Informe Delors “La educación encierra un tesoro” (1996) que incidió audazmente sobre la importancia de trabajar la dimensión espiritual, como medio para el crecimiento personal, así como para la prevención y la resolución de conflictos.

- Pero la idea de la IE relacionada con el proceso de educación escolar aparece en el 2004. Son el equipo de MacGilchrist, Myers y Reed los que elaboran una lista de tipos de inteligencia que consideran necesarias desarrollar en el sistema escolar y entre ellas proponen la inteligencia espiritual, describiéndola como la facilidad para adquirir un sistema de valores, que se caracteriza por apreciar fundamentalmente la vida y el desarrollo de todos los miembros de la comunidad.

2. ¿Con qué nuevos fundamentos contamos hoy en el campo de la IE?

Fundamento neuronal y psiquiátrico: desde 1997 Dahar Zohar e Ian Marshall descubrieron que cuando las personas efectúan alguna práctica espiritual o hablan sobre el sentido global de sus vidas, las ondas electromagnéticas en sus cerebros presentan oscilaciones de hasta cuarenta megahercios a través de las neuronas. Estas oscilaciones recorren todo el cerebro, pero presentan una oscilación mayor y estable en el lóbulo temporal. Según Zohar, la inteligencia espiritual activa las ondas cerebrales permitiendo que cada zona especializada del cerebro converja en un todo funcional.

Fundamento psicológico: Robert Emmons (2000) define la inteligencia espiritual como aquella capacidad que abarca la fase trascendental del hombre, el sentido de lo sagrado y los comportamientos virtuosos. La relaciona directamente con la experiencia religiosa y ética.

Fundamento pedagógico: Gardner propone el paradigma de las inteligencias múltiples, que estima que el ser humano no es unidimensional en su aprendizaje y desarrollo, sino que es diverso en capacidades y posibilidades. Según este autor, todas las personas tenemos una inteligencia trascendente.

Fundamento teológico: J. Martín Velasco habla del paso de un cristianismo impersonal, sociológico, de masas, a un cristianismo personalmente asumido; como paso de una fe pasiva a una fe activa; como cambio de un catolicismo practicante, hecho de ritos y prácticas cumplidas por obligación o por presión social, a un cristianismo confesante.

Personalizar el cristianismo significa realizar personalmente la experiencia cristiana con su pluralidad de dimensiones que abarcan la totalidad de la persona: razón, sentimiento, decisión, opción libre, acción en el mundo, relación interpersonal, con su asombrosa pluralidad de niveles, que comportan un largo itinerario y el paso por etapas sucesivas, y con su inagotable riqueza de aspectos: teologal, ético, cúltico, práctico y hasta político.

3. En su opinión, ¿cuáles son las razones principales por las cuales un estudiante común y corriente debe aprender y desarrollar este tipo de inteligencia para desempeñarse adecuadamente en su vida diaria?

La razón que priorizo es la necesidad urgente de evitar en los jóvenes el vacío existencial que conduce a las adicciones y al sinsentido.

Estoy convencida que la IE abre en la persona una dimensión muy íntima y profunda a la vez que trascendente y elevada. Esa dimensión gestada por el espíritu se expresa a través de un comportamiento ético, coherente con los valores que anhelamos para nuestra sociedad.

¿Cómo evitar el vandalismo, la violencia, las evasiones de la responsabilidad, las conductas autodestructivas, las adicciones, y un etc. muy largo de antivalores? Educando en el saborear el silencio como oportunidad de escucha de la vida, en el uso de la soledad como espacio de autoencuentro, en la contemplación como mecanismo para ver lo que se escapa a la vista superficial, en el diálogo como el “meeting point” (punto de encuentro) entre los “diferentes”, en el gozo por el arte – o la música o la naturaleza- como expresión del encuentro con la belleza, en la solidaridad y el cuidado del cuerpo como aplicación del mandamiento del amor a sí mismo y al prójimo…. Y así sucesivamente.

4. Usted es de las personas que opina que la Inteligencia Espiritual debe ser un componente de la Educación Integral, ¿qué consejo le da a las autoridades educativas, los investigadores, docentes de educación de las universidades y de Educación Básica y Media para que esto sea una realidad a nivel de las aulas?

Durante mucho tiempo hemos enfatizado el desarrollo de nuestra inteligencia racional (coeficiente intelectual o CI). A finales del S. XX fue el BOOM de la inteligencia emocional. Ahora el esfuerzo investigativo y educativo se aboca hacia la IE con la convicción de que ella puede proporcionarnos el sentido y motivación más profundo de nuestra vida y trabajo.

Como afirma Zohar: “La IE reside en la parte profunda del yo conectada a la sabiduría que supera al consciente. Esta inteligencia nos permite reconocer los valores ya existentes y descubrir nuevos valores”.

En el contexto tan diverso en el que vivimos y educamos, preparar a niños y niñas para que sepan desarrollar su dimensión espiritual, representa una urgencia. Si tienen los elementos y experiencias necesarias para elegir por sí mismos, serán más felices y se sentirán parte en la construcción del mundo actual, complejo y lleno de posibilidades.

La dimensión espiritual del ser humano ha de ser declarada dentro de la integralidad de la educación. A todos los educadores nos preocupa, y nos cuestionamos cómo lograr esa integralidad en los niños y jóvenes. Procuramos a través de planes y proyectos que se desarrollen en sus capacidades cognitivas, emocionales, sociales, pero también hay que pensar en cómo desarrollar la IE. No podemos pensar que la dimensión espiritual es exclusiva de una élite o un valor agregado en el Proyecto Educativo de Centros confesionales.

Toda acción de rango espiritual es valiosa por sí. Prácticas de silencio, de contemplación, de soledad, de oración, de solidaridad… garantizan el desarrollo pleno de la persona y dan un sentido a la vida misma; se aprende a vivir “con ideales” y convierte en una actividad “normal” la vivencia del Misterio que habita en cada uno y en el mundo que nos rodea. El descubrimiento de que otros viven esta misma experiencia, anima a compartir y enriquecerse de las mutuas experiencias espirituales.

5. ¿Cuál sería la vinculación entre el enfoque que plantea la IE y el proceso de Enseñanza – Aprendizaje por competencias?  

¿Una novena competencia? Dentro del paradigma de las múltiples inteligencias que propone Gardner nos cuestionamos si la novena habilidad IE es también una competencia.

Sabemos que una competencia debe cumplir unos requisitos: ser un conocimiento aplicado a una realidad, que desarrolle habilidades o destrezas y actitudes.

Es curioso que para F. Torralba, el cultivo de la inteligencia espiritual pasa por la práctica del diálogo, del ejercicio físico y del deleite musical, entre otras posibilidades.

Yo estoy de acuerdo con la afirmación de que la IE es perfectamente educable. Pero para dar el paso al campo de lo que llamamos competencia educativa habrá que considerar que se debe desarrollar a través de una serie de experiencias pedagógicas (no solo pastorales) planificadas, generadoras de habilidades como -por ejemplo- el saber formularse preguntas trascendentes, el interpretar la realidad desde la sabiduría y desde la interioridad, el fomentar actitudes de apertura a la diversidad (alteridad), de diálogo, de valor ante la adversidad, de asombro, capacitar en comunicación a través de símbolos, en saber aplicar esa experiencia trascendente a una relación con Misterio (religión) y aceptar el compromiso que conlleva a nivel personal y comunitario.

6. En su experiencia de educadora de Educación Básica y Media, ¿qué falta y qué sobra en los currículos de Educación Religiosa Escolar o en lo que llamamos pastoral escolar y a qué se le debería dar mayor énfasis?

A veces configuramos la Pastoral de un Centro como una serie de actividades de naturaleza espiritual o mística, otras veces la Pastoral se entiende como una serie de estrategias para educar en el carisma fundacional y en otras ocasiones, se reduce la Pastoral meramente a espacios oracionales y la Educación Religiosa escolar a la clase de valores humano cristianos. Nada de eso ha de faltar en una pastoral Educativa, pero se quedará corta la acción pastoral si solamente se desempeña así.

Un centro educativo cristiano se distingue por el “aire” que se respira en él. Ese ambiente debe ser el proceso de pastoral apoyado en la competencia espiritual. Por ejemplo, comento algunos síntomas de los que me parece que conviene transformar en un centro educativo en relación a la formación religiosa y/o espiritual:

-          No se trata de que los estudiantes sepan responder preguntas sobre la fe, sino que sepan preguntarse hondamente y trazarse un plan de vida que vaya respondiendo a esos cuestionamientos.

-          No es intentar que el personal y los estudiantes se asombren ante la liturgias, los dogmas o las creencias, sino desarrollar en todos la capacidad de asombrarse y comprometerse con la realidad del mundo en el que viven, gracias a la comprensión del modelo de vida que Jesús presenta en sí mismo.

-          No se trata de invitar a los representantes a defender la religión que confiesa la Escuela, sino de que ellos y sus hijos tengan la actitud de vivir la fe que les dé sentido trascendente, incremento continuo de gozo y tolerancia en medio de la diversidad de creencias.

-          No se trata de saber de memoria los valores y principios rectores de un centro, sino de suscitar la capacidad de saber aplicar esos valores, de identificarse con ellos y comprender los de los demás.

7. ¿En qué ha consistido la experiencia que han desarrollado en su institución?

Se ha dado una sinergia de tres oportunidades:

La primera que en nuestra Congregación Pureza de María educamos integrando la pedagogía y la pastoral; en el modelo pedagógico que ofrecemos colocamos como primer rasgo el Cultivo de la interioridad.

La segunda que el modelo pedagógico que propone Fe y Alegría contempla un eje de valores humano cristianos, desde Inicial a Secundaria.

La tercera, el interés personal sobre la IE y el convencimiento de que ésta sea además una competencia educativa básica.

Hace tres años se ofrecieron talleres sobre IE a los docentes del Colegio y se propuso a las maestras de los niveles de Primaria desarrollar estrategias sencillas que despertaran en los niños y niñas su inteligencia espiritual.

Estrategias muy fáciles de aplicar y que llenaran de sentido trascendente las mentes y los corazones de los niños(as), como las siguientes:

1.- Iniciar la jornada escolar en el aula con un espacio de silencio, de escucha de música suave, de reflexión sobre un texto de la vida de Jesús o de contemplación de un paisaje bello en un afiche.

2.- Desarrollo de la capacidad de deleite ante el arte religioso visitando una iglesia elevada y amplia, con abundante luz y decoración religiosa en escultura, como por ejemplo la Iglesia dela Virgen de Chiquinquirá en La Florida- Caracas.

3.- Oferta de una experiencia de fe que anime al encuentro con Dios en la vida diaria (espacio de oración meditativa dirigida complemento de la ERE), en la celebración de la fe y en los sacramentos (Eucaristías mensuales desde 3° grado) y proponer a María como modelo de seguimiento de Cristo (mes de mayo).

4.- Estimulo de la sensibilidad ante el dolor y las necesidades de los más pobres y desvalidos, que mueva a acciones solidarias concretas: campaña de alimentos, visita a hogar de ancianas.

También y como complemento de estas sencillas estrategias, nos planteamos qué competencias desearíamos que nuestros estudiantes desarrollaran, que emanaran directamente de la Competencia espiritual y elaboramos un perfil del estudiante por etapas.

Para lograr ese perfil hemos ido introduciendo indicadores de IE no sólo en el eje de valores humano cristianos del programa de Escuela Necesaria de Fe y Alegría, sino también en todas las áreas y asignaturas de los niveles de Primaria. Indicadores evaluables cuyos logros garantizan que los estudiantes de la edad que sean- progresan en el desarrollo integral de su persona.

Algunos de los indicadores tienen relación con el planteamiento de interrogantes sobre el sentido de la vida desde todas las áreas, otros sobre la actitud reflexiva, otros sobre la integración de los contenidos de fe y cultura en la vida, o sobre el testimonio de su compromiso cristiano ene la aula y más allá del aula, también sobre los roles que asume en situaciones de solidaridad, en liturgias o en campañas como las de buen trato, a favor de la paz y de la vida.

Cardenal Jorge Bergoglio -Papa Francisco-

Fragmentos del Capítulo “Educar desde el conflicto”, del libro “ElCardenal Jorge Bergoglio Jesuita”, de Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti, 2010, Buenos Aires (Tomado de la versión distribuida por vía digital en la Compañía de Jesús) 

 ¿Cómo puede la escuela encontrar el difícil punto de equilibrio entre el anclaje en el pasado… y la necesidad de educar para un mundo diferente…?

Vamos a hablar del alumno y hacerlo extensivo a la escuela. Suelo decir que para educar hay que tener en cuenta dos realidades: el marco de seguridad y la zona de riesgo. No se puede educar solamente en base a marcos de seguridad, ni solamente en base a zonas de riesgo; tiene que haber una proporción, no digo equilibrio, sino proporción. Siempre la educación supone un desequilibrio. Uno empieza a caminar cuando nota lo que le falta, porque si no le falta algo no camina.

¿Cuál sería, entonces, el sano desequilibrio educativo?

Hay que caminar con un pie en el marco de seguridad, o sea, en todo lo que viene adquirido, lo que fue incorporado por el alumno, aquello donde está seguro y se siente cómodo. Y con el otro pie, tentar zonas de riesgo, que tienen que ser proporcionales al marco de seguridad, a la idiosincrasia de la persona, al entorno social. Entonces, se va transformando esa zona de riesgo en un marco de seguridad y así sucesivamente, se avanza en la educación. Pero, sin riesgo, no se puede avanzar y, a puro riesgo, tampoco.

¿Esto tiene relación con lo que usted llama “la cultura del naufragio”?

En parte sí, porque el náufrago se enfrenta al desafío de sobrevivir con creatividad. O espera que lo vengan a rescatar o él mismo empieza su propio rescate. En la isla donde llega tiene que empezar a construir una choza para la que puede utilizar los tablones del barco hundido y, también, elementos nuevos que encuentra en el lugar. El desafío de asumir lo pasado, aunque ya no flote, y de utilizar las herramientas que ofrece el presente de cara al futuro.

Algunos sostienen que hoy a los adolescentes, a los jóvenes, les resulta muy difícil aceptar la educación que viene de adultos que no tienen ningún tipo de seguridad…

Hay que partir de las grandes certezas existenciales. Por ejemplo: hacer el bien y evitar el mal, que es una de las certezas morales más elementales. También hay certezas culturales y certezas convivenciales. Pero hay que ir a las grandes certezas existenciales hechas carne en la coherencia de vida y, desde allí, dar los pasos hacia adelante.

¿Cómo puede influir lo testimonial en esto?

Muchísimo. Una certeza no es solamente un consejo, una convicción intelectual, una frase. Es también un testimonio, una coherencia entre lo que se piensa, lo que se siente y lo que se hace. Es fundamental que uno piense lo que siente y lo que hace; sienta lo que piensa y lo que hace, y haga lo que piense y siente. Que ejercite el lenguaje de la cabeza, del corazón y de las manos.

Ahora bien, a la hora de elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos, ¿usted cree que los padres privilegian realmente… la formación en valores?  

Creo que, en general, los padres que tienen más posibilidades de elegir se dejan llevar por una dinámica promocional para sus hijos: “Este colegio le va a dar más herramientas funcionales”, dicen pensando, por ejemplo, en la capacitación en computación o en idiomas, y no se plantean tanto el tema de los valores. Más allá de la importancia de contar con una buena propuesta curricular, esa demanda lleva a algunos colegios a entrar en un funcionalismo promocional que descuida algo tan vital como el aspecto formativo. Ciertamente, los institutos educativos confesionales, en general, y los católicos, en particular, no escapan a ese riesgo.

Papa FranciscoHablando de valores, es inevitable apelar a la vieja figura del maestro que daba ejemplo, que marcaba pautas, que sabía interpretar a los alumnos y establecía una relación humana con cada uno.

Creo que la educación se “profesionalizó” demasiado. Es necesario, sin duda, estar al día y la actitud profesional es sana, pero no debe hacer olvidar la otra actitud, la que acompaña, que sale al encuentro de la persona, que considera al alumno en todos sus aspectos.

¿Lo puede ejemplificar con algún caso concreto que le haya tocado vivir?

Sí, recuerdo que a comienzos de los años noventa, siendo vicario de Flores, una chica de un colegio de Villa Soldati, que cursaba el cuarto o quinto año, quedó embarazada. Fue uno de los primeros casos que se planteó en la escuela. Había varias posturas acerca de cómo afrontar la situación, que contemplaban hasta la expulsión, pero nadie se hacía cargo de lo que sentía la chica. Ella tenía miedo por las reacciones y no dejaba que nadie se le acercase. Hasta que un preceptor joven, casado y con hijos, un hombre al que yo respeto mucho, se ofreció para hablarle y buscar con ella una solución. Cuando la vio en un recreo le dio un beso, le tomó la mano y le preguntó con cariño: “¿Así que vas a ser mamá?” y la chica empezó a llorar sin parar. Esa actitud de proximidad la ayudó a abrirse, a elaborar lo que le había pasado. Y permitió llegar a una respuesta madura y responsable, que evitó que perdiera la escolaridad y quedara sola con un hijo frente a la vida, pero también —porque era otro riesgo— que las compañeras la consideraran una heroína por haber quedado embarazada.

¿Se encontró la solución a través del acercamiento y no del rechazo?

Sí. Lo que hizo el preceptor fue salir testimonialmente a su encuentro. Corrió el riesgo de que la chica le contestara con un “¿a vos que te importa?”, pero tenía a su favor su gran humanidad y que buscó acercarse desde el amor. Cuando se quiere educar solamente con principios teóricos, sin pensar en que lo importante es quién tenemos enfrente, se cae en un fundamentalismo que a los chicos no les sirve de nada ya que ellos no asimilan las enseñanzas que no están acompañadas con un testimonio de vida y una proximidad y, a veces, a los tres o cuatro años, hacen una crisis, explotan.

¿Tiene alguna fórmula que recomiende para procurar no caer en el rigorismo frío y distante en la transmisión de valores, ni tampoco en la demagogia de querer ganarse la simpatía fácil del alumnado aplicando un relativismo que admite todo?

Fórmula, ninguna. Pero, tal vez, esto que les voy a contar pueda servir. Suelo decirles a los curas que cuando están en el confesionario no sean rigoristas, ni “manga ancha”. El rigorista es aquel que aplica, sin más, la norma. “La ley es ésta y punto”, dice. El “manga ancha” la deja de lado. “No importa, no pasa nada, total la vida es así, seguí adelante”, considera. El problema es que ninguno de los dos se hace cargo de quien tenía delante; se lo sacan de encima. “Y entonces, padre, ¿qué debemos hacer?”, me preguntan. Y les respondo: “Ser misericordiosos.”

¿La situación actual de la escuela ayuda en este sentido?

Seguramente, no. Los docentes están mal pagos y nos les alcanza con un solo trabajo para vivir. Además, en las aulas hay demasiados chicos y los docentes no pueden estar cerca de cada uno de ellos. Pero no es un problema de ahora. Además, el pacto educativo está roto. Hoy los padres, los docentes, los alumnos, los gremios, el Estado, las confesiones religiosas no tiran para un mismo lado, como debiera ser, y el que paga las consecuencias es el chico. Hace falta una acción concertada.

Además, los docentes se sienten con frecuencia desautorizados por padres que no permiten que se le diga nada a su hijo…

En nuestra época, y esto no significa que haya sido mejor o peor, cuando llegábamos a casa con una observación, la “ligábamos”. Ahora, en cambio, muchos padres consideran que el problema es del docente que la aplicó y van a hablar con él para defender al nene. Al actuar de ese modo, evidentemente, le sacan autoridad al docente; el chico ya no lo respeta. Y cuando se quita autoridad se quita un espacio de crecimiento. Autoridad viene de augere que quiere decir hacer crecer. Tener autoridad no es ser una persona represora. La represión es una deformación de la autoridad que, en su recto ejercicio, implica crear un espacio para que la persona pueda crecer. Alguien con autoridad es alguien capaz de crear un espacio de crecimiento.

Acaso el término se desvirtuó…

Claro. Pasó a ser sinónimo de acá mando yo. Es curioso, pero cuando el padre o el maestro tiene que decir: “acá el que manda soy yo” o “acá el superior soy yo” es porque ya perdió la autoridad. Y entonces, la tiene que afianzar con la palabra. Proclamar que uno tiene la “manija” de algo implica que se dejó de tenerla. Y tener la “manija” no significa mandar e imponer, sino servir.

Jonás Berbesí Ortíz

LA “ERE”, SUS APORTES Y NECESIDADES

1-      ¿Sigue teniendo vigencia la ERE como componente escolar hoy? 

Jonás

Hoy como ayer, el ser humano sigue naciendo con la tarea de asumir su propio camino para construir su personalidad. Cada estudiante que aparece en las aulas tiene encomendada su propia vida como el primero de los trabajos. Un encargo que puede o no realizar, según el uso de su libertad.

La Educación Religiosa Escolar (ERE), sensibilizada de la gran responsabilidad que tiene la acción educativa, por su trascendencia y determinación para orientar a cada persona hacia su plena realización, evitando su deshumanización, muestra una imagen o modelo concreto de persona u hombre, Jesucristo, en quien se ofrece la plenitud de la verdadera humanidad.

La configuración con este Modelo de persona, Cristo el hombre nuevo, lo logra la ERE poniendo en el centro de atención a la persona, al concebirla como un ser mistérico (complejo), único, histórico, con apertura al otro y, a la vez, inquieto por realizarse, es decir, con una vocación. Favorece la búsqueda de lo esencial a la existencia humana que posibilita su plenitud como hombre/mujer, ayudando a encontrar, más allá de los conocimientos individuales, el sentido unitario y global que le falta a la enseñanza y a la vida; y finalmente la ERE, ayuda a sacar a la luz la riqueza que habita en el corazón humano, pues el cultivo de la dimensión religiosa hace al hombre/mujer más persona, y le permite atender sus necesidades espirituales de superarse a sí mismo y elevar el pensamiento y el espíritu hacia lo trascendente.

Por otra parte, y ante las características de la cultura actual, como lo afirma una estudiosa de la ERE, la Dra. María Eugenia Gómez, nuestros alumnos necesitan del mensaje cristiano para no quedarse exclusivamente en un sentido inmanente que se encierra en sí mismos y ahoga al mismo hombre. Una cultura sin Dios es una cultura empobrecida, sin alas que permitan trascender lo inmediato o el presente. La ERE busca ofrecer respuestas profundas que además de hablar de Dios afectan a lo más íntimo de la conciencia humana, llenando a la persona de esperanza.

2. ¿Qué necesita la ERE para que su aporte sea eficaz y eficiente en la actualidad?

Además de visualizar las razones que justifican la ERE como componente clave de toda educación que se denomine integral, la ERE, necesita de una serie de condiciones o ámbitos, a mi entender, claves para llevarse a cabo de manera eficaz y eficiente, entre ellos, la atención al contexto (social-cultural-eclesial-escolar), lo pedagógico-curricular, el docente, el estudiante, los contenidos y también lo legal y laboral.

Cada uno de estos aspectos o ámbitos tienen una singularidad que en unos casos los acerca o los aleja – diferencia de las demás áreas o asignaturas de la estructura curricular. Hecho que limita este trabajo, pero que a la vez, beneficia el diálogo y la integración entre fe,   cultura y vida.

Por ejemplo, el docente es un enviado a realizar una misión en nombre de Jesucristo y la Iglesia, pero que además debe estar capacitado para enseñar con el mismo rigor y la misma responsabilidad que cualquier otro docente, pero a la vez muy distinto a los otros, por hacerlo desde un compromiso de fe, que requiere madurez humana y espiritual. (Gómez, 2012)

Del docente de ERE o Formación Humano-cristiana, se requiere:

  • Credibilidad e identidad: los católicos hemos perdido credibilidad. Desde el educador, ser coherentes.
  • Rostro amable, amoroso.
  • Profundidad en la experiencia de Dios.
  • Ser testimonio: fiel en lo que creo. Del profesor de humano-cristiano se espera algo más. Coherencia entre lo que se vive en el aula y en la vida. Valores cristianos.
  • Carácter humanizador: al ayudar a ser persona, se le ayuda a ser creyente.
  • El docente debe estar formado, ser modelo, creíble, debe ser una voz, con fuerza, dominio de contenido y lenguaje bíblico.
  • Vivir con pasión cada clase o sesión.

3.     ¿Cuál es la situación actual de la ERE en nuestro país?

Hacer un descripción detalla de cada ámbito de la ERE antes enunciado sería una tarea de grandes dimensiones nada viable para este corto espacio. Lo que si puede ser posible aquí es listar una serie de aspectos, puertas adentro de los centros educativos donde existe la ERE, que los propios docentes consideran que se están desarrollando:

  • Existe estructura curricular definida: objetivos, contenidos, estrategias.  Tiene un propósito y un para qué.
  • Se hacen esfuerzos para que los contenidos estén adaptados a la vida de los estudiantes.
  • Los docentes de ERE dan credibilidad, identidad y confianza; son personas creyentes; dan testimonio de vida y existe varios de ellos formados en este campo.
  • La apertura de espacios de formación que le permitan al docente obtener herramientas que le ayuden no solamente al cultivo de su vivencia espiritual sino también a la preparación para impartir contenidos.
  • La ERE, en los centros educativos donde existe, es bastante inclusiva, las personas se acercan, dan ideas, propuestas que son escuchadas y luego se efectúan, se llevan a cabo. Los alumnos, los padres y demás docentes encuentran respuestas.
  • La existencia de un equipo de ERE (Pastoral), la distribución de tareas y sentido de solidaridad y colaboración.
  • La existencia de ambientes o espacios de oración abiertos a todo el personal que abren oportunidades e invitan al llamado vocacional de servir a Dios por medio del servicio a los demás.
  • El hecho de que las clases de ERE las lleven mayoritariamente por laicos, graduados en la universidad, en especial mujeres, facilitan que las posibilidades de adaptación a la nueva cosmovisión que tiene como centro a la persona sean más viable y provechosas.
  • Los avances en la Sistematización de las experiencias pastorales.

4.     ¿Qué cambios se necesitarían impulsar para que la ERE logre su finalidad principal?

Al igual que en la respuesta anterior, para que la ERE logre dar los frutos a la que está convocada y que tanto urge hoy para contribuir con los estudiantes en su tarea de formar su personalidad – humanidad, se necesitan impulsar varios cambios, grandes y pequeños, tanto externos como internos al centro escolar.

Entre los externos y que tienen un peso determinante están: la conciencia proactiva que debe asumir la familia, al valorar y exigir la ERE como un derecho humano clave para la formación integral de sus hijos; el Estado venezolano, primero en garantizar y hacer cumplir lo establecido en la Constitución, al establecerse la educación integral de calidad como un derecho inalienable de la persona. Y también a la propia Iglesia-Institución en su papel de ser articuladora y animadora de la misión evangelizadora encomendada.

En cuanto a lo interno de la propia ERE, algunos de los esfuerzos a impulsar, también en palabras de sus propios docentes, serían:

  • La sistematización de las experiencias significativas para valorar y socializar el trabajo realizado y enriquecer así, en conjunto, la práctica pedagógica que se desarrolla.
  • Profundizar el empleo de la Pedagogía Divina en todos los niveles del sistema educativo, teniendo más conocimiento y manejo de herramientas pedagógicas por parte de los docentes.
  • Se sigue necesitando más coherencia en el actuar docente, entre lo que se dice y se hace,  y esto a pesar que se dispone de buena y bastante formación.
  • Faltan mayores esfuerzos por integrar-iluminar todas las áreas o asignaturas del currículum desde su sentido último, lo humano – espiritual.
  • El acompañamiento, como recurso complementario a la actividad de aula, necesita contar con una estructura que haga más eficaz su ejecución y garantice más la calidad de la atención, empezando por aquellos que más lo necesitan, los más desfavorecidos.
  • Existen muchas personas, docentes, padres y madres de familia con vocación y deseos de servir en esta misión pero que necesitan de una formación y un acompañamiento especializado para poderse formar y entrenar rápidamente en este campo.
  • La necesidad de clarificar y contar con indicadores de logro para observar de qué manera estamos formando muchachos críticos, reflexivos y con una profundidad en la fe.

REFLEXIONES EN EL AÑO DE LA FE

Alejandro López Cardinale

Alejo SagradaFamiliaBarceloQuisiera dedicar esta primera reflexión a una amiga personal, Neris Yolanda “Gogó” Montemurro, quién vivió su pascua luego de batallar con el cáncer de cerebro por más de tres años. Con mi “querida uruguaya”, quiero hablarles lo que para mí representa la fe en Jesucristo y en su Iglesia. A Gogó la conocí en mi tiempo de vicario, y luego de administrador parroquial de San José de Chacao, entre los años 1993-1997. Luego pasó a formar parte del Equipo de Cáritas Parroquial de la parroquia El Buen Pastor, Bello Campo, siendo yo el párroco, entre 1997-2000.

Lo que más me sorprendía de Gogó, y me sigue sorprendiendo en medio de su pascua, era su alegría, una alegría indómita, una alegría que brota desde el alma. Me refiero a una alegría que no es risa, aunque se reía. Era una alegría que la mantenía “ardiente”, trabajando incansable para levantar a sus hijas y educarlas, para colaborar con su esposo en el mantenimiento de la casa, para dar el diezmo a la parroquia. No era rica. No, al contrario, pertenecía a una familia trabajadora media. Y trabajaba durísimo. Cocinaba de noche, y se levantaba temprano para ir a colocar sus dulces en los quioscos y entre los vecinos.

Su camino de conversión, del cual he sido testigo privilegiado, pasó por un encuentro profundo con Jesucristo a través de un grupo de la Renovación Carismática, encuentro que la marcó. Le creó una sed insaciable por conocer la Palabra de Dios. Era mi primera participante en todos los cursos bíblicos que realicé en Chacao y Bello Campo, y colaboró estrechamente en la catequesis de adultos. Junto con una de sus hijas, dirigió con mucho tino Cáritas Parroquial, y visitaba a nuestros enfermos de la parroquia. ¿Con qué tiempo lo hacía? Siempre me admiró que a pesar del cansancio de trabajar por la noche y dormir poco, ella siempre estaba dispuesta a decir “sí, aquí estoy”. Y eso, es para mí, fe.

Etimológicamente la palabra “fe” en hebreo es: “emunah”, y proviene de la raíz “aman” (de aquí viene nuestro “amén”), que significa “creer en algo sólido y firme”. Para la cultura semita, “emunah”, “creer en algo sólido y firme”, se entiende como una cualidad o actitud en sí misma, y se da solamente cuando el ser humano vive en relación con el otro. Por lo tanto, antes de ser un concepto –cultura griega-, fe es una actitud relacional: confío o no en la persona y en su palabra, que la define. Confiar en la persona y en su palabra que la define, implica “poner el corazón en ella”. De ahí que en nuestro idioma castellano utilicemos la palabra fidelidad para indicar la relación de fe que entre dos personas se establecen y que pasan por la apertura del corazón. Para la cultura semita, se cree por el corazón, que se abre a la acción de la palabra creadora.

Para los griegos, y nosotros somos hijos de su cultura –junto con la romana/latina-, “fe” es “pistis”, que implica una convicción de creencias y verdades que la estructuran y le dan solidez y firmeza, y no solamente una actitud del corazón y la voluntad. Para el griego-romano, “fe” es tener una certeza racional antes que una actitud relacional.

Estas dos visiones no se contradicen, se complementan. Jesús supo muy bien reconocer el drama del ser humano y que vemos reflejado en la visita que le brinda Nicodemo en la noche. Les invito a leer con calma Juan 3 a la luz de lo expresado anteriormente.

Pero volviendo a “mi querida nariguda, Gogó”, ella fue para mí un ejemplo perfecto de cómo un ser humano puede congeniar estos dos aspectos de la fe: la actitud relacional ante lo sagrado (el misterio), y la convicción de creencias y verdades (articulación de la fe a través de los dogmas).

Gogó vivió la fe como un “regalo”, como un don. Y eso es exactamente lo que es, un don, un regalo. Y al mismo tiempo la vivió como una virtud, que también lo es. Supo “mantener una relación íntima con Jesús y con su Iglesia”, dimensión de gracia y regalo. Al mismo tiempo, se dedicó a cultivarla y armonizarla en su vida con acciones concretas y dudas existenciales, dimensión cognitiva de la fe y entendida como virtud.

En este “Año de la Fe”, al que somos invitados a vivirlo como peregrinos, esta mujer sencilla y trabajadora, alegre e incansable, se ofrece como testigo que es posible para cualquier de nosotros proponernos vivir la fe en Jesús y su Iglesia, en medio de la vida cotidiana.

Sheila Goncalves

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Sin duda que es un camino, como bien se menciona en la carta Apostólica, que dura toda la vida. Para transitar este camino se nos invita a renovar nuestra fe constantemente. A veces por las urgencias del día, las demandas de nuestros alumnos, de la sociedad, de nuestra familia, sin querer, podemos ir automatizando la vivencia de la fe. Pero qué grato es que el buen Dios, a través de tantas personas, nos recuerde lo importante de redescubrir el camino de la fe. Como bien dice el Papa: “la fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo”. En nuestras comunidades educativas, esa experiencia se da al entregar todo lo que somos, nuestros conocimientos y saberes, el cariño, el amor y los deseos de que la realidad de nuestros estudiantes y de nuestras comunidades sea diferente, que sea llena de oportunidades.

Y esta gracia se manifiesta desde nuestra disposición y apertura. Confiar en que nuestros esfuerzos dan y darán muchos frutos, porque Dios así lo quiere. Creer que esa pasión que entregamos en nuestra labor educativa, va acompañada sin dudar, por la mano de papáDios. Confiar, enteramente, que el Padre, que nos ama y quiere, está actuando con y por nosotros. Definitivamente es una gracia.

Afortunadamente, como bien lo recuerda el Santo Padre, son muchos quienes han vivido desde la fe y han dejado su testimonio. Desde sus conocimientos, su experiencia de vida, nos motivan e impulsan a renovar nuestra fe: “por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf.Ap 7,9; 13,8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristiano: en la familia, la profesión, la vida pública…”[1]

Sentirnos invitados a “reencontrar la alegría de creer y tener el entusiasmo para comunicar la fe” en la cotidianidad, en nuestra labor como educadores, a los hijos, en las comunidades, para la mayor Gloria de Dios. Que esta invitación renueve nuestras tareas, nuestra relación con Dios y nos impulse a dinamizar la experiencia de fe en nuestra vida. “Dame tu amor y tu gracia, que esto me basta. Amén”


[1] #13, p. 6

Ana G. de Guinand

ana para web


Venezolana. Casada y madre de 5 hijos. Licenciada en Educación (UNA) con Postgrado en Desarrollo Infantil (UCAB). Diploma de Estudios Avanzados en Teología (ITER-UCAB). Experiencia docente universitaria en la UCAB y el Centro de Estudios Religiosos (CER). 12 años de Voluntariado Profesional en SUPERATEC A.C.

1. ¿Cómo podemos los educadores constituirnos en trabajadores por la paz?

Cuando analizamos el Mensaje de Su Santidad Benedicto XVI titulado Bienaventurados los que trabajan por la paz”, en general pienso que los educadores coincidimos con la primera idea que expone el documento en cuanto a que “Cada nuevo año trae consigo la esperanza de un mundo mejor”. A ello podríamos añadir otras situaciones, como por ejemplo: cada nuevo año escolar o hasta cada periodo trae consigo la esperanza de algo mejor. Y ese algo mejor puede muy bien incluir la esperanza de un curso más armónico, con mejores relaciones entre los colegas, compañerismo entre los estudiantes, entendimiento con los padres y representantes, sintonía con el personal directivo, coincidencia entre lo que la institución educativa aspira y el Estado propone. Quizás también  dicha esperanza puede estar relacionada con ideales más generales, como por ejemplo: promover la igualdad de oportunidades, evitar cualquier forma de exclusión y más bien buscar formas de compensar diferencias que puedan afectar negativamente a alguna persona,  favorecer la cooperación, procurar el diálogo y las decisiones -si no idealmente por consenso, al menos por mayoría, establecer acuerdos específicos, fortalecer equipos de trabajo, resolver conflictos y problemas recurrentes o nuevos, y un largo etcétera acerca de lo que los educadores desearíamos en nuestra gestión y más allá del ámbito educativo,  con frecuencia relacionado con la convivencia, la verdad, la responsabilidad, la justicia, la simpatía, el perdón…

En ese marco de esperanzas por mejorar su quehacer, el educador claramente se sitúa ante la necesidad de participar y contribuir a la creación de ambientes de equilibrio y justicia, en los que se vele por el bien común en un ambiente de paz. Este sería el contexto natural para llevar a cabo su labor de educador. No obstante sabemos que esta condición no está dada sino que más bien es una tarea pendiente, algo por reconstruir.

Esa tarea de construir la paz tropieza con algunos obstáculos ya conocidos como pueden ser: el individualismo y el egoísmo, el abuso de autoridad y la violencia, la codicia y las divisiones, los criterios rígidos y los prejuicios. Es así como nos reconocemos ante un desafío que nos sobrepasa al mismo tiempo que lo intuimos posible.

Todos hemos vivido situaciones ante las que reaccionamos inadecuadamente sin razón aparente. También, hemos vivido dificultades que hemos atendido con paz interior y asertividad que nos sorprenden. Tenemos la experiencia de que la paz no es sólo resultado de la voluntad humana. En ella hay algo de misterio, de gracia externa y gratuita, de don que se nos ofrece; algo que nos trasciende y se hace real en las acciones humanas y humanizadoras.

La paz se manifiesta como don de Dios y se actualiza en la fraternidad. Por eso, cuando escuchamos “Bienaventurados los que trabajan por la paz” recibimos una Buena Noticia: que la paz es posible y que para construirla contamos con el favor del mismo Dios que se nos manifiesta en su Palabra y nos infunde su Espíritu. Algo de esto lo estuvimos escuchando en la liturgia de días pasados tanto en la primera carta de Juan como en las lecturas de la semana de Epifanía en Mateo y Lucas. El Señor nos convoca como familia humana a construir un Reino de paz desde la tierra, contando con su amor, con la autodonación que hace Jesús de su propia vida, y con nuestra capacidad de seguirlo y de constituirnos en “nosotros”  en la diaria convivencia.

2. ¿Cómo podemos integrar a las familias y a los educadores para el cultivo de una cultura de paz?

El mensaje del Papa asocia la paz a la vida, a su defensa, preservación, sano desarrollo personal, comunitario y trascendente. Igualmente, y esto es fácil de comprender para nosotros como educadores venezolanos, asocia la agresión a la vida como daño irreparable, no sólo adverso a la paz en general sino también al presente y futuro personal y social.  En dicha valoración y protección a la vida coinciden las familias y las instituciones educativas. Es más, el documento especifica que la vocación natural de la familia es promover la vida. En ese sentido la familia ocupa un lugar privilegiado en sembrar actitudes y valoraciones que más adelante el sistema educativo irá profundizando de cara a la libertad y madurez humana, de manera que cristalice en formas socializadas de convivir y organizarse. Así se va gestando la cultura de la paz con la contribución de cada instancia hasta llegar a impregnar a la sociedad, en un recorrido de lo más particular hacia lo más general. A su vez, en dicho recorrido se va cultivando la paz en sus diversos niveles: la paz interior, la paz en las relaciones humanas, la paz en y entre los pueblos. Y ello, como decíamos anteriormente, como fruto de dones recibidos y cultivados respecto a los cuales la cultura familiar es clave.

La familia es un lugar amigable para considerar el bien de todos, o sea, el bien común. También para fomentar un clima de relaciones amorosas y cordiales, veraces y honestas, consideradas y respetuosas, justas y benevolentes. Igualmente para participar de experiencias de gratuidad y generosidad sin medidas, de disculpas y perdón, y de todo aquello que hace referencia al amor primero e incondicional que habla de Dios y de la creación; de su hijo Jesús, quien encarna la vida humana fraterna fruto de su paz interior alimentada por el amor al Padre, a quien busca complacer en cada una de las circunstancias de su vida por encima de las dificultades humanas.

En ese sentido vemos como familia y educación se influyen mutuamente al punto que no será excepcional considerar lo que las instituciones educativas pueden hacer por las familias en situaciones de dificultad y en las que la paz se vea comprometida en cualquiera de sus niveles: espiritual, relacional, grupal, comunitaria. Tampoco será excepcional lo que las familias puedan hacer a favor de la armonía y la concordia en otras esferas y organizaciones.

3. ¿Cómo podría promoverse la cultura de paz con la participación de la tríada solidaria Estado, familia e instituciones educativa?

La promoción de la cultura de paz se desprende de nuestra capacidad de entendernos como conciudadanos y hermanos iguales en dignidad, sujetos de derechos y deberes, y partícipes de un destino común. También tiene relación con reconocer que hay situaciones humanas que nos trascienden y como tales ponemos ante el Señor acogiéndonos a su misericordia. A este respecto, y quizás anterior a ello, actuar como si los hechos dependieran de nosotros sabiendo que no tenemos la última palabra y que el mal nunca se vence desde el mal sino a fuerza de bien. Así, nos abrimos a una cultura de paz cuando “nuestros ojos ven con mayor profundidad, bajo la superficie de las apariencias y las manifestaciones, para descubrir una realidad positiva que existe en nuestros corazones, porque todo hombre ha sido creado a imagen de Dios y llamado a crecer, contribuyendo a la construcción de un mundo nuevo”, como nos dice Su Santidad.

Por otra parte, el documento señala el derecho a la objeción de conciencia con respecto a leyes y medidas que atenten contra la vida y su dignidad. También menciona las obligaciones del Estado como garante de la justicia social y de los derechos humanos. Punto aparte dedica a la construcción de un nuevo modelo de desarrollo y de economía en búsqueda de la paz, en el que alerta respecto a la tentación de acudir a nuevos ídolos. En este sentido, como se deja ver en párrafos anteriores, tanto las familias como la educación tienen un papel fundamental. Reconoce la disposición humana a la creatividad que bien puede florecer en momentos de crisis con nuevas perspectivas y soluciones fruto del discernimiento, del don de sí, de las capacidades e iniciativas puestas al servicio de la fraternidad más allá de los propios intereses personales y grupales.

Como última observación quisiera destacar la importancia que da el mensaje al trabajo como derecho. Hacia este logro también podrían apuntar la familia y la educación considerando la cultura de paz como telón de fondo.

Rafael Luciani

RafaLuciani3Venezolano. Doctor en Teología Dogmática por la Universidad Pontificia Gregoriana en Roma. Licenciado en Teología Dogmática por la misma Universidad Pontificia Gregoriana. Licenciado en Educación mención Filosofía por la Universidad Católica Andrés Bello, y Filosofía en la Universidad Pontificia Salesiana. Años de investigación académica realizados en la Universidad de Würzburg, Alemania. Es actualmente Profesor Titular de Cristología y Misterio de Dios la Universidad Católica Andrés Bello y Straordinario de la Università Pontificia Salesiana. Se ha dedicado a la apertura y consolidación de los estudios de Teología para los laicos profesionales en Venezuela, a través de Diplomas y cursos de Postgrados de la UCAB.

1-. ¿Sigue estando vigente en nuestros tiempos el mensaje de Jesús planteado por Pagola?

El modo cómo Jesús vive y nos muestra lo que significa ser verdaderamente humanos es algo que siempre estará vigente en todo tiempo y en cualquier sociedad, porque atrae a cualquier persona, independientemente de su condición social, económica o religiosa. Él nos atrae precisamente por su modo de ser tan humano. Uno que libera al oprimido, sana al enfermo, da comida al hambriento, quita las cargas de las culpas que otros ponen y, especialmente, se entrega solidariamente al más pobre de su sociedad. En este sentido, su praxis se nos ofrece como un proyecto de vida para cualquier sujeto humano.

2-. ¿A qué nos invita el mensaje de Jesús hoy en día?

 RafaLucianiHay dos aspectos del mensaje de Jesús, entre tantos otros, que son de gran actualidad para nuestro país. El primero es su firme y absoluta entrega solidaria a los pobres. En la sinagoga de Nazaret, Jesús lee el texto de Is 61,1 donde se anuncia la Buena Noticia a los pobres y afligidos. Este es un reto para cualquier cristiano hoy en día, porque seguir a Jesús y confesarle Señor, pasa por nuestra entrega solidaria a los pobres de hoy. El segundo aspecto de importancia para nuestra sociedad, es el discernimiento que el mismo Jesús hace sobre el tipo de mesianismo que él asume. Jesús rechaza continuamente a Pedro y a los otros zelotas que buscaban la restauración del reino de Israel por la vía de la violencia y la imposición del poder y las ideas por encima del respeto a las diferencias y el diálogo fraterno. El mesianismo de Jesús no es como el de David. No es militar o perteneciente a una ideología política. Más aún, rechaza cualquier absolutización e idolatrización de figuras e instituciones históricas. Algo que, como cristianos, debemos también hacer hoy en Venezuela. Jesús vive un mesianismo asuntivo. Es decir, que carga fraternalmente con el otro, incluso con el enemigo. Nunca hace del otro un objeto o súbdito, como hacían los reyes y déspotas de la antigüedad. Su proyecto es el del Padre y, en la humanidad de Jesús, se nos revela cómo el Padre quisiera que este mundo fuera si él estuviese reinando.

3-. ¿Cómo hacer vivo el modo de ser “maestros” que Jesús nos propone?

 Jesús tuvo que replantearse el modo en el que se enmarcaban las relaciones entre maestros y discípulos, y entre siervos y señores, para ubicarlas en un horizonte cualitativo y humanizador, antes que cuantitativo y jerárquico. Cuando Mateo expresa que: “un discípulo no está por encima del maestro, ni un siervo por encima de su señor” (Mt 10,24), no está haciendo referencia a la aceptación de una relación de subordinación del discípulo a su maestro, como tampoco a otra de servilismo del siervo con su señor y amo. Antes que pretender negar todo crecimiento socioreligioso o fomentar una actitud de conformidad con el propio puesto y la función socioeconómica desempeñada, el texto nos coloca delante de una afirmación de posibilidades personales que se aclara en el versículo siguiente: “le basta al discípulo llegar a ser como su maestro, y al siervo como su señor” (Mt 10,25). Este versículo expresa el clamor por el establecimiento de relaciones gratuitas que posibiliten procesos de personalización no predeterminados por factores sociales o religiosos externos dominantes y coyunturales, como lo era la figura del padre en el siglo I, o la presencia del Segundo Templo que llegó a entenderse como una mediación absoluta en el encuentro con Dios. De ahí que la nueva familia de seguidores del Mesías será caracterizada por otras figuras no dominantes, como la del hijo, el hermano, la hermana y la madre, pero desde el criterio de la fidelidad a la escucha y la puesta en práctica del proyecto salvífico de Dios expresado en su Palabra (Mc 3,35).

4-. Ante una realidad tan agitada, en ocasiones desconfiada, y con constantes amenazas e inseguridades, ¿cómo hacer vida la premisa “lo decisivo es el amor”?

 A veces tenemos una noción muy idealista de lo que es el amor. La pretensiónRafaLuciani2 de Jesús desafiaba la falsa creencia en la posibilidad de un amor a Dios que podía darse sin el amor al prójimo, por la vía del sacrificio cultual del Templo y el cumplimiento formal de la Ley y los ritos. Algo muy parecido a lo que tantos cristianos creen hoy sobre la práctica religiosa. La autoridad con la que Jesús enseñaba entendió el auténtico sentido del mandamiento del amor: cargar con el otro, pero no por el hecho de ser simplemente otro a quien debo respetar o tolerar, sino como a un verdadero hermano a quien debo asumir, ofreciéndole el auténtico reposo humanizador que brota de una acogida en el propio corazón (Mc 12,32-34). Es por ello que, en la praxis histórica de Jesús, se revela el misterio último de su pretensión: un seguimiento orientado hacia el proyecto del Reinado de Dios, cuya dinámica escatológica lo refiere hacia su consumación en el banquete fraterno de las hijas e hijos de Dios (Reino), en el que sólo “uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8). Por ello, sólo desde la fraternidad de los hijos, se comprenderá lo que es el amor para Jesús. Si eso falta hoy, en una sociedad dividida, donde nos hacen objetos y no sujetos, será difícil comprender el amor desde Dios como amor a los hombres y, especialmente, como a los pobres.

5-. ¿Maestros convencionales? ¿Maestros no convencionales? ¿Qué hace falta ser y hacer para, no solo transmitir ese mensaje de Dios que Jesús propone, sino que efectivamente el mensaje llegue a los demás?

Creo que hay que comenzar por superar una visión de la pastoral como la simple enseñanza de oraciones, credos y ritos, o la inclusión de sujetos en grupos religiosos o pastorales, y pasar a una noción que se geste desde nuestra inserción en los nuevos lugares sociales y culturales de hoy. Un diálogo real se da entre sujetos que comparten un mismo espacio, aunque no compartan los mismos criterios. Pero, al menos, el crear estos espacios comunes, como nuevos referentes de encuentros, es un inicio. Esto implicará un paso de la Iglesia centrada en la parroquia a la conformación de espacios de comunidad fraterna. Sean grupos de base, familiares o más amplios, u otros que se reúnan desde la práctica de Jesús del banquete, que se ha de centrar en compartir la Palabra y comer juntos, como lo hacía Jesús en tantos Banquetes que compartió con publicanos, pecadores y prostitutas a lo largo de Galilea. Si nuestros referentes son sólo los que ya están en comunidades cristianas y no entramos en los espacios donde creemos que no hay vida, que hay pecado o que no está Dios, entonces nos pudiera estar pasando lo que nos recuerda el evangelio de Mateo (Mt 21, 31-32): “Y Jesús les dijo: Les aseguro que los que cobran impuestos para Roma, y las prostitutas, entrarán antes que ustedes en el reino de los cielos. Porque Juan el Bautista vino a enseñarles el camino de la justicia, y ustedes no le creyeron; en cambio, esos cobradores de impuestos y esas prostitutas sí le creyeron. Pero ustedes, aunque vieron todo esto, no cambiaron de actitud para creerle”).

 

José Luis Lofrano

Hijo de padres italianos, nacido en Venezuela. Entró al seminario a los 10 años y se ordenó de sacerdote salesiano a los 24. Él mismo se define:  “Ciudadano de mundo”. Es scout desde los 18 años, estudió en Irlanda, trabajó en Escocia, y vivió en Italia y en Alemania.  Con gran experiencia en el mundo juvenil, se ha dedicado a la pastoral, experiencias de misión, retiros, convivencias, grupos, y también a la formación de los salesianos. “He aprendido a meterme en cada sitio donde me toca estar, y sacar de ese sitio lo mejor. Estudiando Liturgia aprendí que las cosas se viven, y por eso se celebran, y no al revés”. En el año 85 comenzó a acompañar ex alumnos con SIDA, y ello le llevó a montar la Fundación San Luis. Originalmente era para acompañar niños, y actualmente también acompaña adultos. Desde hace 4 años es párroco de Don Bosco, Altamira, en Caracas.

1- ¿Qué dificultades percibe Ud. que afectan hoy en día el trabajo con niños y jóvenes?

Los instrumentos son tan novedosos que tenemos que romper, primero que nada, nuestra resistencia al cambio. No creemos que eso sea factible y creemos que es una moda. No es una moda. El mundo cambia. Antes cambiaba cada 50 años, luego 15 ó 20, ahora cambia cada 5 años, y pronto cambiará cada 2. Las coordenadas cambian tan rápidamente que si tú te enrocas a una, pierdes. Lo primero que tenemos que hacer es romper la resistencia al cambio por el mismo hecho de haber sido educados en el estilo antiguo. Nuestras universidades son antiguas. ¿Cómo puedes tú  creer que un muchacho va a la universidad y se encuentra con un profesor que está pasando contenidos? De alguna manera, ¿Para qué sirve la investigación?

El problema actual no es ser el pozo de sabiduría, sino saber dónde está el pozo. Entonces, que duro es, en principio, la resistencia al cambio. La segunda cosa es aceptar que vamos para mejor y no para peor, y no es una visión ingenua de la realidad. Yo siento que el problema que le tenemos al cambio nos lleva a enrocarnos y a no salir al paso, por lo tanto, hay que estar abierto a las señales que te dan los muchachos.

En Italia hay algo que se llama el “observatorio de la juventud”, aquí no tenemos eso. El observatorio de la juventud está formado por educadores, pedagogos, intelectuales, psicólogos, que se dedican a ver los rasgos que identifican a los muchachos de hoy. Nos hemos quedado con la “generación del 68”, y ahorita hay un 2012, una generación después del 7 de octubre. Eso ya es una generación.

Si yo tuviera que hablar de mis experiencias cuando hice mi maestría en Italia, son los personajes que me tocaron a mí para darme clase. Un hombre que en 30 años acompañó casi 3400 tesis, por ejemplo, una cosa absurda, imposible, pues además él ponía el tema de investigación.

Cuando hemos vivido con gente que ha sido maestro y que te tocó por dentro, tú entendiste que escogiste el ámbito de la educación porque tú te sentiste en primera instancia amado. Nadie escoge esta carrera por el efecto del dinero que pueda traer. Hay cosas muchísimo más rápidas. Yo apelaría al joven que escogió esta carrera para que ellos sean capaces de recordar cómo fueron ellos movidos por dentro y tocados por dentro; eso les va a llevar a entender que tienen que seguir el mismo sistema, tienen que tocar el alma de las personas. Yo me he llevado a los retiros vivenciales de 4to año, al ámbito más duro, a la dinámica de los grupos de entrenamiento, donde no hay tema, el tema somos todos nosotros. Es obligarlos a que sientan. El primer asustado es quien dirige, pero es hermoso.

Cuando decidiste ser educador no querías aprender matemáticas para enseñar matemáticas. La matemática fue una excusa para entrar en el alma de esos jóvenes. Una excusa simplemente.

2-Con respecto a las Redes Sociales, la tecnología y las técnicas actuales de comunicación: ¿Cómo afrontamos cuando deja de ser un medio beneficioso para convertirse en un medio de distracción? ¿Cómo lograr incorporar estos medios a las comunicaciones e interrelaciones de/con los jóvenes?

Internet no son contenidos, son experiencias. ¿Por qué el Facebook dio tanto golpe en la realidad? Porque lo que está es transmitiendo experiencias, contactos. El que yo pueda escribir en Twitter y que todo el mundo pueda saber lo que yo estoy pasando en ese momento, por eso es que es tan violentamente íntimo. Las redes sociales entran en las intimidades más graves de la persona porque abren una puerta que normalmente estaba cerrada. Ya no se habla de amistad, se hacen amigos ¿Cuántos amigos tienes en Facebook?

En estas redes sociales sigue entrando la distracción porque todo está mezclado. Lo que está en la base de las redes sociales es la necesidad que tenemos de, en este mundo tan individualizado, tan egoísta, tan cerradas las puertas, salir afuera, aunque sea virtualmente, y ya lo virtual ha pasado a ser real. La idea es que las redes sociales pueden ser mal usadas. Y hay que saberlo, las redes sociales también tendrán una vida útil. Acabará Facebook, desaparecerá Twitter, pero lo que no cambia es la necesidad del ser humano de interrelacionarse, comunicarse. Las redes sociales lo que hicieron fue poner en bandeja de plata, fácil, económica, gratuita, la oportunidad de salir y decir lo que tú sientes.

Y no es utilizar las redes sociales como adoctrinamiento, ni son rollos con diapositivas, sino la interactividad lo que ha movido ahora. El muchacho no está metido en las redes sociales porque entienda de redes sociales, sino porque sabe que allí puede conseguir a todos sus amigos, porque sabe que todos están conectados en algún momento. Lo que antes era imposible, hoy en día se puede hacer de una manera virtual.

Estos medios no hay que satanizarlos ni creer que son tampoco medios inocuos. Todo tiene una doble vertiente, pero la vertiente positiva es mucho mayor que lo que nosotros nos hemos acostumbrado a ver.

3- ¿Cree Ud. que han caducado los métodos tradicionales de enseñanza, de abordaje a niños y jóvenes, o por el contrario se mantienen actuales?

Tú, yo y los profesores estamos acostumbrados todavía al sistema antiguo, y no nos hemos soltado de la tiza. Aunque usemos pizarras de acrílico, no hemos salido de la tiza. El concepto es que yo escribo una palabra y con ello me engancho a hablar. Estamos hablando de maneras diferentes de manejar esto. El mecanismo es utilizar lo que se está viviendo para llevarte a vivir lo que tú debes vivir, y eso me lleva a tener una visión muy amplia de la realidad, y a no rechazarla solo por rechazarla.

Los muchachos no se imaginan que podemos saber de tecnología, porque estamos cerrados a las cosas nuevas. Tenemos que picar adelante. Hoy en día la educación no puede seguir enfrentando contenidos. Tiene que meterse en este mundo, para vivir aunque sea virtualmente, lo que va a ser el futuro.

Yo siempre estoy educando para el día de hoy, cuando los que salen de la educación salen dentro de 10 años. Yo no puedo educarlo para hoy, tengo que educarlo para dentro de 10 años. Eso implica manejarme para el día siguiente, para que no solamente vivan lo que están viviendo hoy, sino también sean capaces de ver lo que viene, y picar adelante.

Es urgente intercambiar entre nosotros, los que estamos en el mundo educativo, no solo materiales, sino experiencias, para poder ofrecer experiencias a los muchachos.

4- ¿Qué recomendaciones le daría Ud. a todos aquellos educadores o padres y madres, que quieren reforzar, afianzar, el conocimiento de Jesús en sus hijos y alumnos?

En realidad el joven de hoy no es diferente del joven de ayer, siempre ha sido así; lo que pasa es que nosotros lo estamos viviendo y entonces pensamos que para nosotros el joven es cerrado. Yo imagino a Don Bosco en los años mil ochocientos. Estamos hablando de un Don Bosco que se enfrenta con un joven que viene a buscar trabajo, que muchos de ellos son huérfanos o víctimas del hambre, y se venden como carne de trabajo, como se hacía en aquella época, y Don Bosco les daba una respuesta. Estudiando esa respuesta queda entendido que la respuesta tiene que ser experiencial porque la puerta de entrada al joven es el corazón, no es el cerebro. Cosa que normalmente nos acostumbraron a nosotros a pensar: que buenas ideas podían mover el mundo. No, son las buenas experiencias las que mueven el mundo. Después llegan las ideas. Las ideas acompañan la experiencia, la sostienen, y la empujan después, pero primero tienes que haber hecho el gancho humano.

Nosotros por ejemplo, en la catequesis de confirmación, hemos cambiado completamente el esquema. Nosotros tenemos 2 años de catequesis de confirmación porque necesitamos tiempo para que madure la persona, no para que tengan conceptos; entonces, la maduración la hacemos a través de misiones. Es decir, el muchacho tiene que hacer experiencias de encuentro con la realidad necesitada. Aquí nació en esta parroquia, con exalumnos de este colegio, algo que ahora se ha hecho mundial: la experiencia “Santa en las calles”. Decidieron llevar cosas a los indigentes. 5 años después de su fundación, el año pasado, sirvieron a 7000 personas. A lo mejor se pudiera pensar que es un día en que hacen ostentación de su filantropía,  pero al fin y al cabo, todas esas personas que estuvieron sirviendo, cuando regresan a casa regresan impactadas, no solamente porque encontraron la realidad, sino porque sintieron que se acercaron a ella.

Nosotros seguimos atosigando al joven de ideas, cuando lo que necesitamos es atosigarlo de experiencias, experiencias de vida.  Entonces, cuando el muchacho hace experiencias de vida, queda enganchado. Por eso, hay que invitar a la vivencia, y de acuerdo a esa vivencia, vamos sacando a Jesucristo, vamos llegando a Él.

Cuando nosotros éramos niños nos hacían aprender de memoria los contenidos de la fe, y creyeron  que con eso iban a crear una nueva cristiandad.  Pues no, el cristianismo se crea como se creó la primera comunidad cristiana, viviendo la experiencia de amarse, la koinonia entre la gente.

Yo siento que esto es la piedra de tranca, pero también la piedra filosofal, la que hace cambiar completamente la vida del joven. Ahí están los scouts, es “aprender haciendo”: yo no tuve que aprender de scouts para poderlos ayudar, sino que yo tuve que hacer experiencia de escultismo para poderlos ayudar.

También es verdad que nosotros estamos como uno más en un gran mercado de experiencias, y unas experiencias donde no se ofertan valores ni crecimiento, sino todo lo contrario.

El respeto no es una idea, es una experiencia. Y son experiencias lo que hay que proporcionar. Yo siento que más que un aula virtual donde pudiéramos pasarnos materiales, pudiera haber espacio para compartir experiencias, cosas que hacemos. El contacto con la experiencia es lo que hace el cambio.

Uno de los sistemas que usó Don Bosco para llegarle al joven es entrar por el corazón. Aquella frase: “Los muchachos no solo deben saber que nosotros los amamos, deben sentir que nosotros los amamos”, o “ama lo que al joven le gusta para que al joven le guste lo que tú amas”. Si tú quieres que el muchacho ame a Jesucristo, tú tienes que amar al muchacho, tú tienes que amar lo que él ama.

¿Cómo puedes tú acercarte pedagógicamente a alguien desde los contenidos? La música, el deporte, ofrecen experiencias, mueven sensaciones, por eso se enganchan con ello. Un retiro no es para hablar de los juicios, el infierno, purgatorio, salvación, pecado. Un retiro tiene que ser para ver cómo estás por dentro, si estás moviéndote por Jesucristo o por quién te estás moviendo.

5- ¿Qué palabras daría Ud. a aquellos educadores que se han desmotivado ante las dificultades que enfrentan intentando sembrar el mensaje de Jesús y alimentar la fe de niños y jóvenes de hoy?

Hoy en día creo que los educadores primero tenemos que ser educadores, y

después instructores de materias. Para ser instructor de una materia puede hacerlo alguien que no haya estudiado pedagogía. Tienes que aprender los contenidos y ya, pero para poder ser educador tienes que vivir la pedagogía.

6- ¿Cómo hacer llegar el mensaje de Jesús a los jóvenes de hoy?

Como Jesús lo hizo, “dejen que los niños se acerquen a mi porque de ellos es el reino de los cielos”. Jesús les hizo sentir amor, los abrazaba, los quería, los acariciaba, regañó a los apóstoles por haber puesto barreras para que ellos se acercaran. Yo siento que hay que acercarse a los jóvenes como se acercó Jesús, con una mirada cariñosa, con un ponerse al mismo plano. Como vio al joven rico, que Jesús lo mira con cariño porque ve que desde muy niño ha vivido aquellas cosas, y le lanza un reto. Cuando amas puedes retarlos, hacer mucho más, y los muchachos agarran los retos. No hay nada más impresionante que un muchacho para agarrar un reto. Los muchachos son incansables, y si le das un reto a una persona incansable, ¿Cómo te imaginas que no lo va a lograr? Entonces, cree en ellos, ámalos y luego rétalos. Ahí cambia todo. Y hay que aceptar el feedback, porque amarlos va a doler, entrar en su vida va a doler, porque nosotros los adultos les hemos cegado los ojos, les hemos vendido mundos baratos, pero en lo que los retas te vas a sentir cínico porque te vas a dar cuenta que tu corres detrás de ellos, no ellos detrás de ti. Ahí cambia todo.

Marielena Mestas

Con 27 años en la docencia ha experimentado el trabajo con niños y jóvenes desde la educación básica inicial hasta estudiantes universitarios, complementando su labor docente con la preparación de retiros para adolescentes, así como en la formación de niños y jóvenes para la Primera Comunión y la Confirmación. Actualmente se desempeña desde la Facultad de Ingeniería como coordinadora del Departamento de Humanidades, y también como profesor asesor e Investigador asociado al Centro de Investigación y Formación Humanística de la UCAB.

 1-. En la Universidad Católica Andrés Bello, desde una facultad tan racional como pudiera parecer ingeniería, donde las matemáticas y la física parecieran tener primacía, ¿Existen espacios para profundizar en la fe y en la vida de Jesús con los jóvenes? 

Primeramente, la facultad se circunscribe en el marco de la  Universidad. Universidad “Católica”  implica universalidad, es decir, para todo el que quiera estudiar, más allá de una religión y para todo el que quiera dejarse, libremente, penetrar por el mensaje de Jesús.  En la facultad de Ingeniería, como en toda la UCAB, nos preocupamos por preparar excelentes profesionales pero, no solo prepararlos intelectualmente, sino preparados para la vida comunitaria, esto es, sensibles “al otro”, a la realidad circundante. Ese “otro” no se queda en lo social, sino que va a buscar crecer en lo  espiritualidad, a descubrir a Jesús vivo, a Jesús hoy, en el vecino,  en el compañero de clase, en la propia familia, etc.

Materias como  “Humanidades I, II y III” fomentan la reflexión  para que los chicos descubran y asuman un proyecto de vida fundado en valores como  servicio, tolerancia, diálogo, inclusión, libertad responsable, donde se descubra al ser humano en todas sus dimensiones contemplando también el dejarse tocar por lo trascendente, por cultivar una espiritualidad y porque su vida de fe  sea más profunda y más auténtica. Existen no sólo espacios en el aula de clase para llevar a cabo este proyecto, sino múltiples oportunidades y experiencias ofertadas a los jóvenes para insertarse en dichas comunidades, conocerlas desde dentro, reflexionar sobre sus necesidades y aportar su granito de arena, acompañados por profesionales que les dan herramientas de abordaje comunitario en cada visita.

2-. El texto nos sugiere ofertar oportunidades de inclusión de jóvenes en actividades solidarias donde se involucren directamente con realidades distintas, complejas, con otro tipo de necesidades inmediatas, y por medio de dichas actividades generar en ellos sensibilidad. Desde la labor que usted realiza en la Universidad Católica con estudiantes de ingeniería y su labor por coordinar una de las cátedras de compromiso social de la facultad, podría relatarnos brevemente:  ¿Cómo es la experiencia de acercar jóvenes universitarios a las comunidades menos favorecidas y quizá si ha podido detectar cambios en ellos a partir de estos encuentros?

Siempre desde la libertad y partiendo de los programas vigentes, los profesores motivamos para despertar o afianzar en los muchachos el gusto por conocer la realidad venezolana circundante y el interés de servir, de ser solidarios. Los muchachos se reencuentran con su parte humana (los estudios absorben mucho de su tiempo e intereses).

Gracias a la pequeña labor social que se propone en Humanidades III y que implica solamente 16 horas de su tiempo, los muchachos pueden tener una experiencia nueva, son vivencias que los llevan a conocer personalmente otras realidades humanas en comunidades cercanas a la UCAB, donde van a prestar un servicio educativo, recreativo, a niños y jóvenes. Es algo muy humano que toca los corazones y los sensibiliza, haciéndoles comprender que pueden hacer algo por esas personas. Al terminar la actividad cuya duración es de 8 semanas, ellos quedan no solo sensibilizados sino comprometidos consigo mismos a estar alerta respecto a  a las necesidades del prójimo y valoran  una sonrisa, un abrazo, una palabra de estímulo, el tiempo invertido y lo aprendido. Van a dar y al final resulta que ” se dieron” a sí mismos.

Recuerdo que hace dos años, a raíz de las fuertes lluvias los jóvenes se sintieron tan afectados por la situación de los damnificados que se dedicaron a servir desde la Dirección de Proyección a la Comunidad hasta el día 22 de diciembre, otros fueron 28 y 29 también. Muchos tenían planificada una actividad y la situación fue tan apremiante que hubo la necesidad de adaptarla a lo que estaba pasando para dar respuesta a las necesidades que se manifestaban. Coincidí en el Parque Social de la universidad con un grupo de alumnos y no olvido a un estudiante que me dijo: “Profe, si esta experiencia no nos cambia, nos nos va a cambiar nada entonces”. Cada vez tengo más razones para creer que esta actividad da abundantes frutos en nuestros muchachos y es una excelente oportunidad de favorecer que entiendan que antes que ingenieros son personas humanas.

3-. El texto que proponemos para la reflexión destaca que el sistema educativo corre el riesgo de ofrecer proyectos y modos ligeros, en vez de flexibles, así como de limitarnos a lo que “hemos hecho siempre”, dejando así un gran número de jóvenes desatendidos. Es por eso que es necesario, para llegar a los jóvenes: “buscar una propuesta, una forma de hacer que, manteniendo y afirmando la radicalidad y la globalidad propia del seguimiento de Jesús, diseñe caminos más circulares, más flexibles, más afectivos, más personalizados y personalizables para acercarse a este seguimiento. Abrir más puertas, establecer más puentes, facilitar la entrada. (…) facilitar que tengan esa experiencia, habilitando diferentes caminos para que todos, sean cuales sean sus características, tengan espacio para acercarse a Jesús”. (p.11)

 ¿Cómo vería usted concretamente estos aportes?

Creo que nuestro trabajo docente es, al menos en el departamento de Humanidades, un apostolado. Amamos la docencia, vamos al aula con convicción, nos interesa, porque somos también profesores asesores, el trabajo personalizado. Descubrir la realidad de cada estudiante. Por otra parte, sabemos que con nuestra forma de actuar minuto a minuto estamos dando ejemplo. Es decir, en mi concepto, el cristianismo es un estilo de vida, más allá de ir a una misa en la universidad, u otro acto colectivo. Cada docente transmite unos valores, una espiritualidad a sus alumnos. Es lo que encierra cada palabra, cada gesto.

Es obvio que necesitamos partir de unos programas ya propuestos, pero al menos en nuestro departamento, nos preocupamos por ir mucho más allá. Siempre queremos hacer algo mejor, siempre propiciamos debates, discusiones académicas sobre temas de interés y así conocemos más y mejor a nuestros estudiantes y podemos orientarlos desde la reflexión, sin olvidar que cada uno está en proceso de autorrealizarse, de conocerse más, que cada uno va tras su propia búsqueda, siendo fundamentales la diversidad de criterio y la libertad. También así se promueve el respeto y la tolerancia. Valores fundamentales para una sana convivencia en el ámbito universitario. Y ciertamente son programas establecidos, pero tienen gran variedad de temáticas para que los estudiantes, de acuerdo a sus intereses y talentos, puedan aprovechar mejor la experiencia, sin generar con ello una carga en el modo de trabajar, y cualquiera que sea la forma, estarían dando respuesta a una necesidad planteada por la comunidad.

4-. ¿Cuál cree usted que, como educadora, es la clave para trabajar con niños y jóvenes hoy en día?

Definitivamente, ser creíble, tener una actitud convincente de respeto, buena voluntad, que perciban que te gusta lo que haces, que te gusta escucharlos, compartir y APRENDER DE ELLOS. Cada uno, aunque sea pequeño, trae consigo sus vivencias, su realidad y eso es el punto de partida que no podemos desconocer.

También tratar de dar un poco de trato personalizado, llamarlos por sus nombres, que haya un puente, un camino común, no una pared entre los niños o jóvenes y el docente. Una cosa muy triste es que los muchachos digan: “ese profesor tiene muchos conocimientos, sabe mucho pero… es distante…pero… siempre está apurado, etc”. Otra cosa que apoya la empatía es que nos vean que mantenemos esperanza, ánimo, una actitud positiva ante la vida, ante la materia, hacerles ver que también somos humanos, que somos capaces de reír, que nos nos importa sentarnos en el suelo si es el caso, que somos uno más del grupo. Para mí es un gran error llamar a los muchachos “alumnos” o sea, “sin-luces”, prefiero la acción que te sugiere el calificativo ” estudiante”.

Por supuesto, y con esto termino, también es importante leer, actualizarse, escuchar experiencias exitosas de otros colegas y todo lo que nos permita sentirnos “vivos” la educación es algo muy dinámico y debemos ir acordes con los tiempos, con las nuevas tecnologías pero conservando siempre esa esencia humana de nobleza, apoyo, comprensión cada vez más necesaria.

5-. ¿Cuál es su mayor aprendizaje del trabajo con niños y jóvenes?

Descubrí a jóvenes inquietos, profundos, con búsquedas muy hermosas e historias de vida y realidades que me permitieron seguir creciendo y valorar más el mundo juvenil que no es superficial ni materialista como muchos creen. La búsqueda de los chicos es auténtica, están buscando dar más sentido a su vida por medio del compromiso con su fe. Lo mismo descubro en el aula: la mayoría busca ser auténtico, que su vida tenga sentido.

Siempre, en catequesis, en mis materias o en una simple conversación, me intereso por escuchar, por ser muy respetuosa de lo que los muchachos argumentan, de  sus intereses, de todo lo que comparten. Esto me lleva a decir que aunque cada uno tiene su luz propia y hay un punto donde esas luces se unen en una sola llama: al darles la oportunidad de reflexionar sobre sí mismos y trabajar con ciertas herramientas que estimulan el autoconocimiento, empiezan a descubrir sus necesidades propias, e intentan trabajar  por ser coherentes con ese llamado interior que sienten con firmeza y profundamente. Entonces, se descubren como personas y para mí eso es admirable.

Antonio Pérez Esclarín

Nacido en España y venezolano por opción. Educador de gran trayectoria, investigador en el ámbito pedagógico, autor de diversos libros que han acompañado la formación de grandes y de chicos. Fue coordinador del Proyecto de Formación de Educadores Populares en 14 países de América Latina.

1-. Ante todos los retos y dificultades que expone como la realidad del cristiano en tiempos de post modernidad y post cristianianidad, usted plantea necesario “que hagamos un alto en nuestro ajetreado caminar y nos preguntemos con valor y sinceridad a dónde vamos, a dónde queremos ir, qué queremos, para qué vivimos”, ¿Hacia dónde cree usted que va en estos momentos la educación católica, y hacia dónde cree que debe ir?

 Como se viene repitiendo desde hace ya bastante tiempo, vivimos no sólo en una época de profundos cambios, sino en un cambio de época.  Está muriendo el viejo mundo, pero el nuevo no termina de nacer.  Las tablas de salvación a las que nos aferrábamos con fuerza y nos proporcionaban seguridad, se hunden bajo nuestros pies y vamos quedando a la intemperie, sin saber dónde agarrarnos. De la salvación por la fe, pasamos a la salvación por la ciencia, y hoy estamos entrando en un mundo inseguro, incierto, donde parece imponerse cada vez con más fuerza el “sálvese el que pueda”. Son tiempos de incertidumbre y de grandes desengaños, tiempos donde si bien se avanza en la extensión de una cultura que promueve  los derechos humanos para todos y defiende la igualdad y dignidad esencial de todas las personas, es incapaz de orientar el impresionante desarrollo tecnocientífico a la promoción de un desarrollo humano. Miles de millones de personas se deshumanizan al ver cómo se aleja la posibilidad de un vida digna. Antes se les llamaba pobres, después marginados o excluidos, y desde hace un tiempo algunos no dudan en calificarlos como “desechables”.  Al no contar con trabajo no cuentan si quiera con el privilegio de ser explotados. Condenados a morir pronto o a una vida indigna, su único pecado es existir. Como ha escrito Viviane Forrester, “Hoy estamos comprendiendo que había algo mucho peor que ser explotado: no ser explotable”. Por otra parte, otros muchos se deshumanizan al volverse insensibles ante esta realidad, tan opuesta al proyecto del Padre, e incluso viven  su fe y su religión de un modo poco exigente y cómodo, sin compromiso ni prójimo.

Ante esta realidad, considero que  es muy necesario y urgente que la educación católica haga un cuestionamiento  profundo, desprejuiciado y honesto, sobre su realidad y sobre cuál  debe ser hoy su misión y su sentido. Porque muchos colegios parecen vivir de viejas glorias y arrastran una vida lánguida, sin garra ni fuerza. Si todavía son muy solicitados, no es precisamente porque se busque en ellos los valores evangélicos, sino más bien, porque en ellos se aprovecha más y mejor el tiempo y preparan mejor para insertarse productivamente en la sociedad.  Más que evangelizar a la comunidad educativa, los colegios terminan adaptándose a los valores y exigencias de dicha comunidad.

Pero no se trata meramente de plantear una reflexión teórica, dirigida  por expertos,  que  culmine en un documento, lo cual suele servir para tranquilizar las conciencias y quedar satisfechos en nuestra mediocridad y falta de radicalidad.  Se trata más bien de que cada educador católico y cada colegio se plantee volver con radicalidad al evangelio y desde él, leer su práctica como educador y la realidad, el curriculum oculto más que sus idearios y documentos, de  su colegio. Podría ayudar responderse y responder con sinceridad algunas  preguntas como estas:  ¿Es Jesús mi modelo de maestro? ¿Cómo demuestro con mi práctica y con mi vida que soy un educador católico? ¿Cómo se traduce mi fe en el trato con los alumnos y representantes, en la pedagogía, en la evaluación? ¿Considero a mi colegio como un lugar de trabajo o como un medio de vivir con radicalidad el seguimiento a Jesús? ¿Pienso que mi colegio es realmente un colegio católico? ¿Por qué? ¿Cómo lo demostraríamos?  ¿Qué valores prevalecen hoy y se viven en nuestro  colegio, en las fiestas, celebraciones y graduaciones? ¿Qué familias tocan las puertas de nuestros colegios y qué vienen buscando?  ¿Está nuestro colegio pensado y estructurado como una comunidad que vive y testimonia los valores de Jesús? ¿Cómo se ejerce el poder?  ¿Está todo orientado a favorecer a los más débiles y necesitados? ¿Qué sentido tiene la educación de la fe y la pastoral? ¿Son un apéndice, una clase más, o permean toda la vida del colegio? ¿Están orientadas al cumplimiento de una serie de prácticas religiosas o es una invitación radical a modelar la vida al estilo de Jesús?  Los pastoralistas,  ¿testimonian con su vida lo que proponen?  En definitiva, y para no alargarme, plantearnos  con fuerza qué me diría (y nos diría) hoy Jesús y nuestros fundadores después de haber observado la vida, no tanto los documentos y  proyectos,  de nuestro colegio.

2-. De acuerdo a su afirmación: “En nuestra educación católica, no han faltado palabras, pero ha faltado fe vital, testimonio, comunicación de experiencia, contagio de algo vivido de manera honda y entrañable. El gran reto hoy es irnos configurando como colegios verdaderamente evangélicos, levadura en la masa de la educación. Es imprescindible que los alumnos perciban en el centro educativo  los valores que les decimos van a hacer más plenas sus vidas y van a ayudarles a ser más felices. En consecuencia, es imprescindible, que nos vean felices en la vivencia de lo que proclamamos”. ¿Cómo mantener esa vitalidad esencial cuando, en ocasiones, nuestras instituciones educativas  se han visto afectadas por situaciones económicas, políticas y sociales que han podido poner en riesgo su misma existencia?

No creo que la falta de vitalidad se esté debiendo a las dificultades que muchos colegios católicos están sufriendo por la realidad política y económica que vivimos.  Su falta de vitalidad no se ha originado por el momento político que estamos viviendo.  Es una crisis que se viene arrastrando  desde hace mucho tiempo. Pienso más bien que es su falta de vitalidad lo que le impide a la educación católica vivir más creativamente  la situación actual.  Los problemas que actualmente sufre la educación católica no se originan precisamente porque  esté testimoniando con valor los valores evangélicos y porque sus colegios sean semilleros de hombres y mujeres nuevos, al estilo de Jesús, verdaderamente volcados al servicio de los demás y a la gestación de una nueva Venezuela, donde todos podamos vivir con dignidad.    Por lo general, el país percibe a la educación católica como poco católica en el sentido original del término, es decir, poco universal, poco preocupada por los problemas comunes. La educación católica, a pesar de que tiene una rama muy robusta en sectores populares, se percibe como demasiado ligada a los grupos e intereses de los privilegiados. Parece encerrada en sí misma, tratando de sobrevivir, y no es capaz de salir al país con una propuesta educativa de verdadera calidad integral para todos. Pareciera haber  perdido su carácter profético de denuncia y de anuncio, anuncio sostenido en el ejemplo, en la vivencia de los valores de Jesús, que se traduce en un modo  de hacer  distinto.   Es, por ello, urgente, que la educación católica  se constituya en vocera y aliada  de la educación pública de calidad, preocupada por cada niño y cada joven que está recibiendo una pobre educación.  La educación católica no puede seguir de espaldas a la educación pública ni a los graves problemas que vivimos, y debe hacer grandes esfuerzos por vivir como Jesús una opción radical por los que sufren cualquier tipo de discriminación.  A la educación católica le falta garra, vitalidad, empuje, espíritu.

3-. Una de sus afirmaciones propone: “necesitamos con urgencia recuperar la espiritualidad”, ¿Cómo cree usted que podemos recuperarla, desde la familia, la escuela y también desde las instituciones de educación superior, cuyos destinatarios son mayoritariamente adultos?

La educación católica, como la Iglesia en general,  se ha preocupado por mantener y alimentar una fe poco exigente, que se limita a veces al cumplimiento de ciertas prácticas religiosas, pero ha descuidado el cultivo de la espiritualidad. No podemos olvidar que Jesús no vino a enseñarnos una religión sino una forma de vida. Más que personas religiosas, busca personas que compartan su espíritu  y se comprometan a acompañarle en su misión de establecer el Reino. Las prácticas religiosas no son un fin en sí mismo, son sólo un medio para alimentar el espíritu y testimoniar un compromiso por el Reino. Si de la oración y la comunión no salimos fortalecidos para seguir a Jesús con mayor radicalidad no tienen sentido.

Lamentablemente, todavía son muy numerosas las personas que están atrapadas en una concepción dualista que opone cuerpo y alma, espíritu y materia, espiritualidad y vida cotidiana. En el uso corriente de la lengua, la palabra espiritual se usa para expresar lo opuesto a material, corporal, temporal. Ser espiritual aparece como sinónimo de evasión de la realidad, renuncia al goce y al disfrute de la vida y del cuerpo. Las personas espirituales son percibidas como aquellas que se dedican a las cosas “divinas”, al rezo, a las actividades religiosas, que se la pasan en la iglesia y en el culto, que se preocupan fundamentalmente por la salvación de su alma. De ahí que cuando se dice que una persona es muy espiritual, muchos piensan en una persona que frecuenta las actividades religiosas, que parece vivir allá arriba, poco ocupada de la vida cotidiana y de los problemas de este mundo. En esta concepción lamentablemente muy extendida, la espiritualidad tiene muy poco que ver con las actividades cotidianas, como el trabajar, el enseñar, el gobernar, la vida familiar, la sexualidad, la educación de los hijos, la política, la pedagogía, la diversión, el ocio. Todas estas son consideradas cosas “mundanas”, que tienen muy poco o nada que ver con lo espiritual.

Estos conceptos de espíritu y espiritualidad como realidades opuestas a lo material, a lo corporal, a lo mundano, provienen de la cultura griega, que hemos asimilado con naturalidad y que ha condicionado toda nuestra visión de lo espiritual y de nuestra pastoral. Para el pensamiento bíblico, espíritu no se opone a materia, ni a cuerpo, sino a maldad (a destrucción); a carne y a muerte (a la fragilidad de lo que está destinado a la muerte); a la ley (a imposición, miedo, castigo). En hebreo, la palabra espíritu, ruah, significa viento, aliento, hálito. El espíritu es como el viento: ligero, potente, arrollador, impredecible… Es como el hálito de la respiración: quien respira ¡está vivo!  El espíritu no es otra vida sino lo mejor de la vida, lo que da vigor, sostiene e impulsa la vida. En este contexto semántico, espíritu significa vida, construcción, fuerza, acción, libertad.

Por consiguiente, la espiritualidad no es para huir de la realidad, sino para sumergirse en ella y tratar de humanizarla. La espiritualidad no niega la vida, sino que le da un verdadero sentido desde la relación consigo mismo, con los otros, con la naturaleza y con Dios. Espiritualidad es comunión con Dios, con los hermanos y con la naturaleza. La espiritualidad está centrada en el Reino de Dios, se alimenta de un Dios que sólo busca y quiere una humanidad más justa y más feliz, y tiene como centro y tarea decisiva construir una vida más humana. Buscar el cielo es trabajar por la tierra. Ser espiritual es tejer un abrazo entre el cielo y la tierra.

En eso consistió precisamente Pentecostés, la llegada del Espíritu, que se expresó como fuerza y fuego, como don de lenguas donde todos se entendían a pesar de la diversidad; como huracán arrollador, que cambió a unos asustados apóstoles que estaban llenos de miedo y con las puertas trancadas, en unos testigos valientes, llenos de ímpetu y creatividad, que salieron a proclamar con valor y convicción a Jesús Resucitado: el grano de trigo que murió para dar vida, el “Hombre que venía de Dios”. El espíritu los llenó de valentía, transformó su corazón acobardado, los hizo vencedores del miedo y de la muerte, los convirtió en comunidad misionera, que se lanzó a anunciar al mundo entero a Jesús Resucitado.

En consecuencia, la educación católica debe alimentar una espiritualidad encarnada en la vida y en la historia; unaespiritualidad solidaria con el más pobre, excluido y marginado; unaespiritualidad del amor práctico y eficazque encuentra a Dios en el hermano, se entrega a él y lo sirve con alegría; una espiritualidad apostólicaorientada a la misión,que le permite dar sentido a la historia y transformarla;  una espiritualidad profética, política y liberadora que denuncia y combate todo tipo de dominación, discriminación, explotación o violencia y busca la transformación social y la construcción del Reino;unaespiritualidad comprometida con la defensa de la vida,de toda vida, en especial del más débil; una espiritualidad ecológica que considera la tierra como madre universal y hogar común de todas las creaturas;una espiritualidad mariana, femenina, maternal, que reivindica la ternura, la calidez y el gran valor de la mujer en la Historia de la Salvación;una espiritualidad inculturada e intercultural, plural y respetuosa de las otras culturas y los otros caminos para encontrarse con Dios;una espiritualidad de la oración y el discernimiento que busca siempre hacer la voluntad de Dios;una espiritualidad contemplativa en la acción, que encuentra  a Dios en todas las cosas y en la vida;una espiritualidad festiva y celebrativa del encuentro con la comunidad de fe y con su Creador; una espiritualidad de la esperanza y de la alegría que se sobrepone a los signos de muerte que le rodean y cree en el triunfo de la vida sobre la muerte y del amor sobre el desamor.

En definitiva, la educación católica debe tener como su objetivo esencial en todos sus centros y programas, la invitación a llenarse del Espíritu de Jesús que se traduzca en un seguimiento radical en su empeño de construir el proyecto del Reino, una sociedad fraternal, justa y solidaria.

4-. ¿Qué le motivó a usted, no sólo a ser educador, sino también a dedicarse con ahínco a desarrollar estudios y propuestas en pro del ser educador y de la pedagogía?

Comencé a dar clases sin haber estudiado educación. Creía entonces que educar era impartir programas, enseñar conocimientos, preparar clases y evaluar aprendizajes.  Posiblemente esa era la imagen que habían proyectado la mayoría de mis maestros y profesores.  Pero dos experiencias importantes cambiaron mi concepción sobre la educación y me fueron asomando a la profundidad y responsabilidad de lo que significa ser maestro, educador. En primer lugar, caí en la educación en el Instituto Jesús Obrero de Catia donde un grupo de profesores creativos y muy entregados, estaban comprometidos en cambiar esa educación bancaria, acrítica, intrascendente,  por una educación que partiera de la realidad de los alumnos y les enseñara a investigar, a producir, a resolver problemas. Pero fue en la Normal Nueva América de Fe y Alegría en Maracaibo donde fui en verdad haciéndome educador. Fe y Alegría ha sido una energía permanente, un espíritu que ha avivado mis mejores sueños y ha alimentado mi decisión de hacer de mi vida una semilla de vida, una ocasión para sembrar esperanzas comprometidas, para tocar las puertas de los corazones de las personas y animarles a plantearse la vida en serio, haciendo de ella un regalo para los demás.  Porque ser maestro, educador, -y lo repito con frecuencia- es algo más sublime e importante que enseñar matemáticas, inglés, computación, electricidad o tecnología. Ser maestro es formar personas, cincelar corazones, ofrecer los ojos para que los alumnos se miren en ellos y se vean bellos y así puedan mirar la realidad sin miedo y mirar a los demás con mirada cariñosa que respeta e incluye, que tiende puentes, que siembra cercanía y fraternidad. Los educadores somos arquitectos de personas, parteros del alma, médicos de corazones heridos y rotos. Educar es, en definitiva, continuar la creación, ayudar a nacer ese hombre y esa mujer nuevos según el sueño de Dios cuando los creó.

Por considerar que el educador es la pieza clave para la calidad educativa, he dedicado y sigo dedicando mis mejores esfuerzos a la formación de educadores. Un buen maestro o profesor es la principal lotería que le puede tocar en la vida a un grupo de niños,  niñas o jóvenes. Así como un mal educador puede ser una verdadera desgracia para grupos numerosos de alumnos. El educador puede  suponer la diferencia entre un pupitre vacío o un pupitre ocupado, entre un malandro o un joven trabajador y responsable, entre una vida vacía y hueca o una vida con sentido.

Pero frente a la degradación del hecho formativo que se suele reducir a la adquisición de algunos conocimientos y al desarrollo de algunas competencias, la auténtica formación es un proceso de liberación individual, grupal y social. Formarse es fundamentalmente construirse, inventarse, planificarse, soñarse, llegar a desarrollar todas las potencialidades de la persona. Estoy hablando entonces de un proceso de construcción permanente de la personalidad y de un pensamiento cada vez más autónomo, capaz de aprender continuamente, para así poder enseñar en el sentido integral de la palabra.

Por ello, quiero  alertar   que no es lo mismo estar en formación, que estar estudiando. La mayoría de los estudios informan, lo cual no es malo, pero no es suficiente, porque descuidan la formación de la persona. De algunas universidades y centros de formación  salen profesionales, pero no personas. Dan títulos pero no egresan verdaderos hombres o mujeres. También hay supuestos  educadores, muy abundantes hoy en Venezuela,   que más que formar, tratan de “formatear” las mentes de los alumnos, para que sólo sean compatibles con lo que ellos les inculcan y rechacen todo otro  tipo de pensamiento. Es la consecuencia de utilizar la educación para ideologizar, para hacer personas obedientes y sumisas. Hay también estudios que, más que formar, deforman a los estudiantes.  Todos conocemos  educadores a los que los títulos de postgrado los echaron a perder. Personas que utilizan sus nuevos títulos como una especie de pedestal al que se suben y desde la altura de sus nuevos diplomas empiezan a alejarse de los alumnos, de los compañeros,  de las personas más sencillas y necesitadas.  Yo por eso hablo de la necesidad de títulos que, en vez de subir, nos ayuden a bajar, a descender al nivel de los alumnos más necesitados y de las personas más sencillas para poderles brindar la ayuda que necesitan. Como dice García Márquez, “Nadie tiene  derecho de mirar a otra persona de arriba abajo, si no es para ayudarla a levantarse”. O como  me gusta repetir, a mí sólo me interesan conocimientos que lleven a co-nacimientos, es decir, a nacer a una nueva vida con el otro y para el otro.

En los últimos años, y tras reconocer que es poco lo que podemos  hacer los educadores si no contamos  con el apoyo de las familias, he  empezado a trabajar  también con los padres y representantes. La familia es la principal escuela, de valores o de antivalores. En definitiva, la mayor parte de las cosas que uno valora, desprecia, quiere, teme…, son las cosas que uno ha aprendido a valorar, despreciar, querer, temer… en la casa. En los tiempos de crisis y desorientación ética que vivimos, es urgente e imprescindible  que padres y educadores nos vayamos  articulando y reencontrando cada vez más orgánicamente para que trabajemos en la misma dirección. Para educar nos necesitamos y debemos reencontrarnos y  superar nuestros mutuos recelos y prejuicios. Esto va a suponer,  entre otras muchas cosas, que los padres recuperen su papel de primeros y principales educadores,  que conozcan y estén de acuerdo con los valores que procura el centro educativo  y, mucho más importante, que se comprometan  a construir y vivir en sus hogares esos mismos valores. De no hacerlo, los jóvenes crecerán desorientados y con una grave confusión ética.

Mis libros tienen esa misma misión. Cuando descubrí que la escritura me posibilitaba tocar las puertas de muchos corazones anónimos, ayudarles a cuestionarse y reflexionar sobre sus vidas y sus profesiones,  sembrar en ellos sueños y esperanzas, me dediqué a escribir con voracidad, buscando siempre un estilo sencillo, directo y emotivo que llegue a los educadores. De hecho, después de algunos pinitos literarios en los orígenes de mi vida profesional, que me llevaron a publicar cuatro novelas y un par de libros de corte filosófico, todo el resto de mi amplia producción (más de cincuenta libros) es de tema educativo, mi verdadera vocación, ocupación y pasión. El descubrimiento del potencial formativo de la escritura me ha llevado también a ser editor de varias colecciones de tema pedagógico y, desde hace ya más de cuatro años,  a publicar un artículo de opinión todas las semanas en siete periódicos del país.

5-. ¿Qué mensaje le dejaría usted a aquellos jóvenes que, a punto de iniciarse en la educación superior, se sienten llamados a la docencia?

Les diría que sigan su vocación y la cultiven permanentemente para que la ejerzan con responsabilidad y con verdadera alegría.  La educación es la profesión más importante y más noble para construir un futuro mejor. La educación es, o puede llegar a ser,  la tarea humanizadora por excelencia, el medio privilegiado para que cada persona se plantee y alcance una vida en plenitud.  En la actual sociedad del conocimiento y en este nuestro siglo del saber, la carrera económica, cultural y geopolítica pasa a ser una carrera entre sistemas educativos. La fortaleza de un país radica en el grado de educación de sus habitantes. La educación es la suprema contribución al futuro del mundo actual, puesto que tiene que contribuir a prevenir la violencia, la intolerancia, la pobreza, el egoísmo y la ignorancia. Una población bien educada e informada es crucial si se quiere tener democracias prósperas y comunidades fuertes.  A todos nos conviene tener más y mejor educación y que todos los demás la tengan. La educación es el pasaporte a un mañana mejor.

Les diría sobre todo que   traten de esforzarse en llegar a ser maestros y no se conformen con ser meros profesores,  magisters o doctores. Hoy tenemos muchos licenciados, profesores y hasta magisters y doctores, pero escasean cada vez más los maestros: hombres y mujeres que encarnen estilos de vida, ideales, modos de realización humana. Personas orgullosas y felices de ser maestros, que asumen su profesión como una tarea humanizadora, vivificante, como un proceso de desinstalación y de ruptura con las prácticas rutinarias. Que buscan la formación continua ya no para acaparar títulos, credenciales y diplomas, y de esta forma creerse superiores, sino para servir mejor a los alumnos, capaces, por ello, de liberarse de la seducción de los papeles y de la enfermedad de la titulitis.

Maestros que ayudan a buscar conocimientos sin imponerlos, que guían las mentes sin moldearlas, que facilitan una relación progresiva con la verdad y viven su tarea como una aventura humanizadora en colaboración con otros. Maestros comprometidos con revitalizar la sociedad, empeñados en superar mediante la educación,  la actual crisis de civilización y la crisis de país que estamos sufriendo, capaces de reflexionar y de aprender permanentemente de su hacer pedagógico, y que se responsabilizan por los resultados de su trabajo. Maestros preparados y dispuestos para liderar los cambios necesarios, que se esfuerzan cada día por ser mejores, y por mejorar la educación y la sociedad.

La vocación docente reclama, por consiguiente, algo más importante que títulos, diplomas, conocimientos y técnicas. Formar personas sólo es posible desde la libertad ofrendada y desde el amor que crea seguridad y abre al futuro. Cuando un maestro vive su diaria tarea no como un saber, que le crea un poder, o como una función que tiene que cumplir, sino como una capacidad que le obliga a un servicio, está no sólo ayudando a adquirir determinados conocimientos y destrezas, sino que está dando sentido a su misión, está educando, está ayudando a ser.

Esto presupone una madurez honda, una coherencia de vida y de palabra. Y esta coherencia es imposible sin un permanente cuestionamiento y cuidado del propio proyecto de vida. Sólo quien reconoce sus limitaciones, sus propias contradicciones, sus carencias, y las acepta como propuestas de superación, de crecimiento, es decir de formación, será capaz de recibir amor y por ello podrá darlo. Será capaz de aprender y por ello de enseñar. El que cree que lo sabe todo, el que se coloca con autosuficiencia frente a los alumnos, el que piensa que no necesita de los demás, será incapaz de establecer una verdadera relación comunicativa, será incapaz de entender la necesidad de su propia educación, será por ello, incapaz de educar.

 

Ricardo J. Márquez Muskus

Fue director de Pastoral de la Universidad Católica Andrés Bello durante 9 años, ha sido cursante y facilitador de PECES,  (Padres Eficaces Con Entrenamiento Sistemático),   un programa que está diseñado para ayudar a relacionarse con mayor eficacia padres-hijos, y del curso STEP (Systematic Training For Effective Parenting). Actualmente ocupa el cargo de Assistant Director of The Jesuit Center, en Loyola University New Orleans.

1-“Desde el momento que decidimos ser padres, decidimos ser educadores” (Los Padres como educadores: preparando un viaje, Francisco Igea Arisqueta y Magdalena González Parra, Sal Terrae. 2011, 693-704)

¿Qué piensas de esta afirmación?

De entrada la comparto, pero quisiera jugar un poco con esta afirmación. Pensando en mi experiencia, donde el ser papá no estaba en mis planes, porque había escogido la vida religiosa, no tenía mayor idea de las implicaciones que tenía la decisión de crear una familia con mi pareja. En la decisión había un gran componente de amor, pasión y sueños, pero poca conciencia de sus consecuencias. Hoy reconozco que fui pasando progresivamente de la inconsciencia a la conciencia de mi paternidad, después de haber acompañado a tres seres humanos: Andrés Ignacio (30 años, psicólogo), Alejandro José (28 años, médico) y  Francisco Javier (26 años, abogado). Ellos, nuestros hijos, fueron los facilitadores de ese proceso. Por darte un ejemplo concreto. Uno tiende a repetir lo que vio en su familia de forma automática. Es lo familiar para ti, lo que funciona alrededor tuyo, lo que es normal.

Crecí en un hogar donde mi papá trató de hacer lo mejor que pudo, con los recursos educativos que disponía. Su modelo educativo era autoritario, jerárquico y perfeccionista. Las expectativas eran muy altas. Eso tuvo sus pros y sus contras. Con lo que recibimos nos toca después hacer alquimia y  sacar “oro”. En mi caso, como te decía, al nacer mi primer hijo, repetí sin cuestionar el patrón autoritario aprendido. Con el tiempo, y por el deseo de hacerlo bien como papá (ventajas del perfeccionismo) fui revisando, con las observaciones de mi compañera y esposa María Luz, mis creencias sobre la autoridad.

Claramente lo sentí un día. Al llegar a la casa mi ojo crítico se fijaba en lo que estaba fuera de lugar, en el orden. Esa actitud generaba un clima de desagrado en mí y en el clima familiar. Fue entonces cuando me dije: ¿Quieres ser un sargento o un padre nutriente?. Decidí entonces, más conscientemente, ser un padre nutriente. Me ha llevado tiempo y todavía, después de los 60, ando en eso.

2- Una pregunta obvia,  ¿Qué es educar para ti?

Gandhi, por cierto, decía que había que ser militante de lo obvio. Pasé muchos años pensando que la educación era acumular y recibir información para ser culto y educado. Estudiando en la Universidad escuché la simple explicación etimológica de la palabra educación (del latín : e-ducere). Ese día se me abrió todo un universo de comprensión. Parece que estaba listo para entender, para ver algo que hasta ahora no había visto. No era sólo entonces in-ducir (in-ducere) conocimientos, acumular informaciones sino ayudar a “parir”, guiar  para “dar luz” lo que cada quien lleva potencialmente en su ser.

En otra oportunidad le escuché a un psicólogo decir que ser educador era ser un “creador de contextos”. Otro de esos momentos de descubrimientos. La metáfora del jardinero que tanto se ha utilizado para hablar del proceso educativo calza muy bien con esta idea. Desde entonces me gusta sentirme jardinero, preparar los terrenos y los contextos estimulantes, cuidar, regar, podar (la parte dura), deshierbar y confiar en el potencial que ya trae la semilla.

Con estas dos referencias educar es para mí desarrollar las destrezas y habilidades para explorar, descubrir y facilitar el desarrollo del potencial intelectual, afectivo y social de cada ser humano.

Educar es  orientar, modelar, sobre todo esto, los valores que puedan guiar el “viaje” de la vida hacia la plenitud de su paradójico destino, muerte-vida.

Como padres estamos invitados a trabajarnos a nosotros mismos, revisar los valores y creencias recibidos, para ver con atención el misterio de nuestros hijos a quienes nos toca acompañar. Ver, observar, estar cerca para apreciar sus fortalezas y debilidades, ser estimulantes y crear condiciones para cultivar el potencial que traen en sus diversas manifestaciones, la inteligencia, la creatividad, el deporte, la música… educar la cabeza, el corazón y las manos. Aprender a aprender, libertad para explorar y preguntar; educar el corazón para sentir y acompañar el placer y el dolor, abiertos al mundo, los otros y la trascendencia.

El reto en toda esta tarea es favorecer la formación de “hábitos”. Todo ello requiere práctica y mucha paciencia. Para crear nuevos hábitos se necesita modelaje, refuerzos positivos y tiempo. Más complicados son los hábitos del corazón, como lidiar con las emociones constructivamente, con la rabia, la tristeza, los celos, las frustraciones y el placer. Por eso pienso , como decía nuestra maestra Virginia Satir, la mejor contribución que le podemos hacer a nuestros hijos como educadores es trabajarnos a nosotros mismos, crecer en consciencia y cuidarnos emocionalmente para no vivir proyectando en ellos nuestros rollos no resueltos.

3- ¿Existen los padres perfectos?

Existen tus padres y mis padres, los padres del vecino, del que vive en China y en Ruanda. Tantos padres y tan variados como personas existen. Los padres reales y posibles, los que nutren a sus hijos, los que los abandonan, quienes son tiernos y quienes son rudos. Una de las recomendaciones que me pareció muy útil cuando hice el curso PECES fue un capítulo denominado “El Coraje de ser imperfectos”. Reconocer que nos equivocamos, que no siempre estamos con la mejor disposición para interactuar con nuestros hijos, que los hemos herido con nuestras palabras y actitudes, que a veces los sobreprotegemos, o no estamos a su lado cuando nos necesitan; Aceptar y reconocer lo que somos y hemos hecho para poder crecer y mejorar.

Cada uno de nuestros padres hizo lo que pudo, con las herramientas que tenía, en el momento que le tocó vivir, “lo que hemos podido”, como dicen los autores del artículo. Esto es muy importante porque nos permite reconciliarnos con nuestros padres, ser menos jueces y más compasivos, aliviar las mareas emocionales que a veces nos acompañan para poder crecer emocionalmente, esto no quiere decir que tenemos que conformarnos con lo que somos. Una cosa es aceptar y entender para crecer y otra es conformarse para justificar.

Yo intente ser un padre perfecto con mi primer hijo. El deber ser me agotó y quito gracia y vida. No todo lo hice mal, pero las marcas de mi rigidez dejaron huellas. Con el tiempo fui reconociendo la necesidad de aceptar mi historia, mis luces y mis sombras para ser mejor padre-educador.  Aprendí por necesidad. Las señales del clima familiar de tensión  nos hicieron confrontar la necesidad de ayuda y orientación. Con esto quiero decir que no hay “padres perfectos”, ni que vale la pena intentarlo, mi invitación es a vivir la paternidad y la maternidad con la intención de ser un padre/madre nutriente, al servicio de la vida, acompañando el develar de ese misterio que son nuestros hijos. Estar dispuesto a revisarse profundamente, sin miedos, con profundo cariño y aceptación, buscar ayuda cuando sea necesaria, porque la tarea no es fácil ni trivial. Se necesita una ciudad, hoy diríamos, un mundo, para educar un niño, y es mejor invertir todo lo que sea necesario en su sano desarrollo que después reparar a un adulto quebrado.

 4- Y hoy, ¿Qué mapa de carretera le recomiendas a los padres como educadores?

No daría recomendaciones, como decía aquel maestro, ¿Quieres que te de mi bagazo, o quieres masticar tu propia fruta?. Solo puedo compartir lo que he aprendido y degustado en mi experiencia como padre-educador, con sus altos y sus bajos.

Durante esta entrevista hemos estado hablando de padres y su papel como educadores. Detrás de mi discurso hay un paradigma de familia que quiero hacer explícito, sí, es la familia como yo la conocí, hombre y mujer casados que viven bajo un mismo techo. Quiero honrar, reconocer e incluir, cuando me refiero a estos temas, a las mujeres y hombres que asumen esta tarea solos. Las reflexiones y comentarios que intentamos hacer sobre el papel de educación de los padres creo que se aplican a todas las modalidades y circunstancias en las que hoy está configurada la familia.

Ahora voy a la pregunta. Algunos elementos importantes que veo para la educación de nuestros hijos en el futuro: Educar para la complejidad y la incertidumbre, para la infinitud del cielo con los pies en la tierra.

Si hoy estamos cuestionando todo es porque cada día estamos recibiendo nuevas informaciones que cuestionan  lo que creíamos.

¿Cómo educar con un piso firme si no lo hay? ¿Cómo ofrecer estructura si todo se cuestiona?. Dentro de un paradigma dualista es difícil responder, porque  es “una cosa”  u  “otra”. No se trata de eliminar las “verdades” y los “valores” que nos han funcionado y nos guían. Tampoco se trata de radicalizarse, y por miedo a lo desconocido, aferrarse a lo conocido fanáticamente.

Si la vida es compleja, entonces conviene educar a los hijos en la integración de las paradojas, ya no es o “lo uno” o  “lo otro”, sino “ambas cosas” y “a la vez”. Sé que lo que estoy diciendo no es fácil, es un territorio claro oscuro y paradójico, pero es lo que estamos reflexionando a partir de lo que estamos viendo con nuevos ojos. ¿Y esto que tiene que ver con los padres como educadores?. Mucho, porque los padres les trasmitimos verbal y no verbalmente a nuestros hijos la visión del mundo que tenemos.

Los padres somos los primeros educadores en cosmología para nuestros hijos. Una cosa son los padres que educan a sus hijos creyendo y trasmitiéndoles la idea de que la tierra es el centro del Universo, cuyos recursos son inextinguibles, que le podemos sacar lo que queramos y  no pasa  nada; y otra cosa son los padres que tienen otra visión, la tierra como expresión única y maravillosa del big-ban, de la creación, fruto de billones de años de evolución, con recursos que se agotan y que debemos cuidarla para que la vida persista. Que ella, al igual que todos los seres que vivimos en ella tenemos derechos y estamos inexorablemente ligados en su viaje y destino.

Nuestros padres nos echaron los cuentos que ellos aprendieron con las informaciones que tenían, en ellos nos trasmitían subliminalmente las preguntas, las inquietudes y las respuestas que la humanidad ha ido elaborando. Muchos crecimos con esas historias y las tomamos como verdades ofrecidas, y está bien, pero  con el tiempo esas verdades pueden ser “prisiones” o “tapa ojos”.

Hoy los padres pueden abrirse a las nuevas informaciones y empezar a crear nuevas historias (nuevas épicas) para compartirlas con sus hijos pequeños, historias que le van presentando un mundo, complejo, maravilloso y misterioso con el que hay que relacionarse con respeto y reverencia. Idealismo puro, puede ser, pero “se mueve”. No se trata de rechazar las viejas historias, sino recrearlas con las nuevas informaciones, construir sobre lo construido. El reto es grande, pero excitante para la nueva generación de padres-madres-educadores.

Una referencia final al tema de la educación religiosa y de los valores trascendentes. Pienso que los padres deben incluir el tema de lo espiritual, religioso y trascendente en su mapa educativo. Es una de las dimensiones más complejas, porque es sutil. Una cosa es modelar en el deporte o las matemáticas, otra en la fe y las creencias.

Así como se van creando hábitos y gustos por la música, regalando un instrumento musical, creando un contexto estimulante para el canto y el baile, de la misma manera hay rituales y modelajes que van despertando y cultivando la sensibilidad religiosa y espiritual. Cada quien lo hace desde su tradición y desde sus costumbres culturales. Orar antes de acostarse, bendecir, agradecer y disponerse a ser mejores seres humanos cada día. Dar gracias a Dios, a la tierra y a los seres humanos por los alimentos de cada día. Aprovechar los rituales de la tradición religiosa a la que pertenecemos para educar en lo que es invisible a los ojos pero esencial para el corazón. Invitar a observar, contemplar a la naturaleza en todas sus manifestaciones, a crear momentos de silencios, enseñar el arte de respirar para serenarse…y por supuesto conocer y estudiar con el tiempo los aportes de tu tradición y tu religión, sin miedo de ir al fondo, porque allí, si el viaje es honesto,  nos encontraremos con la fuente universal y origen de todo, lo que misteriosamente y por no tener otras palabras llamamos Amor, con Mayúscula, o Dios, o el Misterio.

F. Javier Tello Vegas


F. Javier Tello Vegas, Superior Mayor de los Agustinos Recoletos en Venezuela, especialista en Catequética en Madrid llega a Venezuela el día de todos los santos del año 2000 quien asumió con alegría y esperanza ese destino como

presencia de Dios en su vida. Desde aquel día de todos los santos su tarea ha estado, hasta el mes de julio de este año pasado, dedicada a la educación en dos ámbitos diferentes: el colegio Agustiniano Cristo Rey y el seminario de Palmira, los cuales define como “Dos lugares distintos pero un mismo esquema de educación en cuanto a la forma de compartir camino, acompañar y testimoniar, siguiendo aquella expresión de san Agustín al comentar el Evangelio de San Juan: Todos somos condiscípulos en la escuela del único Maestro”.

Admirable por su habilidad para trabajar con niños, su entrega a los jóvenes, y su disposición a crear nuevos y mejores espacios de formación que transformen personas y realidades motivadas por su fe, en esta entrevista F. Javier Tello Vegas, nos comparte su experiencia en educación a la luz del documento propuesto “Vayan y Enseñen”.

1. ¿Cómo ve usted que se podría actualizar, reforzar o rescatar a identidad de la Escuela Católica? ¿Qué necesita fortalecer, revivir?

Hablar de escuela católica es hablar de testigos. En el centro de la identidad de la escuela católica se encuentra el testimonio de aquellos que creyeron. En este tiempo de Pascua, en que estamos acompañados por el Evangelio de la Comunidad (Los Hechos de los Apóstoles), la clave de la formación de las comunidades, de los proyectos, ambiciosos, difíciles y en tiempo de persecución, fue, sin dudad alguna, el testimonio que dieron los primeros discípulos.

Entonces, si hoy queremos actualizar, revitalizar, pongamos los sinónimos que queramos, la identidad de la escuela católica, necesitamos, indudablemente, de testigos. El documento nos habla de transmisión de valores, de formación integral, de llevar la misión continental a la escuela. Esto solo será posible si reforzamos, en cada uno de los implicados, el testimonio. Ese testimonio será creíble si se realiza desde la firmeza de la fe en Jesucristo y desde el compromiso personal por anunciarle. Este sería el principio fundante; a su lado, o más bien, como despliegue del mismo aparecerían el sentido de tarea común, de eclesialidad, la conversión personal, la capacidad de mirada abierta, acogedora y receptiva de un mundo que sigue reclamando de nosotros testimonios creíbles.

2. ¿Cómo cree que en esta sociedad tan llena de información y electrónica puede la escuela  transmitir nuestros valores?

El peligro de algunas instituciones que llevan muchos años asentadas y afianzadas en su tarea y que han mantenido un esquema inamovible en muchos de sus aspectos puede ser, ante el desarrollo frenético de nuevas tecnologías, de nuevos escenarios de educación y formación, que opten por encerrarse y preferir lo, permítame que lo entrecomille “tradicional” “lo de siempre”.

Este es un tema que requeriría de más reflexión y espacios más amplios pero, por la experiencia que he tenido en el ámbito educativo y en el tecnológico puedo asegurar que la unión de uno y otro es, ya se está haciendo, es clave en nuestro tiempo. Si tengo algo bueno que comunicar y la escuela católica en el fondo comunica Buena Noticia, tendré que servirme de todo lo que me rodea para que esa noticia llegue a los más posibles.

Es cierto que sigue habiendo desconfianza y miedo a la hora de hacer depender la educación de estos nuevos medios y que también, desde lo pastoral, se ha dado demasiado peso, en ocasiones, a colocar el éxito del anuncio en el mero hecho de usar o no tecnologías.

Es tiempo de diálogo, de pruebas, de enriquecimiento mutuo. El documento habla de una “escuela que responda a las demandas actuales de los interlocutores”. En esta dinámica debemos entrar y “servirnos” de los medios que nos rodean para, con actitud crítica nos ayuden a llevar adelante la tarea encomendada.

3. El texto hace hincapié en la necesidad de tener profesionales muy bien preparados. Ante la realidad de los niños y jóvenes de estos tiempos, ¿Qué necesitan los docentes actualmente para alimentar su formación y poder llegar a ellos con mayor intensidad? ¿Cuáles son las herramientas o destrezas que actualmente exigen mayor atención?

Esto puede sonar raro pero lejos del dominio de las aplicacionesinformáticas o de los gadgets electrónicos, tener docentes, profesionales, bien preparados significa tener personas capaces de: escucha, interioridad, fe firme, acogida, especialistas en comunión. Creo que las herramientas que necesitamos ya se nos concedieron por Dios desde nuestro nacimiento. Poner a funcionar los ojos, las orejas, los labios o el corazón pero en una nueva dinámica la de la escucha, las del ver a fondo y descubrir en el otro más que un alumno o un compañero de trabajo, la de proclamar y anunciar o la de sentir con el otro y desde el otro.

Deberíamos, desde la escuela católica releer el texto de los Discípulos de Emaús y llevarlo a la práctica: encontrarme con los que caminan en la institución, interesarme por sus miedos, sus huidas, sus desánimos, sus horizontes y, disculpen que repita tanto el “sus” pero así hago hincapié en la necesidad de entender desde la otra parte y no desde lo que el educador cree que debe ser lo mejor para el alumno. Significa también ayudar a interpretar la historia pasada, ilustrar; compartir la mesa del aprendizaje mutuo de la esperanza compartida desde a fe (esto solo se puede sumar desde la escuela en pastoral que dice el documento). Por último retomar la dinámica que san Agustín tanto reclama en el “volver al corazón” es el camino de vuelta de la exterioridad y el disiparse hacia el encuentro con la VERDAD en el interior del hombre.

4. Ante esta realidad cambiante, esta nueva época, ¿Cómo podemos llevar la Misión Continental en la Escuela Católica?

Creo que asumiendo con libertad y valentía el espacio que le corresponde no a la Iglesia sino a Jesucristo dentro de este espacio. Me parece que nos hemos dejado quitar los espacios que pertenecen a este Maestro. Bajo la dinámica de la tolerancia, de las necesidades urgentes o de los planes llenos de iniciativas meramente pedagógicas, hemos dejado apagar el fuego del testigo, del compañero de camino en la fe.

Será tarea a llevar adelante conseguir que el alumno, el profesor, el directivo, el trabajador de la escuela se convierta en testigo y misionero. Habrá que anunciar, orar, ilusionar y creer en que, además de las palabras que llenan los salones de clase, también es necesaria la Palabra que llena el otro salón, el de dentro, el corazón.

5. Finalmente, ¿Qué es lo mejor de ser educador en Escuelas Católicas del 2012?

Saber que se está trabajando en un apostolado de frontera, que la tarea encomendada es la de sembrar futuro la de creer en el otro, en sus capacidades la de hacer de “maestros” con minúsculas, sumándonos a la tarea del Maestro.


Mons. Juan Vicente Córdoba SJ y P. Víctor Méndez

Entrevista realizada en Colombia a Mons. Juan Vicente Córdoba SJ, Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia,  y  al P. Víctor Méndez, Encargado del Departamento de Educación del CELAM, presentadores del libro “Vayan y Enseñen”.

Para escuchar la entrevista hacer click en la siguiente imagen.

P. Javier Duplá: La educación como vocación


Con su carácter afable y su actitud pedagógica, el P. Francisco Javier Duplá hace que todos a su alrededor sientan que están en una clase de historia, literatura o cultura general. Sus 27 años como profesor universitario, que se suman a otros 14 como maestro en bachillerato, son la muestra de que la educación ha sido la principal actividad de este jesuita, o como él mismo lo dice: “la pasión de mi vida”. A lo largo de estos años se ha ganado el cariño de muchos de sus alumnos, quienes los buscan incluso cuando ya no son estudiantes.
A esta vocación se une su amor por la lectura. En cada momento libre de su vida, que no son muchos, se le ve con un libro en la mano. Asegura que ha leído más de 2 mil libros de diversos temas, pero todo este conocimiento y experiencia acumulada no le impide sorprenderse frente a una fotografía o a una historia de la cotidianidad. En esta entrevista comparte sus opiniones sobre la educación en Venezuela, así como algunas de sus vivencias en este campo.

¿Por qué le gusta la educación?

Porque es un contacto privilegiado con el ser humano para ayudarle a crecer como persona. Al comienzo, el ser humano es muy indefinido, tiene muchas influencias familiares, ahora los medios; pero influencias positivas tiene pocas, entonces la educación puede ser una de ellas. La educación no significa simplemente transmitir conocimientos, esa es una de sus funciones, pero la educación es la vía para ver crecer a una persona y ver cómo va desarrollando sus cualidades y ver cómo se va aficionando y ver cómo se amplia su campo de interés y cómo va creciendo su conocimiento, eso realmente es una cosa muy bonita y muy privilegiada. Tiene además el aspecto religioso. Ayudarle a buscar una dimensión trascendente, una dimensión que dé sentido a su vida fuera de lo que es estrictamente necesario, como lo son los medios de subsistencia.

¿Cómo prepara sus clases?


Ahora estoy hablando como persona mayor que soy, no como muchacho. En aquel tiempo me daba miedo enfrentarme en el San Ignacio a muchachos, todos varones además, que en aquella época tenían 7 años menos que yo, ellos entre 16 y 17 y yo 24. Pero en aquel tiempo la disciplina era muy seria, los estudiantes me respetaban bastante. Ahora es muy distinto. Yo creo que los valores esos de los que hablamos, esa comunicación vital, ese querer transmitir un estilo de vida no se hace fundamentalmente de una manera explicita, sino que uno transmite lo que uno es, y eso ha valido siempre así. A propósito de los temas que puede haber en la carrera, uno expresa lo que es. Por ejemplo, ahora voy a volver a dar Historia de la Educación, que es el recorrido del pensamiento de muchos personajes en la historia. Empieza con Platón y Aristóteles, que aunque no son estrictamente educadores, son filósofos. A propósito de ellos, les voy a decir cuando llegue ese tema: `miren ustedes a Sócrates, un hombre de hace 2400 años, miren aquí tienen ustedes el Papel Literario de El Nacional de la semana pasada, casi todo el número dedicado a este tema´ y les leeré algunos párrafos. Entonces ¿qué significa eso? Es un intento de actualización, de hacerles ver que los valores eternos que llevan consigo estos autores griegos sirven ahora como servían entonces. Que lo importante es el estilo de persona, que ese hombre se suicidó, porque lo habían condenado como un pervertido, y el cumplió su sentencia a pesar de que no era culpable. Entonces yo me pregunto si ese no es un tema de actualidad. Vale la pena cuestionarse hoy el suicidio en algunos casos, o la eutanasia no habría que repensarla, reconsiderarla. Ahí entran temas de ética. Eso es lo que pasa con todo lo que significa la docencia cuando se vive como experiencia y como valor.

¿Cómo están saliendo los jóvenes del bachillerato a enfrentarse con el reto universitario?

Ha habido un deterioro de la expresión escrita en los últimos 20 años. Los jóvenes ahora se expresan mucho peor, no tanto oralmente, sino por escrito. El lenguaje escrito es un mundo muy alejado del joven y la expresión les resulta difícil en general, siempre hay excepciones, pero en general les resulta difícil. Por ejemplo, no se respetan las normas de puntuación, la ortografía es muy vacilante y la sintaxis es bastante floja. Lo atribuyo a que los muchachos no leen y la única manera de poder manejar la redacción escrita es haber estado empapado en muchas lecturas de autores buenos que muestran cómo se puede escribir. Cuando yo les digo el número de libros que tienen que leer, se quedan como diciendo: `este señor es un extraterrestre´.
Eso me lleva a preguntarle ¿cuántos libros ha leído en su carrera de docente?
Creo que más de 2 mil y pico. Últimamente estoy leyendo más que antes, hace treinta años leía menos, pero eso significa que el año en que leía menos leía por lo menos 30 o 40 libros.

¿Cuáles son las lecturas fundamentales para quienes estudian docencia?

Depende del tema. A mí me parece que los libros de historia de la Educación son los más importantes. Y más que libros diría autores, por ejemplo, Leonardo Carvajal es un autor que hay que leer, es uno de los que mejor enfocan la educación en Venezuela y acaba de publicar un libro “Mitos, realidad y Propuestas”. Otra es Mariano Herrera, que antes publicaba bastantes artículos y sus libros son buenos. Luego otros libros que me gustaría recomendar son los de José Antonio Marina, ese gran educador y filósofo español que tiene La inteligencia fracasada y un montón de libros muy interesantes. A veces les he mandado a leer a Fernando Savater. Estos no son libros de educación en el sentido que la gente entiende por educación, como si fuera metodología. Sí los hay también y hay gente que le gusta, en ellos se explica cómo se debe organizar el conocimiento, cómo se debe planificar, cómo se debe evaluar. Los conocimientos básicos que se adquieren de ese tema durante la carrera son suficientes y luego, para hacer una presentación en Power Point no hace falta leer un libro, eso es una actividad práctica. Ese tipo de libros que son más sociología y filosofía de la educación, esos son más bonitos.

¿Cuál es su opinión sobre cómo se está impartiendo la educación básica en Venezuela?

Hay un problema muy serio, no solamente en Venezuela, sino en general en el mundo, que como la educación formal es obligatoria y tiene que ser así, entonces se necesitan miles de maestros y son pocos entre ellos los que realmente están en la carrera por vocación. Allí hay una debilidad de la Educación, la cual es impartida por muchísimos docentes que no les gusta o que lo hacen porque no tienen más remedio. En cuanto pueden buscan una excusa para no ir o para no cumplir con su trabajo. Y como es una carrera que en opinión de muchos es sencilla y fácil, entonces ahí va a parar gente poco motivada para enseñar. Como consecuencia se crea un círculo, maestros que enseñan mal, alumnos poco motivados y que ven un ejemplo de incumplimiento en sus maestros. ¿Cuántos son de estos? posiblemente la mayoría, también hay muchos miles que se salvan. Esta realidad se suma a que la carrera es poco motivadora desde el punto de vista económico y que los presupuestos son bastante bajos. Entonces hay todo un conjunto de condiciones que hace que la educación quede en segundo, tercer o cuarto término socialmente. ¿Cómo se mejora eso? aumentando los sueldos de los maestros, que al menos debería ser el doble de lo que ahora ganan y luego de allí estimular el crecimiento de acuerdo al rendimiento.

Educación jesuita

¿Por qué la Compañía de Jesús se ha dedicado a la educación durante tanto tiempo?

Durante la primera época de la Compañía de Jesús, que fue desde su fundación en 1540 hasta su extinción en 1767, la educación jesuita fue fundamentalmente dirigida a las élites sociales, con la intención de que educando a los que van a dirigir la sociedad, entonces la sociedad se beneficiaría en su conjunto. La idea era buena, pero tiene el inconveniente de que entonces aunque en la Compañía la educación era gratuita, se sostenía no por la paga de los alumnos, sino por fundaciones, las haciendas y por otro tipo de sostenimiento de los colegios. Ese fue uno de los inconvenientes que llevaron a la Compañía a ser mal vista por las élites sociales nominalmente religiosas, por los Reyes Borbones, quienes fueron los que impulsaron la extinción de la Compañía. Cuando se retomó el trabajo de la Compañía en 1814 se siguió con ese mismo esquema de atención fundamentalmente a la élite. Poco a poco ha ido cambiando y ahora, sobre todo del tiempo del padre Arrupe, la Compañía ha ido orientándose hacia los sectores populares. Está dividida, como aquí en Venezuela, donde hay colegios tradicionales como el San Ignacio y el Loyola Gumilla; y están los de zonas populares como el Gonzaga de Maracaibo y todo el Movimiento Fe y Alegría, con el Padre Vélaz, que tomó esto muy en serio, adelantándose al menos 15 años a la reorientación de la Compañía, se adelantó incluso al Concilio Vaticano II. Lo que quiero decir es que los destinatarios han ido cambiando, por lo menos aquí en Venezuela y en Latinoamérica. Estos cambios nos lleva a hacernos preguntas fundamentales: si los colegios de la Compañía están dedicados a formar alumnos en la fe cristiana, ¿qué pasa cuando estás en un mundo religioso plural, y no solo plural, sino frente al agnosticismo y el ateísmo?, ¿hay que cambiar toda la orientación? No se puede suponer que el estudiante que te escucha sabe esas cosas. Cómo tampoco se puede dar por supuesto mucha formación religiosa que venía de la familia y que ya no viene.

¿Qué diferencia la educación de la Compañía de la que imparten otros colegios católicos?

Se diferencia en el intento de educar en función de la pedagogía ignaciana. Ahora bien, eso está más en el papel que en la realidad. Ha habido un esfuerzo muy interesante de muchos jesuitas por transmitir lo que significa la pedagogía ignaciana con sus cinco aspectos, pero luego eso no se aplica. Quizás puede haber alguna diferencia en el conocimiento propio de los santos, como lo puede haber con los salesianos, por ejemplo. En el Colegio San Ignacio del propio San Ignacio se habla poco. Hay una atención religiosa, pero diferencias así palpables no las veo, por lo menos en secundaria. En las universidades quizás es distinto, hay otro ambiente de orden, de respeto. Los egresados dicen que lo ignaciano los marcó para siempre, pero eso fue en el pasado, gente que se educó hace 20 o 30 años, cuando había más jesuitas tanto en la universidad como en los colegios. En Venezuela CERPE está haciendo un trabajo muy bueno para formar a los docentes en la pedagogía ignaciana de atención al alumno, de preocupación por él, de temas religiosos. De ese esfuerzo se logrará algo pero va a ser distinto el impacto, porque ya no hay jesuitas. Antes el profesor era jesuita y dedicaba tiempo a los alumnos, porque lo tenía, porque no tenía otras responsabilidades como la familia. Luego el enfoque, el jesuita recibe formación religiosa y espontáneamente le salía el conocimiento y la vivencia en esta materia. Esas son las diferencias que se irán viendo a lo largo del tiempo y que esta preparación de CERPE busca equilibrar un poco esas diferencias.

Educadores con compromiso…

… Sembradores de esperanza!

Extractos de la entrevista publicada en: 

http://www.jesuitasvenezuela.com

3 thoughts on “Entrevistas

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